Maurice Blanchot: La exigencia política / Rosa Martínez González

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2011 41 Rosa Martínez González Maurice Blanchot: La exigencia política Departamento Filosofía Director/es Rodríguez García, José Luis Tesis Doctoral MAURICE BLANCHOT: LA EXIGENCIA POLÍTICA Autor Rosa Martínez González Director/es Rodríguez García, José Luis UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA Filosofía 2009 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es Universidad de Zaragoza Facultad de Filosofía y Letras Departamento de Filosofía 2011 MAURICE BLANCHOT: LA EXIGENCIA POLÍTICA Tesis para optar al título de Doctor por: ROSA MARTÍNEZ GONZÁLEZ Director de Tesis: Dr. José Luis Rodríguez García De donde, en lo sucesivo, esta exigencia: buscar la anomalía para en ella encontrar la norma, explicar por medio de lo inexplicable, pensar contra el pensamiento, es decir “según el misterio”; exigencia, es cierto, que pierde su necesidad, desde que ésta se organiza como sistema, reduciendo entonces la parte oscura a no ser más que la forma anticipada de ver o bien no recurriendo a la incoherencia sino para hacer valer, en su defecto, la coherencia que la ha anulado (asimilado) siempre por adelantado y que, de esta forma, se reduce a ella misma. MAURICE BLANCHOT ÍNDICE Agradecimientos…………………………………………………………………...9 Introducción………………………………………………………………………11 CAPÍTULO 1º: EL CASO BLANCHOT 1.-El caso Blanchot: delimitación del problema………………………….21 2.-El Blanchot de los años veinte: estudios……………………………….22 3.-La crisis francesa de los años treinta……………………………….......28 4.-La heterogeneidad de la extrema derecha en Francia: Los no conformistas de los años treinta…………………………………………..34 5.-De la Revolución espiritual a la Revolución nacional…………………39 6.-El debate en torno a la existencia de un fascismo en Francia………….44 7.-El periodismo de extrema derecha: primeras colaboraciones de Blanchot…………………………………………………………………...48 8.-El encuentro con Paul Lévy y la ofensiva contra el nazismo…………..53 9.-El cambio blanchotiano: hacia una defensa de la Revolución nacional…………………………………………………………………...57 10.-El camino hacia Combat: el silencio de Blanchot ante los acontecimientos del 6 de febrero de 1934………………………………...59 11.-Los textos de Combat y su ofensiva contra la diplomacia francesa: la Revolución nacional………………………………………………………63 12.-Los textos de L’insurgé: recrudecimiento de la ofensiva contra Blum………………………………………………………………………69 13.-La disidencia blanchotiana o la disidencia de la disidencia…………..74 14.-El síndrome de Vichy: el Blanchot de la ocupación………………….77 15.-El proceso político contra Blanchot…………………………………..89 16.-Conclusiones: ¿Un verdadero compromiso?.......................................100 CAPÍTULO 2º: LA GÉNESIS DE LA CRÍTICA LITERARIA 1.-El imposible acontecimiento de la muerte……………………………115 2.-El nacimiento de la crítica: un nuevo giro copernicano………………127 3.-La negatividad………………………………………………………...151 3.1-La lectura de Kojève ……………………………………………...152 3.2-La torsión de Bataille……………………………………………...169 3.3-El Fin de la Historia como concepto-límite……………………….174 4.-La Literatura y el derecho a la muerte………………………………..181 4.1-El escritor y la obra………………………………………………..181 4.2-La negatividad en Blanchot………………………………………..199 4.3-El escritor y su doble muerte: la experiencia de Rilke…………….204 4.4-Nombrar, destruir: la experiencia de Mallarmé…………………...209 4.5-Palabra bruta/palabra esencial……………………………………..218 CAPÍTULO 3º: LA EXIGENCIA CRÍTICA (EXPERIENCIA Y DESOBRA) 1.-Experiencia y transgresión……………………………………………231 2.-Experiencia literaria/experiencia imaginaria…………………………247 2.1-El concepto de Experiencia en Blanchot…………………………..247 2.2-La imagen/lo imaginario: el lenguaje de la Ficción……………….250 3.-La experiencia soberana………………………………………………259 4.-La experiencia original: el centro errante…………………………….268 5.-La inspiración. La mirada de Orfeo…………………………………..280 6.-La escritura en el grado cero………………………………………….287 7.-Nietzsche y la escritura fragmentaria…………………………………295 8.