Sobre la persona y la obra del Prof. Dr. ALBERTO BALIL ILLANA (1928-1989)

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Pedro RODRÍGUEZ OLIVA Sobre la persona y la obra del Prof. Dr. ALBERTO BALIL ILLANA (1928-1989) Textos publicados originalmente en P. RODRIGUEZ OLIVA, "Necrológica. Alberto Balil Illana (1928-1989)", Mainake, XI, 1990, pp. 285-287. P. RODRIGUEZ OLIVA, "Semblanza del Profesor Alberto Balil (1928-1989)" en AAVV., Estudios dedicados a Alberto Balil in memoriam, Universidad de Málaga, Málaga, 1993, pp. 7-44. P. RODRIGUEZ OLIVA, “Balil Illana, Alberto” en Diccionario Biográfico Español, vol. VI ("Asuero Sáenz de Cenzano" a "Barco y Gasca"), Madrid, Real Academia de la Historia, 2010, pp. 634-635. Baelo Claudia, Tarifa (Cádiz), noviembre de 1987 Semblanza del profesor Alberto Balil Illana (1928-1989) Pedro Rodríguez Oliva Antigua: Historia y Arqueología de las civilizaciones [Web] P ágina mantenida por el T aller Digital © Pedro Rodríguez Oliva © De la versión digital, Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia [Otra edición en: Estudios dedicados a Alberto Balil in memoriam, Málaga, Universidad, 1993, 7-15. Versión digital por cortesía del autor y bajo su supervisión]. © Pedro Rodríguez Oliva © De la versión digital, Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia Semblanza del Profesor Alberto Balil Illana (1928-1989) Pedro Rodríguez Oliva « ... qué queda?: unos míseros despojos, tu nombre en la losa fría y el llanto de nuestros ojos.» [-7→] Algo así reza el versificado epitafio que, con sentido dolor, unos desconsolados padres hicieron escribir sobre la lápida que, en el viejo cementerio de un pueblo malagueño, cubre la tumba de una joven muerta en la flor de su vida. Señalan esas estrofas, con popular sabiduría, lo poco que suele quedar, tras la muerte, de quienes pasaron por esta vida. A esa escasa herencia terrena, común a todos los humanos, en el caso de Alberto Balil, fallecido en Valladolid, el 23 de agosto de 1989, hay que unir, también, otra riquísima de vivos recuerdos de su hombría de bien, de sus cualidades humanas, de su ejemplar sentido de la amistad y de sus virtudes de verdadero universitario. Y, junto a todo ello, además, su obra científica, sus centenares de densos trabajos 1 , riquísimos en datos, en aciertos y en ideas que, sin la menor duda, serán, todavía por muchos años, obligado punto de referencia y orientación segura en la investigación de parcelas muy varias del Mundo Clásico. Aún así, a quienes tuvimos el privilegio de ser honrados con su amistad, todo ello, empero, no es suficiente consuelo para lamentar su irreparable pérdida, ni lejanamente suple el vacío que entre nosotros deja la falta de su persona. [-7→8-] Amigos, discípulos, instituciones, han rendido a su memoria diversos y merecidos homenajes 2 . Quienes desde la Universidad de Málaga, compartimos su amistad y dis1 Su bibliografía se ha publicado en BSAA, LVI, 1990, pp. 7-24 y en Finis Terrae. Estudios en lembranza do Prof. Dr. Alberto Balil, Santiago de Compostela, 1992, pp. 15-49. Aquí, con una distinta ordenación, la actualizamos con los trabajos aparecidos tras su muerte. 2 La noticia del fallecimiento del Profesor Balil apareció en la Revista de Arqueología, 102, octubre 1989, p.65. Han sido muchas las muestras del sentimiento que su muerte ha causado en la comunidad científica. A las expresadas por las Academias y sociedades histórico-arqueológicas, nacionales y extranjeras, de las que el Dr. Balil era miembro, hay que unir las que siguen: La Universidad de Santiago de Compostela le dedicó, el 18 de octubre de 1989, un solemne acto académico en el que hicieron uso de la palabra D. Felipe Arias Vilas y los catedráticos de Arqueología, profesores Abásolo Álvarez y Acuña Castroviejo. Ese mismo día, El Correo Gallego publicaba una semblanza del Dr. Balil escrita por su discípulo, el Profesor Fernando Acuña. El 7 de noviembre de 1989, Xosé Ignacio Fernández de Viana y Vieites publicaba un sentido artículo, lleno de