Tercer Milagro de Jesus

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  Y hay en Jerusalén un estanque, llamado en hebreo Betesda... Empecemos por notar que la primera parte de los incidentes relatados eneste pasaje tuvieron lugar en un estanque llamado Betesda, que tenía a sualrededor cinco prticos en los que se cobijaban una multitud de en!ermos,ciegos, cojos y paralíticos. al ve# Jes$s !ue hasta allí intentando salir delambiente as!i%iante que había en el templo. &orque como ya vimos, la !ormaen la que los sacerdotes habían convertido la casa de su &adre en una casade mercado, le desagradaba en lo m's pro!undo de su alma. ( ellos, lo $nicoque les importaba eran los sustanciosos bene!icios econmicos que obteníande los israelitas que iban a la !iesta, aunque por supuesto, esto intentabanocultarlo bajo una capa de religiosidad e%terna. )*ué tenía Jes$s en com$ncon aquellos que recibían gloria los unos de los otros, y no buscaban la gloriaque viene de +ios -Jn /001. )2mo podía el 3e4or sentirse cmodo conaquellos que escudri4aban y cribaban la ley en la esperan#a de que, con unan'lisis sutil de cada una de sus letras y partículas, serían poseedores de lavida eterna Estaban totalmente alejados de la verdad, y en sus intentoselaborados de mostrar m's ingenio que sus rivales, recha#aban al 5esíasenviado por +ios. Bas'ndose slo en la lectura e%terior habían dejado de vertodas las lecciones de su milagrosa historia. 3e habían pervertido y jugabancon las cosas sagradas, mientras que a su alrededor había hombres quesu!rían y perecían, e%tendiendo sus manos secas y parali#adas sin que susgemidos y lamentos !ueran escuchados por ellos.Estos sacerdotes habían convertido la religin en un negocio muy prspero,en el que no tenían cabida el tipo de personas que se reunían alrededor delestanque de Betesda. Ellos ni escuchaban, ni tampoco les importaban susgemidos angustiados. 2omo mucho, qui#' aliviarían sus concienciasllev'ndoles de ve# en cuando alguna limosna.&ero aunque los líderes religiosos ignoraran sus necesidades espirituales,siempre estaban presentes en el cora#n de Jes$s. (sí que el 3e4or seapart del templo para interesarse por aquella multitud de en!ermos. +eesta manera vemos la preocupacin constante de Jes$s por buscar a losperdidos allí donde éstos se encontraran. Y si ellos no tenían acceso altemplo, el 3e4or iría a buscarlos allí donde estuvieran. 6o había otra manerade llevar salvacin a aquella multitud ignorante que su!ría el abandonoespiritual de las clases religiosas. Yacía una multitud de en!ermos que esperaba el movimiento del agua Juan nos detalla la creencia popular que había surgido en relacin con elestanque de Betesda y que sirve para e%plicar el porqué había tantosen!ermos reunidos a su alrededor/ &orque un 'ngel descendía de tiempo en  tiempo al estanque, y agitaba el agua7 y el que primero descendía alestanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquieren!ermedad que tuviese .6o debemos pensar que esta creencia !uera cierta, o al menos no hay nadaen el te%to que nos haga pensar que el evangelista la apoye. 8l incluye estae%plicacin para dar sentido al pasaje, porque esto era lo que creía elparalítico al que san Jes$s, y otros muchos que estaban allí en unasituacin parecida.En cualquier caso, esta creencia no tiene nada que ver con el car'cter de+ios. 3i lo pensamos bien, el 'ngel que descendía de tiempo en tiempo alestanque era bastante cruel, porque aunque venía a sanarlos, los hacíaesperar inde!inidamente, para llegado el momento, obligarlos a luchar contodas sus di!icultades para llegar al estanque antes que los otros. &odemosimaginarnos el patético espect'culo cuando por alguna ra#n comen#ara amoverse el agua. +e repente, aquella multitud de ciegos, cojos y paralíticosestarían luchando entre ellos, arrastr'ndose como pudieran, golpe'ndoseunos contra otros en un es!uer#o desesperado por ser los primeros en llegaral agua. &or supuesto, no encontramos nada parecido en la !orma en la queel 3e4or san a todos los en!ermos que le !ueron presentados. Y de hecho,cuando el 3e4or san al paralítico no hi#o ning$n uso de este estanque.( la vista de esto, surge de modo natural la pregunta de si habían ocurridorealmente milagros en aquel estanque que hubieran servido para darcontinuidad a esta creencia. Y nos preguntamos esto, porque también en laactualidad sigue habiendo muchos lugares de peregrinacin donde acudenconstantemente en!ermos con la esperan#a de ser sanados por alguna virgeno santo. Y aunque la atencin de nuestro pasaje no se centra en estacuestin, podemos decir que no sería de e%tra4ar que se hubieran producidocuraciones en algunas circunstancias, de hecho es di!ícil negarlo después dehaber leído los relatos de peregrinaciones a lugares de curas milagrosas.&ero como en este caso, es imposible a!irmar que los milagros seanproducidos por +ios. 9o que es evidente es que la mayoría de las curacionesque se producen en estos lugares tienen que ver especialmente con aquelloscasos de en!ermedades que tienen su srcen en el sistema nervioso, y queuna !uerte sugestin, como la que el en!ermo siente al encontrarse en unambiente así, puede producir una sanidad de este tipo. Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho a4os que estaba en!ermo En cualquier caso, lo que el 3e4or se encontr en aquel estanque deBetesda, era una triste e%hibicin de la miseria humana, tanto del cuerpocomo del alma.  :asta cierto punto podemos comprender los sentimientos que tuvieron quehaber agitado el cora#n de Jes$s a la vista de esta multitud de en!ermos.;2u'nto ha da4ado el pecado la imagen de +ios en el hombre<&ero entre todos los en!ermos había uno por el que Jes$s se interes demanera especial. 3e trataba de un hombre que hacía treinta y ocho a4os queestaba su!riendo mientras esperaba una sanidad que nunca llegaba. Bienpodríamos decir que era un caso e%tremo entre toda aquella multitud. Ycomo vamos a ver a continuacin, después de tanto esperar, y viéndose cadave# m's viejo e incapacitado, el hombre había llegado a perder todaesperan#a de ser sanado. )*uieres ser sano 2uando Jes$s inici la conversacin con él, lo primero que le dijo nos puedeparecer algo ridículo/ )*uieres ser sano . &ero nunca hay nada absurdo enlo que el 3e4or hace. +e hecho, el 3e4or estaba abordando el problema ensu misma raí#. &orque aunque nos pueda parecer e%tra4o, hay muchaspersonas que est'n en!ermas y pre!ieren continuar en su estado, ya que ésteles atrae la simpatía, lastima y la ayuda de otros.Esto se percibe con total claridad cuando re!le%ionamos acerca del estadoespiritual del hombre. )2u'ntos hay que a pesar de tantos !racasos en lavida, no quieren acudir a +ios en busca de una solucin a su situacin =ivensin poder escapar de su dilema personal, de los problemas y el vacío de sualma, y sin embargo se niegan a ser sanados moral y espiritualmente. (pesar de que se sienten totalmente insatis!echos con su situacin, pre!ierenresignarse como e%cusa para no hacer nada y así seguir viviendo de lamisma manera que les causa sus problemas.&or lo tanto, la pregunta con la que Jes$s inici la conversacin tenía comopropsito que aquel hombre mani!estara que realmente quería ser sanado. 6o tengo quién me meta en el estanque 9a respuesta del paralítico puso de relieve su !rustracin. :abía perdido todaesperan#a de ser sanado, y le e%plica al 3e4or todos los problemas queencontraba para llegar a la $nica solucin que él conocía.6o es de e%tra4ar su desanimo. +espués de tantos a4os de perseverar sindescanso en lo que no solucionaba su problema, había llegado a darse porvencido. &ero lo m's grave de su estado era que cuando Jes$s se presentante él, su !rustracin le impedía darse cuenta de que tenía delante de sí laverdadera solucin a su situacin.&or otro lado, también aprovech la ocasin para dar rienda suelta a suamargura y culpar a otros por su !alta de interés y solidaridad para ayudarlea llegar al estanque cuando el agua se agitaba. Esta !alta de amigos o  !amiliares que se mostraran dispuestos a ayudarle, aun nos hace sentir m'ssimpatía por este paralítico. &ero lo cierto es que así somos los sereshumanos. Y esto se mani!iesta con mayor crude#a cuando lo que est' en juego son nuestros propios intereses personales, en esos casos ocurre comoen aquel estanque de Betesda, donde la $nica regla que parecía aplicarse esla de que cada uno peleara por lo suyo sin importarle nada m's.En realidad, tal como aquí se nos presenta a este hombre, podemos decirque es un símbolo de la impotencia espiritual de todos los hombres. &orquelo recono#camos o no, todos nosotros somos totalmente incapaces deayudarnos a nosotros mismos para cambiar las graves consecuencias que elpecado ha traído sobre nosotros. En lo pro!undo de nuestro ser sentimos elvacío, la ruina y el !racaso en nuestra lucha por lograr agradar a +ios conacciones que sean dignas de él. Y muchas veces gastamos la vida con!iandoen personas y cosas que nunca llegan a aportarnos ninguna solucin.(sí pues, !rente a nuestra propia debilidad y la incapacidad de otros paraayudarnos, 2risto se interesa por nosotros y viene a dar su vida pornosotros. &ablo lo resumi de esta !orma tan hermosa/->o /?@A1  &orque 2risto, cuando a$n éramos débiles, a su tiempo muripor los impíos. 2iertamente, apenas morir' alguno por un justo7 con todo,pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. 5as +ios muestra su amorpara con nosotros, en que siendo a$n pecadores, 2risto muri por nosotros. Jes$s le dijo/ 9ev'ntate, toma tu lecho, y anda Jes$s se dirigi al paralítico para mostrarle que, a pesar de tantos !racasos,no todo estaba perdido, porque él mismo tenía m's poder que ning$n 'ngelo que cualquier agua milagrosa y era capa# de sanarlo con una sola palabra.+e esta manera Jes$s se presento ante el paralítico como el amigo que todosnosotros necesitamos y que muchas veces hemos echado de menos. 8lsiempre se ha interesado por nuestros problemas, hasta el punto de hacerlossuyos, y nunca desatiende ni desprecia a nadie que se acerca a él.(hora bien, es muy probable que cuando el inv'lido vio que Jes$s seinteresaba por él, parece que pens que ese !orastero estaría dispuesto aayudarle a llegar a tiempo al estanque la pr%ima ve# que las aguas seagitaran. &ero qué sorpresa recibi cuando el 5édico celestial , sinnecesidad de aquel estante o de una intervencin angélica, le dirigi aquellaspalabras inolvidables que le devolvieron una sanidad completa e inmediata.(un así, el paralítico tenía que hacer algo para ser sanado. B'sicamentetenía que con!iar en Jes$s. ijémonos que en una sola !rase el 3e4or lemand tres cosas que eran completamente imposibles para un paralítico/ 9ev'ntate, toma tu lecho y anda . ):aría caso a este !orastero, que adem'sde ser un desconocido para él, le pretendía sanar de una !orma que él no
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