-Conclusiones: exigencia crítica/exigencia literaria…………………...302 CAPÍTULO 4º: LA EXIGENCIA COMUNISTA 0.-El regreso a la arena pública de Blanchot…………………………….311 1.-De la Ontología a la Ética (el Humanismo del Otro hombre)……......321 1.1-“La Justicia bien vale una Revolución”…………………………...321 1.2-Una nueva exigencia: la responsabilidad con autre/autrui..............327 1.3-El problema del solipsismo………………………………………..328 1.4-El final de una sumisión: de la Ontología del mismo a la Ética del Otro……………………………………………………………………...335 2.-La Ética como Filosofía primera……………………………………...339 2.1-El Il y a…………………………………………………………….339 2.2-Un Humanismo del Otro (autre/autrui) hombre…………………..344 3.-Le Refus, la Révolution: la nueva tarea de un nuevo tipo de intelectual………………………………………………………………..347 3.1-El intelectual revolucionario………………………………………349 3.2-El poder del Refus…………………………………………………351 3.3-La Révolution……………………………………………………...354 4.-El otro comunismo……………………………………………………357 4.1-El encuentro de Blanchot con los de la rue Saint-Benoît………….357 4.2-El Desviacionismo de los de la rue Saint-Benoît………………….359 4.3-La noción blanchotiana de comunismo……………………………369 4.4-Por un comunismo de pensamiento: comunidad de escritura……..375 4.5-La noción blanchotiana de comunismo: conclusiones…………….379 5.-La otra comunidad……………………………………………………380 5.1-Una comunidad del Refus…………………………………………380 5.2-Una comunidad inconfesable: la comunidad de los que no tienen comunidad……………………………………………………………….387 5.3-La razón de Sade………………………………………………......390 6.-De la Declación de los 121 al proyecto de la Revista Internacional….394 7.-La Revolución de Mayo del 68……………………………………….410 8.-Literatura y compromiso……………………………………………...421 8.1-La cuestión del compromiso………………………………………421 8.2-Escritura y compomiso…………………………………………….423 8.3-Las condenas de irresponsabilidad política: la polémica con Sartre…………………………………………………………………….425 8.4-La nueva tarea del intelectual……………………………………...430 Conclusión: Maurice Blanchot ¿Una escritura comprometida?..............435 Bibliografía……………………………………………………………………...443 AGRADECIMIENTOS Debo dar las gracias a diferentes personas e instituciones sin los cuales esta tesis no hubiera sido posible. Comenzando por estas últimas debo agradecer a la BNF y al archivo IMEC su amabilidad y buen trato recordando que sin cuyos recursos mi trabajo de investigación previo a la elaboración de esta tesis hubiera quedado incompleto. Del mismo modo debo agradecer al personal del IMEC y en especial a José por su constante amabilidad y apoyo. Asimismo me gustaría recordar los buenos consejos y las sabias palabras de Eric Hoppenot quien además me facilitó un contacto epistolar con la hija adoptiva de Maurice Blanchot de vital importancia para acceder a algunos documentos del IMEC. Agradecimientos también a mis antiguos profesores de la Universidad de Barcelona en especial a Miguel Morey quien despertó mi curiosidad por este pensador difícil y desconocido incluso en su país. Y, en última instancia agradecimientos a aquellas personas más cercanas sin las cuales la elaboración de esta tesis doctoral no hubiera sido posible. Agradezco, en primer lugar, a José Luis Rodríguez García su apoyo incondicional, su interés porque esta tesis saliera adelante y su paciencia como tutor de esta tesis con mis errores y torpezas. Por último a mis padres y a Joaquín, quienes me han acompañado en este largo proceso, les agradezco su grandísima paciencia, su comprensión y su apoyo incondicional. Gracias a todos. 