William Morris

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  WILLIAM MORRIS Y LA CRITICA A LA SOCIEDAD INDUSTRIAL: Una síntesis singular de radicalismo romántico y marxismo Irene Martínez Sahuquillo . Universidad de Salamanca . De entre todos los espíritus utópicos del siglo XIX inglés, entregados en cuerpo y alma a una lucha denodada e implacable contra los males de la civilización industrial, William Morris, poeta épico, diseñador-artesano, agitador político y pensador social, es, probablemente, el hombre que mejor representa la conciliación de dos pu
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  ..  WILLIAM MORRIS Y LA CRITICA  A LA SOCIEDAD INDUSTRIAL:Una síntesis singular de radicalismoromántico y marxismo Irene Martínez Sahuquillo Universidad de Salamanca De entre todos los espíritus utópicos del siglo  XIX  inglés, entregados encuerpo y alma a una lucha denodada e implacable contra los males de la civili-zación industrial, William Morris, poeta épico, diseñador-artesano, agitadorpolítico y pensador social, es, probablemente, el hombre que mejor representala conciliación de dos puntos de vista no siempre coincidentes pese a su ciertogrado de parentesco: por un lado, la crítica romántica a la sociedad moderna,que realizaba al mismo tiempo una condena estética a un mundo feo y degra-dado y una condena moral a un tipo de asociación humana materialista, basa-da en el vínculo monetario; por otro, la crítica marxista al sistema capitalista,centrada, sobre todo, en el análisis de los mecanismos económicos y las relacio-nes de dominación cimentadoras de la sociedad industrial.Para unos, generalmente artistas, el mal consistía en una enfermedad espi-ritual que se había apoderado de los hombres y que había cristalizado en unsistema, el «industrialismo» o «comercialismo», al que calificaban de «materia-lista» o «mecánico»: como dicho sistema tenía su srcen en una enfermedadespiritual, la lucha contra él debía hacerse prioritariamente con medios espiri-tuales, tales como el cultivo personal, la actividad artística, la religión, la crea-ción de lazos humanos comunitarios (como en la Gemeinschaft  de Tönnies),etcétera, si bien se defendían también medidas de tipo económico, como larecuperación de técnicas artesanales o la organización gremial: John Ruskin,uno de sus profetas, llegó a crear una fundación llamada significativamente el 66/94 pp. 171-180  gremio de San Jorge, siendo en este caso el dragón la sociedad industrialcapitalista.Es evidente que esta crítica estaba teñida de una gran dosis de nostalgiaromántica de un pasado mejor, al menos mejor para el espíritu, y que su pers-pectiva era idealista en el sentido de que localizaba la «cuestión social» en elterreno de los valores estéticos y morales, soslayando toda consideración de losfactores económicos y políticos que constituían la base de la sociedad indus-trial o, cuando sí se tenían en cuenta, considerándolos como efecto, que nocausa, de esa enfermedad espiritual.Para otros, generalmente líderes marxistas del movimiento obrero —enGran Bretaña un grupo minoritario, ya que lo que predominaba era el talantereformista y fabiano—, el centro de sus ataques era un sistema económico lla-mado capitalismo y tildado de injusto o explotador, sistema gobernado poruna clase social específica que se beneficiaba en exclusiva de éste, la burguesía,y el cual se podía combatir por medios políticos: la concienciación de la claseobrera, la organización de ésta en un partido político y la revolución. La pers-pectiva de estos últimos era materialista, puesto que convertían en causa de losmales (esto es, la injusticia, la alienación, la explotación, y no la fealdad o elmaterialismo) a los factores socioeconómicos, a las relaciones de producción.Si la crítica de los primeros se orientaba hacia valores estéticos y espiritua-les era porque se identificaban con su papel como artistas, como creadores dedichos valores. En cambio, los segundos, productores a la vez de conocimien-tos y de una ideología revolucionaria, se identificaban con un rol muy distinto:el