recuerdos sobre la estancia de Balil en Santiago, en El Correo Gallego, p. 31. El Dr. Fernández-Galiano organizó en Guadalajara, los días 27 y 28 de abril de 1990, como homenaje a Balil, un coloquio sobre iconografía en los mosaicos romanos, que ha aparecido publicado con el título Mosaicos romanos. Estudios sobre iconografía-Actas del Homenaje in Memoriam de Alberto Balil Illana que tuvo lugar en el Museo de Guadalajara los días 27 y 28 de abril de 1990, Guadalajara, 1990. Sus colegas, amigos y discípulos de la Universidad de Valladolid han dedicado un «Homenaje al Profesor Balil» en BSAA, LVI, 1990. La Universidad de Santiago de Compostela ha editado el libro Finis Terrae. Estudios en lembranza do Prof. Dr. Alberto Balil, San Pedro Rodríguez Oliva: Semblanza del Profesor Alberto Balil Illana (1928-1989) © Pedro Rodríguez Oliva © De la versión digital, Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia 2 frutamos de su ejemplar magisterio científico y humano, hemos querido, asimismo, dedicarle estos sencillos Estudios, que se enriquecen con unas páginas, como siempre magistrales, escritas por él, hace ya bastantes años, y que, por circunstancias diversas, habían permanecido, hasta este momento, inéditas. Con estos trabajos, sus compañeros y amigos malagueños queremos ofrecer un homenaje in memoriam a su persona y su obra. El Profesor Doctor Don Alberto Balil Illana mantuvo muy estrechas relaciones con el grupo de estudiosos de la Arqueología Clásica de Málaga y su presencia aquí, a lo largo de los últimos tres lustros, participando en conferencias, en reuniones y en actos diversos, fue muy repetida. Como en tantos otros lugares, Balil ha dejado en Málaga un imborrable recuerdo de su gran calidad humana y de su enorme valía como investigador del Mundo Antiguo 3 . [-8→9-] Exceptuando algunas ocasiones mas recientes en las que, por las mismas fechas, había viajado a tierras inglesas, durante los últimos quince años, además, se había hecho usual que compartiésemos con Alberto Balil y su familia, la temporada veraniega en la costa oriental de la provincia de Málaga. Fue, primero, en Nerja; mas tarde, en Torrox. En ese último lugar pensábamos, una vez mas, disfrutar ese verano de sus cultas conversaciones, largas y llenas de sabiduría e ingenio. Nos habíamos visto en varias ocasiones en los últimos meses. Había estado en Málaga; coincidimos en Madrid, un par de veces. Una debió ser en el comité español de la Tabula Imperii Romani, del que era presidente 4 ; la última que recuerdo, fue en una tiago de Compostela, 1992. Con motivo de su presentación, se celebró un acto de homenaje al que fue querido profesor de aquella Universidad gallega, y al que asistieron –como en la primera ocasión– junto a la Sra. Viuda del Dr. Balil, Doña Josefa de Luxán Vergara, sus compañeros de claustro, amigos y discípulos. En el acto, que tuvo lugar el 18 de febrero de 1993, intervinieron el Profesor Ramón Villares, Rector Magnífico de la Universidad, el Profesor Fernando Acuña Castroviejo, Catedrático de Arqueología, el Profesor Antonio Sobrado, Director del Servicio de Publicaciones y el autor de estas notas. A su memoria se han dedicado, asimismo, algunos libros (M.A. Gutiérrez Behemerid, Capiteles romanos de la Península Ibérica, Valladolid, 1992; B. Mora Serrano, Estudio de moneda hammudi en Málaga. El hallazgo de dirhames de Ardales, Málaga, 1993) y artículos (P. Rodríguez Oliva, «Documentos del culto a Marte en las localidades antiguas de Osqua y Cartima», Mainake, XI-XII, 19891990, pp. 181 ss.); F. Fariña Busto, «Dos notas a propósito de Castromao (Celanova, Ourense)», Cuad. Est. Gall., XXXIV-104, 1991, pp. 57 ss. J.M. Alonso Núñez, «In memoriam. Alberto Balil Illana (1928-1989)», Estudios Clásicos, XXXI, 96, 1989, pp. 188-189; J.J. Martín González, «Necrología. In memoriam Alberto Balil Illana (1928-1989)», BSAA., LV, 1989, pp. 531-533; D. F(ernández)G(aliano), «Alberto Balil», Mosaicos romanos. Estudios sobre iconografía..., pp. 5-7; J. Arce, «Alberto Balil (1928-1989)», AEspA, 62, 1989, pp. 3-4; F. A(cuña) C(astroviejo), «Necroloxias. Alberto Balil Illana (1929-1989)», Gallaecia, 12, 1990, pp. 395-396; P. Rodríguez Oliva, «Necrológica: Alberto Balil Illana (1928-1989)», Mainake, XI-XII, 1989-1990, pp. 285-287; F. Acuña Castroviejo, «Prólogo á Edición», Finis Terrae. Estudios en lembranza do Prof. Dr .Alberto Balil, p. 9; F. Acuña Castroviejo, «Biobibliografía de Alberto Balil», Finis Terrae..., pp. 11-14; J.L. Jiménez, «Alberto Balil Illana. In memoriam», I Coloquio de pintura mural romana en España, Valencia, 1992. p. 11. 