9 10 INTRODUCCIÓN A la hora de emprender la difícil tarea de articular mediante un nuevo comentario el pensamiento y la escritura de Maurice Blanchot, no es extraña la necesidad que surge en el comentador de reiterar hasta el infinito estas cuatro palabras: escritura, imposibilidad, experiencia y muerte. Pronunciadas así, sin artículo, en neutro, parecen acercarnos hacia otro modo casi sin usar de pensamiento, habla y visión. Una manera en la que el concepto, tal y como lo conocemos hoy, todavía no habría aparecido ni dibujado sus límites de posibilidad a la experiencia y que nos encara limpiamente con una forma de habérnoslas con lo imposible que dibujó quizá los momentos más fascinantes de eso que aún hoy llamamos la cultura. Momentos fascinantes, es verdad, gracias a la distante lejanía –no sólo temporal- que hace que se nos pierda como un murmullo de voces que parecen querer hacernos recordar que nuestra cultura, lo que llamamos la cultura occidental y que arrancaría de la decadencia de la civilización griega, ha olvidado algo que merece la pena ser contado hasta el infinito quizás porque esa es la mejor forma de que quede en el olvido el secreto que se esconde debajo de toda buena historia, también, por debajo del Todo de la Historia. ¿Qué es eso de lo que nos habla Blanchot con –aparentemente- tanta oscuridad? Y ¿por qué parece señalarnos con el índice tendido hacia nosotros mismos, seres humanos profundamente enraizados y, desgraciadamente, familiarizados con la muerte? ¿Lo estamos? Por una parte sí, nos dirá Blanchot, demasiado: la muerte es nuestra propia caverna, nuestro ser, el que nos hemos forjado a base de rechazar la otra muerte, de la que no podemos tener pensamiento, ni dominio, ni excelencia. La muerte –la otra muerte- escapa de nuestra forma de poder, de saber y de nuestro lenguaje. Esto la hunde en un pensamiento apresuradamente huidizo y para el que no hay palabras que valgan. Desde este punto central que es la muerte para Blanchot, todo está en el abismo del infinito y jamás se ha visto –salvo, quizá, en los verbos en infinitivo-, una palabra infinita. Tampoco hay afirmaciones que valgan: la afirmación, el sí y el no, dicen demasiado y demasiado poco, mientras que de lo que se trata aquí es de decir infinitamente más -que el Todo o de decir cuando todo se ha dicho ya, de pensar cuando todo ha sido pensado-e infinitamente menos –cuando aún nada ha sido dicho o pensado. 11 ¿Se trata de un pensamiento difícil? Sí, a condición de añadir que, a menudo, lo más difícil es lo más sencillo. También lo más extraño. O esto otro: es difícil, cuando durante siglos el modo usual de pensar ha sido la visión y cuando la metáfora óptica ha acompañado a la Filosofía, al menos, desde Platón, comenzar a pensar sin ver o, mejor, comenzar a mirar de otro modo. Pensar, conocer, comprender ha sido demasiado tiempo dar luz, iluminar, hacer aparecer. Pero ¿y si todo hubiese sido una broma pesada? ¿Y si las cosas fuesen más sencillas? ¿Y si el ser no fuera esa pesada losa de la tumba, sino la ligereza del morir? ¿Podría existir un pensamiento de la ligereza, alejado del espíritu de pesantez que lamentaba Nietzsche, un pensamiento donde lo que se iluminase sin dejarse ver fuese lo oscuro, donde lo próximo fuese lo lejano, lo que está fuera del límite, lo exterior, la sinrazón, lo que no cede a nuestra obra, lo que nos excede, lo que no se deja encerrar? Y, por último, ¿no nos remite esta forma tanto al pasado –al origen de la escisión entre luz y oscuridad, razón y sinrazón- como a lo que aún está por venir –pero que nunca puede ser presente, siempre inactual, intempestivo? Perdida o vuelta a encontrar esa luz de la oscuridad de la que Blanchot, pensando en Bataille y en su negatividad sin empleo, decía que era la parte del fuego que no alumbra pero quema –parte maldita, profundamente terrestre- nos hace replantearnos ese fuego prometeico, símbolo de los orígenes de la cultura, ya que, aquí, se trataría más bien de un fuego que el ser humano no puede usar, ni dominar, sino experimentar como exceso. La parte de fuego que no alumbra, el punto ciego del pensar apunta a aquello que se sale de la línea de luz, de la posibilidad, lo que va más allá del espejo de la representación –el paso más allá- e, incluso, de nuestros esfuerzos –de nuestros sueños también- por cimentar el mundo. Fuego que pertenece a lo que se llamó lo sagrado y lo divino, el domingo de la vida –según la expresión de Hegel que tanto gustó a Kojève, eso que nos falta, que no está escrito, que se ausenta de toda