de intelectual y activista político. Sin embargo, ambas clases de críticos,unos del industrialismo, otros del capitalismo, tenían algo en común: un radi-calismo que los apartaba de los reformistas, bien fueran liberales o «socialistasblandos», como Morris llamaba a los fabianos, y que les unía en un repudiosimilar de la política parlamentaria inglesa y, en general, de esa ideología pro-gresista, liberal, autocomplaciente e incipientemente tecnocrática, resumidapor Morris con la expresión The whig frame of mind  , que viene caracterizandoel pensamiento de aquellos grupos que están seguros de beneficiarse del «pro-greso» y que ponen su empeño en convencer a los demás grupos de que esebeneficio se extenderá también a ellos y redundará en el «bien común».Por otra parte, hay que tener en cuenta que en la época que consideramos—segunda mitad del siglo  XIX  — el proceso descrito por Weber de desencade-namiento del mundo no había llegado a calar tanto y con tanta extensióncomo en nuestro siglo, lo que explica que tanto los críticos románticos comolos marxistas compartieran una misma fe apocalíptica en el fin del odiado sis-tema y, por tanto, en el fin de la miseria y degradación humanas. La visión deun mundo mejor, un exaltado espíritu utópico, así como un fuerte impulsoredentorista, constituían los elementos comunes de dos ideologías que partíande perspectivas tan distintas, pero que tenían un enemigo común: la economíade mercado, de laissez-faire, y su ideología: el liberalismo. William Morris, autor de una utopía romántico-comunista: Noticias de  IRENE MARTINEZ SAHUQUILLO 172 ..  Ninguna Parte, desgraciadamente la única obra conocida en España, consiguióhermanar, como he señalado, las dos concepciones mencionadas, logrando unapeculiar simbiosis de dos visiones utópicas: la visión de una sociedad medievalidealizada y la visión de la sociedad sin clases del futuro preconizada por Marx.Para comprender la conversión de este artista y pensador heterodoxo, ligadodurante años al movimiento prerrafaelista de Dante Gabriel Rossetti, convieneconocer algunos datos significativos de su biografía artística e intelectual.Morris nació en 1834 en Walthamstow, una pequeña localidad al norte deLondres situada al borde de un frondoso bosque: Epping Forest. Hijo único deun próspero hombre de negocios, vivió una infancia dichosa rodeado de unpaisaje virgen que serviría de marco ideal para recrear en la imaginación elmundo heroico del que hablaban las leyendas medievales, el género «romance»(que equivale en España a las novelas de caballerías) que tanto inspiró al jovenMorris y que más tarde cultivaría como poeta épico. Calado de romanticismo,Morris decidió estudiar arquitectura en pleno auge del renacimiento gótico;luego, influido por su gran amigo el pintor Burne-Jones, se inclinaría hacia lapintura y, por último, terminaría consagrándose a la poesía (años cincuenta enadelante) y a la producción artesanal de artículos decorativos, lo que él deno-minó «artes menores». En esa época de estudiante en Oxford, Morris se intere-só vivamente por la historia medieval y leyó fervientemente a Carlyle y Ruskin,los dos críticos victorianos que más influyeron sobre él y cuya aportación a lacrítica romántica de la civilización industrial merece un comentario aparte.En efecto, Thomas Carlyle (1795-1881) puede considerarse el padre de lacorriente crítica radical que, en el siglo  XIX  inglés —e incluso en las primerasdécadas de este siglo—, arremetió contra las lacras de la sociedad moderna coninusitada violencia dialéctica. Aunque dicha corriente era una corrienteminoritaria —lo que predominaba en la época era la fe positivista en el progre-so o la evolución, según el énfasis, y en la ciencia—, ésta alzó su voz discordan-te y se hizo oír, especialmente en los círculos artísticos, lógicamente más recep-tivos a ese tipo de crítica total y sin concesiones utilitaristas. De este modo,Carlyle fue recibido entusiásticamente por Morris y otros jóvenes que, comoesa figura patriarcal con aires de Antiguo Testamento, estaban en pie de guerracontra