3 En sus estudios dedicó atención a algunos documentos arqueológicos de la región. Siempre estuvo interesado en las uillae de esta zona, de ahí sus muchas referencias a la uilla del Faro de Torrox, en cuyas últimas excavaciones participó. Sus publicaciones llegaron también a revistas de Málaga. En Jábega publicó sus interesantes trabajos sobre la Urania Loring (núm. 11, 1975) y el Mosaico de los trabajos de Hércules de Cártama (núm 20, 1977). En Baetica (núms. 6 y 7, 1983 y 1984) dio a conocer sus interpretaciones sobre el bodegón que aparece en uno de los mosaicos de la uilla de Río Verde (Marbella). En Arqueología de Andalucía Oriental: Siete estudios (Málaga, 1981) publicó el mosaico de Cártama con el tema de Afrodita en la concha. Este último estudio y el del mosaico de los trabajos de Hércules de la misma localidad, se reprodujeron en el libro Cártama en su Historia (1985). 4 La Hoja K-29: Porto, Madrid, 1991, está dedicada in memoriam Antonio Tovar y Alberto Balil, los dos presidentes fallecidos durante la nueva etapa de incorporación de la ciencia española a este proyecto internacional. Pedro Rodríguez Oliva: Semblanza del Profesor Alberto Balil Illana (1928-1989) © Pedro Rodríguez Oliva © De la versión digital, Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia 3 de las reuniones preparatorias de la exposición sobre Bronces romanos de Hispania 5 , a cuyo comité científico también pertenecía, y cuya celebración, como el congreso internacional del mismo tema o el de Arqueología Clásica que había de tener lugar en Tarragona, esperaba con verdadera ilusión. Aquél final de curso de 1989, como en tantos otros estíos, aguardábamos el anual retorno a Málaga de Alberto Balil; pero esta vez, a poco de confirmarnos el día previsto para su llegada, una noticia telefónica fue el anuncio de la causa cruel que truncaría, para siempre, nuestro común verano malagueño. Iniciándose el mes de agosto, vi, por última vez, a Alberto Balil en el Hospital Clínico de Barcelona. Ni los estragos que la fatal enfermedad ya hacían en su cuerpo, fueron capaces de mermar su enorme sentido del humor, ni la grandeza de su espíritu culto. Rememoramos allí, juntos, muchas cosas; como siempre, no faltó ni la chispa, ni la información científica, ni el recuerdo de anécdotas geniales. [-9→10-] Viajamos aquellos días por el Mediterráneo. Al volver a Barcelona las noticias que me dieron sobre su salud no podían ser peores. Sin esperanza de recuperación había vuelto, pocos días antes, a Valladolid. Hablé por el teléfono con él. El tono de su voz era diagnóstico infalible. Dos días antes de su muerte me llamó a casa. Era, sin duda, una despedida. Su queja, la única, residía en la imposibilidad que tenía en esos momentos para seguir trabajando y escribiendo; y se quejaba de ello con insistencia El testamento científico que me trasmitía con este su ejemplo tremendo, no podía ser mas explícito. No extraña, pues, que de las muchas virtudes de Balil se hayan destacado su entrega al trabajo y sus cualidades de universitario. El Profesor Martín González, que tantos años convivió con él en la Universidad de Valladolid, así lo ha hecho constar: «Con la desaparición del Profesor Balil la Universidad española pierde uno de sss auténticos valores. Un Profesor universitario es una suma de elementos, que se dieron armónica cita en él. Espíritu infatigable, no concedió tregua a la pluma, ni regateó ayuda a los que requerían su