obra, que no se escribe, que no se piensa y que no puede decirse. Blanchot, que prefiere no nombrar lo innombrable, lo llama a menudo el Afuera, simple indicación negativa de lo que nos excede, de la desmesura de lo que siempre nos falta y que, siendo la impotencia del ser humano, señala el vacío capaz de arruinarlo todo. Nada y, sobre todo, nada semejante a la trascendencia, tampoco a la inmanencia de los sistemas totalitarios. Acercarse al pensamiento blanchotiano e incluso nombrarlo como tal implica iniciar un viaje, apostar sin garantías, aprender a vivir en la soledad de una pregunta sin respuesta. 12 Un camino que quizá nos exija desandar aquél que la diosa Aletheia impusiese como la Ley misma del viaje filosófico. Y, sin embargo, nos enfrentamos a algo que, aun contando con ciertas notas acordes con la Teología –negativa-, no puede estar más alejada de ella porque aquí de lo que se trata es de afirmar, de pensar y de escribir sin garantías ni esperanza, en el fracaso de todo término, en la desgracia de la mirada de Orfeo, incluso en la espera absurda de un Mesías sin imagen y que se afirma precisamente en la imposibilidad de su venida. Con el pensamiento blanchotiano estamos fuera, pero profundamente hundidos en la tierra. A lo largo de los cuatro capítulos que contienen nuestro “viaje” particular por la obra blanchotiana trataremos de dar cuenta de lo que consideramos la clave de su pensamiento: su enfrentamiento con lo anómalo, con lo Otro, con lo imposible y lo prohibido1 y, en esa ardua tarea su rechazo a la categoría más valorada en la historia de la filosofía: la de realidad. La categoría de la Realidad que tímidamente desde Parménides pero ya con seguridad con Aristóteles se impone a la razón lógica del pensador aparece en la obra de Blanchot como el ser en la de Levinas estallada al infinito, al Afuera de los límites que, bajo el nombre de finitud y de posibilidad, no encierran más que los límites infranqueables que cada época impone como lo prohibido, la Ley. Así, el rechazo de la Realidad implica un paso al frente hacia la transgresión y el crítico que fue ante todo Blanchot encuentra en la Literatura el espacio-tiempo donde se obra el milagro de hacer revivir las llamadas experiencias-límite, aquellas que han transgredido el límite, que han hecho callar, aunque durante unos instantes, a la ley. La experiencia de lo imposible, de lo anómalo, de lo prohibido, del afuera, es otra forma de comprender el interés por el ser humano, un ser humano que viene que perder algo de su racionalidad y algo de su pretendida sensatez de la mano de su historia reciente. No sabemos si como un preludio de lo inevitable, Wittgenstein expulsó de lo decible y de lo pensable en forma lógica a las disciplinas humanas más importantes y al arte. Quizá, como afirma el propio Blanchot, decidió dejar a todas estas disciplinas donde les correspondía en el silencio de la Ley. Sea como sea en el caso de Wittgenstein, así es en el de Blanchot: la experiencia humana sólo es posible en el silencio de la Ley, es decir, en la Revolución, valedora en lo político de la categoría que aquí se impone frente a la 1 Ya Michel Foucault, quien consideró siempre a Blanchot como una de sus máximas influencias, en los cursos impartidos en 1975 y publicados bajo el título de Les Anormaux definía el horror que provocó desde el s. XVIII la “anomalía” o monstruosidad humana como el choque con lo imposible y lo prohibido. Ver en este sentido el Cours du 22 janvier 1975 incluido en el volumen Les Anormaux. Foucault, M.: Les Anormaux. Cours au Collège de France, 1981-1982, Paris, Gallimard, 1999, p. 51ss. 13 de Realidad, la de la Ficción. Siendo así, no es de extrañar que en lo literario se encuentre también dicha categoría en las expresiones críticas o en las vanguardias, las primeras porque toman la ficción como la sustancia de su reflexión y las segundas porque son el rechazo de la Ley impuesta en la literatura misma. Ahora bien, ¿por qué optar por una categoría tan lábil y anómala como la