los valores utilitaristas de la época —contra Mammon y la Máquina, losdos dioses de la civilización moderna según su visión romántica— y que parti-cipaban en una misma «cruzada y guerra santa contra la época» 1 .Carlyle fue el primero en caracterizar la edad moderna como la EdadMecánica con mayúscula y en utilizar la dicotomía orgánico-mecánico paracontraponer la sociedad tradicional a la moderna, que tan popular se haríaentre muchos pensadores críticos. Asimismo, expresó el sentir de los artistasnostálgicos al sentenciar que los hombres se habían vuelto «mecánicos» en la  WILLIAM MORRIS Y LA CRITICA A LA SOCIEDAD INDUSTRIAL 173 .. 1 Objetivo de la Hermandad Prerrafaelista, según Burne-Jones, citado por E. P. T HOMPSON , William Morris: de romántico a revolucionario, Valencia, Edicions Alfons el Magnànim, 1988,p. 32.  cabeza y el corazón 2 , diagnóstico que también gozaría de una gran difusión.Morris coincidía con Carlyle en la convicción de que se había perdido el senti-do de lo auténtico y lo falso, de que la edad moderna se caracterizaba por el Apogeo de la Impostura 3 . Además, compartía la idea, tanto de Carlyle como deRuskin, de que el trabajo es sagrado y sentía la misma repugnancia del escritorprofético ante la reducción capitalista de todos los valores a valores monetarios.Sin embargo, mientras que Carlyle era partidario de la vuelta a una sociedad jerárquicamente organizada de acuerdo con criterios aristocráticos, Morris teníaun espíritu mucho más igualitario y generoso que se traduciría, en los añosochenta, en un apasionado compromiso político del lado de los oprimidos.Fue, no obstante, John Ruskin (1819-1900), el gran crítico victorianoautor de La Naturaleza del Gótico y  Las Piedras de Venecia, un espíritu románti-co que se identificaba a sí mismo con Don Quijote y San Jorge, la figura quemás influyó sobre Morris. Este escritor quijotesco era, desde luego, uno de losrepresentantes más significativos y de mayor resonancia de esa cruzada del artecontra el capitalismo que constituyó una «contracultura» en la Inglaterra victo-riana. Ruskin, uno de los hombres que más contribuyeron a revalorizar el góti-co y a defender los valores espirituales que inspiraron ese arte, pensaba que lascondiciones de trabajo en la sociedad moderna convertían la actividad laboralen algo degradante e impedían que el trabajador experimentase placer en sutrabajo y pudiera, así, crear cosas bellas. Por eso su religión del arte se comple-mentaba con una crítica radical al capitalismo industrial, fundamentalmente asu ética de la codicia y a su lógica puramente cuantitativa, frente a la cualdefendía una concepción cualitativa de valor según la cual tener valor significa«ser valioso para la vida» 4 .La filosofía de Ruskin en relación con el arte era que cualquier hombre esportador de un instinto artístico que, dadas unas condiciones favorables, seexpresará en un arte popular como el que adorna las catedrales góticas. Sudeseo de que cesara la deshonra del trabajo manual y la perniciosa divisiónentre trabajo manual e intelectual, entre mente creadora y mano que ejecuta,fue escuchado por Morris, el cual encarnó el ideal ruskiniano de trabajadorcompleto que concibe, diseña y fabrica un producto hasta el final. Morriscompartía también el ideal de vida austera y rica en valores espirituales predi-cado por Ruskin, al igual que, en términos generales, su diagnóstico de losmales de la civilización industrial, pero no creía que un hombre solo pudieraacabar con el «dragón». Precisamente porque quería ir más lejos que aquelloscríticos pesimistas que se regodeaban en un patético lamento contra el mundomoderno sin elaborar alternativas viables y porque no quería convertirse, comoellos, en un mero detractor lúgubre del progreso, Morris evolucionaría desdesu esteticismo romántico inicial hasta un compromiso social pleno. IRENE MARTINEZ SAHUQUILLO 174 .. 2 T. C  ARLYLE , Selected Writings, Hammondsworth, Penguin, 1971, pp. 64 y 67. 3 Ib., p. 183. 4 E. P. T HOMPSON , op. cit., p. 61.
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