dirección. Su tiempo universitario era total. La palabra en la cátedra, el consejo en el Departamento; viajes incesantes... » 6 . La noche del 23 de agosto, volviendo de Torrox acompañados de su hija, conocimos la amarga noticia de su muerte. Al día siguiente, junto a su esposa y sus familiares, muchos amigos y compañeros, dimos el último adiós, en el cementerio de Valladolid, al maestro inolvidable. * * * 5 Esa es la ocasión que rememora Dimas Fernández-Galiano en sus recuerdos de Balil: «...nuestra despedida. Fue el trece de junio; lo recuerdo bien, porque ese día era martes y en nuestro país—no en el de nuestras ensoñaciones, sino en el de la vigilia— ese día es considerado nefasto. Ambos teníamos, él en Madrid, yo en Guadalajara, una mañana atareada. Acordamos vernos a la hora de comer, en el Consejo; complicaciones imprevistas me retuvieron y una llamada de última hora no logró dar con él para avisarle. Cuando llegué a la capital, en medio del denso tráfico y del calor de la tarde—serían cerca de las cuatro—me dirigí mecánicamente al lugar de nuestra cita, ya sin esperanza de encontrarlo. Cuando le vi en la distancia, ya se alejaba; luego, en un tranquilo restaurante del casco viejo, reanudamos las conversaciones de otras veces y nuestro diálogo se perdió en idénticas divagaciones; como en tantas ocasiones, dejamos fluir el tiempo. Tomarnos café a media tarde; luego, lo llevé en coche a la estación: desde la acera alzó la mano en ademán de despedida, como tantas otras veces...capítulo de la historia que vivimos fue nuestra despedida en la estación; ambos ignorábamos que fuese definitiva y, de algún modo, también sabíamos que no lo era.» («Alberto Balil», Mosaicos romanos. Estudios sobre iconografía..., pp. 6-7). 6 J.J. Martín González, loc. cit., p. 533. Pedro Rodríguez Oliva: Semblanza del Profesor Alberto Balil Illana (1928-1989) © Pedro Rodríguez Oliva © De la versión digital, Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia 4 Alberto Balil Illana había nacido en Barcelona el 10 de julio de 1928. Realizó sus estudios primarios y secundarios en la Ciudad Condal y, después de haber superado algunos cursos de Medicina en la Universidad de Barcelona, pasó a estudiar Filosofía y Letras, cuya licenciatura, en la sección de Geografía e Historia, obtuvo, en 1955, en la Universidad de Zaragoza. Ganó, ese año, una beca para la Escuela Española de Historia y Arqueología de Roma y, en 1957, en la Universidad Complutense, alcanzó el grado de Doctor con una tesis sobre «La casa romana en España» que le había dirigido el Profesor Martín Almagro Basch. Su interés por la Arqueología, que le llevó a abandonar, contra la opinión familiar, la carrera universitaria que, entonces, cursaba con éxito, se había iniciado en los mismos comienzos de la década de los cincuenta. Sus contactos con las actividades que, por entonces, desarrollaba Almagro Basch en Cataluña, fundamentalmente al frente del Museo Arqueológico de Barcelona y en las excavaciones de Ampurias, fueron el motivo de su pase a los estudios de Filosofía y Letras y el origen de su fecunda carrera como arqueólogo. Participó en las excavaciones emporitanas; mas 'tarde, en las que dirigía N. Lamboglia en [-10→11-] Ventimiglia, familiarizándose allí con el mundo de la cerámica romana que tanto le apasionaría después. Junto a colegas de su generación, hizo prospecciones en varios poblados ibéricos y, en los primeros años de aquella década, ya publicaba los primeros resultados de sus investigaciones 7 . Entre 1955 y 1958 residió en Roma como miembro de la Escuela Española de Historia y Arqueología del C.S.I.C. Participó en las excavaciones que la misión española realizaba en el santuario de Gabii y, en la Universidad, pudo ampliar estudios con Becatti y con Bianchi-Bandinelli, al que siempre consideró su verdadero maestro, y cuyas novedosas ideas y fecundo pensamiento fue el primero en difundir en España. Con ellos, y en sus frecuentes contactos con otros especialistas italianos y con los extranjeros