ficción? Pues precisamente porque la ficción implica el rechazo a toda categoría (categoría sin categoría), el rechazo a la servidumbre, el auto-exilio al afuera de la Ley. Es el imperio del Desastre, entretiempo de los estados positivos, cuando irrumpe la revolución, silencio de la ficción que nos arrastra a su no-espacio, a su fuera del tiempo para darnos a ver un secreto que no puede desvelarse mediante la manifestación habitual, forzándonos a hallar una expresión acorde a lo que ha quedado expulsado y en el olvido. Así, la obra de Blanchot se sitúa en un nuevo género literario que, dentro de la categoría de la Ficción, aúna la crítica, el pensamiento y la creación artística. Este nuevo género, la escritura, suficientemente definido por Roland Barthes, es aceptado por Blanchot, como veremos en el capítulo tercero de esta tesis, como un nuevo género literario también, para la filosofía. Desde el punto de vista de la creación tanto los estilos como las coordenadas de la obra (creador, receptor, obra) se disuelven en la incertidumbre de la pérdida del poder indiscutible del autor que deja de ser el creador indiscutible para convertirse en un mero artista anónimo a la escucha del murmullo imposible del afuera. Siendo así, el escritor debe convertirse en un ser acéfalo como diría Bataille, alguien que ha expiado su poder, suprimiéndose como autor, siendo un Il, el tercero excluido de todas las dicotomías, lo verdaderamente Otro. Una escritura que, por otra parte, no dice nada porque no dice verdad, de ahí la “mala fe”, la impostura, que el propio Blanchot admitía en la polémica con Sartre que eran características de la ficción. La ficción no afirma ni manifiesta nada de la misma manera que los antiguos decían y el propio Blanchot repite hasta la saciedad que no puede revelarse un secreto. La ficción no es el territorio de la ley y fuera de la ley no puede afirmarse nada ni con verdad ni con falsedad sino de una forma no positiva. La ficción, por último no afirma nada sino que hace señas, según Blanchot, manda señales, signos sin sentido, pero que nos revelan algo importante sobre la posibilidad de la experiencia humana o lo que queda de ella. Blanchot, en definitiva, definirá la ficción como la manifestación de la 14 irrealidad2 y al autor como ese nadie que vaga en la ausencia de tiempo y de ley incapaz de decir yo, envuelto por la ignorancia del no-saber. Pero, por último, este nuevo género literario, quiere ser también propicia para la Filosofía que, a diferencia de la Filosofía Clásica revertirá el platonismo incluso en la propia definición (y, por tanto, nombre) de la Filosofía, ya que a este género nuevo, formado en el desastre de todos los anteriores, lo define Blanchot abiertamente opuesto a la Filia griega –definido por Blanchot, en las últimas páginas de Pour l’amitié como “apertura de lo mismo a lo mismo”-, como forma de relación con respecto al pensamiento y sugiere sustituirlo por la amistad, una relación de pensamiento que, a diferencia de la filia, no se presta a la sumisión, identificación o asimilación de lo otro, lo diferente o lo excluido, con un pensamiento idéntico y unitario. A diferencia del concepto griego de amor, el concepto francés de amistad aporta la distancia entre uno y otro. Una distancia que al reconocerse como infinita disuelve la unidad o identidad: el uno es siempre otro para el otro y a la inversa. No hay asimilación ni identificación posible porque entre ellos, dice Blanchot, se encuentra la muerte, la distancia infinita, imposibilidad en estado puro. A diferencia de Platón, Blanchot, precisamente en el texto titulado originalmente así, Pour l’amitié, quiere con ese gesto introducir en el centro del pensamiento lo radicalmente Otro o, como se ha llamado también, la Diferencia (tal y como será definida por Derrida), es decir, lo imposible y lo prohibido, lo excluido y el afuera, lo extraño y lo extranjero o lo monstruoso, anómalo o anormal. La amistad, a diferencia del amor, implica
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