La experiencia es un grado. el papel de los padres consumidores en la prevención del consumo de drogas

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  En la investigación “Del consumo recreativo al consumo problemático”, en la cual investigamos el papel de la familia, los contextos y el grupo de iguales en la regulación de los consumos de los jóvenes, observamos con bastante recurrencia indicios de padres tolerantes hacia el consumo y también de padres consumidores de drogas ilegales. Indicios que también fueron contrastados por el Observatori de Nous Consums de Drogues a partir de 2005. En este sentido, cada vez poseíamos más evidencia, sobre un fenómeno que no se había producido anteriormente, estamos hablando de la incorporación al rol de padres/madres de personas consumidoras, ex consumidoras (sin problemas adictivos) o de aquellos que aunque no consumieron estuvieron en contacto con variedad de consumos recreativos de drogas ilegales. Por tanto, estábamos delante de una nueva relación entre padres, hijos y consumos de drogas, que como veremos ha sido producida por diversos factores socioculturales, y que es relativamente nueva, puesto que son generacionalmente los primeros padres, que luego de ser consumidores, abordan el consumo de sus hijos desde la experiencia que les proporciona su trayectoria juvenil vinculada, también, al consumo de drogas. Estos padres consumidores, cuando sus hijos alcanzan la adolescencia, deben encarar la prevención del consumo de drogas, pero ¿cómo afronta la prevención de sus hijos una persona que ha estado en contacto con las drogas? ¿Utiliza un discurso alarmista? ¿Tolera los consumos? ¿Cómo maneja sus consumos y la educación de sus hijos? Estas y muchas otras preguntas que intentamos responder motivaron la realización de la presente investigación. Por tanto, presentamos los resultados de la investigación titulada “El papel de los padres consumidores en la prevención del consumo de drogas” subvencionada por el Plan Nacional Sobre Drogas. Resultados de investigación que pueden aportar luces sobre la relación entre consumos de drogas y educación familiar, así como herramientas teóricas para intervenir mediante estrategias preventivas sobre el colectivo de padres consumidores de drogas.
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  • 1. ¿LA EXPERIENCIA ES UN GRADO? El papel de los padres consumidores en la prevención del consumo de drogas Joan Pallarés Goméz David Pere Martínez Oró
  • 2. Investigación financiada por la Delegación del Gobierno de Plan Nacional Sobre Drogas. Gestionado por: © Joan Pallarés Gómez y David Pere Martínez Oró, 2012 © de esta edición: Fundación IGenus. www.fund-igenus.org info@fund-igenus.org Primera edición: Setiembre de 2012 ISBN: 978-84-616-2170-5 Depósito Legal: B-32910-2012
  • 3. ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN. ............................................................................................................... 1 2. CONTEXTO SOCIOHISTÓRICO: “nuestros padres, no tenían ni idea ni conocimiento de lo que eran las drogas”.................................................................................................................. 4 3. METODOLOGÍA................................................................................................................ 19 4. CAMBIOS Y CONFLICTOS GENERACIONALES: “Hay cosas que ahora se pueden hablar más que antes”................................................................................................................. 26 5. NO TODAS LAS ÉPOCAS FUERON IGUALES: “¡Mi padre es drogadicto!” ................... 33 6. MOSTRAR LOS COMPORTAMIENTOS DE CONSUMO DE DROGAS A LOS HIJOS: “Ante la evidencia, qué vas a hacer”........................................................................................... 36 7. NO TODAS LAS DROGAS SON IGUALES: “Los porros creo que es más aceptable”.... 42 8. DIFERENCIAS DE LAS DROGAS POR LOS DISCURSOS O LAS GRADUACIONES QUE PERMITEN: “El consumidor admite muchos matices”....................................................... 45 9. LAS DIFERENCIAS DE EDAD Y GÉNERO: “Hay que funcionar como los chicos” ........ 47 10. LA PROHIBICIÓN COMO MARCO: “¡Hay plantaciones que es una barbaridad!”........... 50 11. LOS APRENDIZAJES SON IMPORTANTES: “¡Ojalá lo que hemos vivido nosotros les sirva para algo!”........................................................................................................................... 53 12. PONER LÍMITES: “Pero de todas maneras, harán lo que les dé la gana a ellos” .......... 58 13. LA GESTIÓN DE LOS MIEDOS: “Es lo que me preocupa”.............................................. 62 14. EL PAPEL DEL ALCOHOL: “Hay más bares que tiendas” ............................................... 65 15. CONSUMOS ACCEPTABLES: “Yo lo que quiero es que sean felices”............................ 68 16. CÓMO ACTUAR: “Tampoco puedes cerrarles las puertas, tendrán que vivirlo”.............. 70 17. CONCLUSIONES. ............................................................................................................ 72 18. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS. ................................................................................ 77