residentes en Roma, aprendió a adentrarse en los más complejos problemas de la Arqueología y del Arte Clásicos. Sus estancias en Italia fueron frecuentes y de ahí parte la amistad y las relaciones que siempre mantuvo con los arqueólogos italianos de su generación. Admiraba profundamente a Italia y a la Arqueología de aquél país y cuya lengua, al igual que la inglesa, hablaba con perfección y escribía de un modo elegantísimo. En 1959 se estableció en Madrid y en la Universidad Complutense fue Profesor Ayudante y Profesor Adjunto en la Cátedra de Arqueología Clásica del Profesor Antonio García y Bellido, con el que compartió, también, tareas de investigación en el Instituto Rodrigo Caro del C.S.I.C. De ese Instituto Español de Arqueología fue Secretario, al igual que de su revista Archivo Español de Arqueología. Por aquél entonces, hizo excavaciones en Herrera de Pisuerga y en Tarragona, en el anfiteatro y en la llamada Torre de Pilatos, y publicó sus libros Las murallas romanas de Barcelona (1961), Pintura helenística y romana (1962) y Colonia Iulia Augusta Paterna Faventia Barcino (1964). En el prólogo que García y Bellido le hizo a la primera de esas publicaciones, escribía: «Balil tiene ya experiencia de veterano, mas de un veterano joven, pues –conviene decirlo– aquél que no conozca de Balil más que suya considerable obra habrá de suponerlo inevitable (y lógicamente) un hombre maduro, provecto, siendo así que en 7 Sus trabajos de prospección en el poblado ibérico de «Turó de Can Oliver», en el del «Puig d' Olorde» y en el Valle de Mogent aparecieron publicados en AEspA., XXV, 1952 y XXVI, 1953 y en Ciencia y Montaña, 1952. Su primer acercamiento al tema de la arquitectura doméstica romana, que luego sería tan desarrollado en sus estudios, lo fue en un trabajo sobre la uilla de Villarenc (Calafell) (Boletín Museo Víctor Balaguer, 1,1953). Pedro Rodríguez Oliva: Semblanza del Profesor Alberto Balil Illana (1928-1989) © Pedro Rodríguez Oliva © De la versión digital, Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia 5 realidades todo lo contrario... es boy una de nuestras mejores autoridades en el difícil campo de la Historia del Imperio Romano» 8 . En 1968 ganó, por oposición, la plaza de Profesor Agregado de Arqueología, Epigrafía y Numismática de la Universidad de Santiago de Compostela. La trascendencia de la labor docente e investigadora de Balil en Santiago, la describe así su discípulo Fernando Acuña: «A sua chegada supuso unha grande trasformación na Facultade e na vida universitaria xa que o seu [-11→12-] talante aberto e comunicativo, a relación que mantiña cos alumnos e as suas dotes organizativas contrastaban cos usos imperantes naqueles anos. Contando ó comenzó con só unha mesa, unha silla e un teléfono xunto cunha máquina de escribir, funda o Seminario de Arqueoloxia da Real Universidade como íl gastaba chamar 9 . Allí fundó el Seminario de Arqueología, divulgó los novedosos planteamientos científicos del Comte Bianchi-Bandinelli y creó las colecciones Studia Archaeologica y Studia Romana, luego continuadas en Valladolid. Organizó campañas de excavaciones (inolvidables para quienes participaron en ellas) en el castro de O Neixón (Cespón, Boiro), en las Torres del Oeste (Catoira) y en Santa Comba de Bande. Impulsó, sobre todo, el entusiasmo por la investigación en un numeroso grupo de discípulos 10 que son hoy, en las para él tan queridas tierras de Galicia, una feliz cosecha de tan fecunda siembra. De su especial cariño a la Universidad de Santiago de Compostela ha quedado un testimonio gráfico que lo evidencia de un modo claro. En agosto de 1988, Balil pasaba en las Islas británicas –aquél país al que tanto admiraba 11 – una de esas temporadas veraniegas de estudio que acostumbraba a realizar en los últimos años de su vida, haciendo realidad un viejo sueño que siempre le ilusionó, y en Bristol se fotografió vistiendo con satisfacción y orgullo una camiseta con el escudo y la ley
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