  • 4. ¿La experiencia es un grado? 1 1. INTRODUCCIÓN. El equipo de investigación de la Fundación IGenus ha trabajado en los últimos años diferentes fenómenos relacionados con el consumo de drogas, la difusión del consumo de cocaína y la normalización social de las drogas ilegales. Entre los distintos trabajos producto de estas investigaciones destacamos: “Entre rayas. La mirada adolescente hacia la cocaína” (Martínez Oró y Pallarés, 2009), “La Mirada femenina hacia la cocaína” (Pallares y Martínez Oró, 2010), “El camino hacia la cocaína” (Martínez Oró y Pallarés, mimeo) “La normalización social del consumo de drogas (Martínez Oró y Pallarés, en prensa) y “Del consumo recreativo al consumo problemático” (Martínez Oró y Pallarés, mimeo). Todas estas investigaciones no hubieran sido posibles sin el apoyo económico del Plan Nacional Sobre Drogas, que además de la financiación nos han depositado la confianza para plantear los diseños de las investigaciones con total libertad. En todos estos trabajos hemos observado que la educación que los jóvenes reciben de sus padres influye notoriamente en la actitud hacia la drogas de los hijos, es decir, los padres juegan un papel importante en la prevención del consumo de drogas, aunque su tarea deba cruzarse con los mensajes que reciben de los medios de comunicación social, y muy especialmente, del grupo de iguales. En la investigación “Del consumo recreativo al consumo problemático”, en la cual investigamos el papel de la familia, los contextos y el grupo de iguales en la regulación de los consumos de los jóvenes, observamos con bastante recurrencia indicios de padres tolerantes hacia el consumo y también de padres consumidores de drogas ilegales. Indicios que también fueron contrastados por el Observatori de Nous Consums de Drogues a partir de 2005. En este sentido, cada vez poseíamos más evidencia, sobre un fenómeno que no se había producido anteriormente, estamos hablando de la incorporación al rol de padres/madres de personas consumidoras, ex consumidoras (sin problemas adictivos) o de aquellos que aunque no consumieron estuvieron en contacto con variedad de consumos recreativos de drogas ilegales. Por tanto, estábamos delante de una nueva relación entre padres, hijos y consumos de drogas, que como veremos ha sido producida por diversos factores socioculturales, y que es relativamente nueva, puesto que son generacionalmente los primeros padres, que luego de ser consumidores, abordan el consumo de sus hijos desde la
  • 5. 2 experiencia que les proporciona su trayectoria juvenil vinculada, también, al consumo de drogas. Estos padres consumidores, cuando sus hijos alcanzan la adolescencia, deben encarar la prevención del consumo de drogas, pero ¿cómo afronta la prevención de sus hijos una persona que ha estado en contacto con las drogas? ¿Utiliza un discurso alarmista? ¿Tolera los consumos? ¿Cómo maneja sus consumos y la educación de sus hijos? Estas y muchas otras preguntas que intentamos responder motivaron la realización de la presente investigación. Por tanto, presentamos los resultados de la investigación titulada “El papel de los padres consumidores en la prevención del consumo de drogas” subvencionada por el Plan Nacional Sobre Drogas según la Orden SAS/2293/2010, de 19 de agosto. Resultados de investigación que pueden aportar luces sobre la relación entre consumos de drogas y educación familiar, así como herramientas teóricas para intervenir mediante estrategias preventivas sobre el colectivo de padres consumidores de drogas. Queremos agradecer a todos los participantes de los grupos de discusión por su colaboración, sin la cual este trabajo hubiera sido imposible. A los miembros de Ai Laket!, en especial a Miren Ugarte por organizar un grupo tan “cañero” en Vitoria. A Elisa Benes y Laia Domingo por ponernos en contacto con Mireia Rodríguez, quien organizó el grupo de Ibiza. A Antoni Llort, Tre Borràs, Josep Espluga, Oriol Romaní, Mireia Ambròs y Maria Murillo, que captaron los participantes de los grupos de Barcelona y Lleida. A todos ellos, muchas gracias. Nuestro agradecimiento a Elena Rodríguez y Oriol Romaní por su predisposición, tiempo y dedicación en la elaboración de un grupo de expertos que ha representado un contrapunto excelente a los datos recogidos en los grupos de discusión. También agradecer a la Fundación Igenus todo el apoyo y confianza depositada, tanto en la presente investigación como en todos los proyectos desarrollados en los últimos años. A Ernesta Sánchez, a Teresa Sabaté y a Josep Ramon Collado. A Conxita Díaz, Jordi Giné y Laia Ligüerre por las transcripciones de los grupos de discusión.
  • 6. ¿La experiencia es un grado? 3 Aclaración sobre la escritura. En el presente informe prevalece como genérico el género masculino, por tanto si no se indica lo contrario cuando se escribe padres nos referimos a los padres y a las madres, en el mismo sentido se debe de aplicar a las otras palabras con género como, hijos, adolescentes, jóvenes, etc. Consideramos que la lectura de palabras como “los padres y las madres” sería muy frecuente en el texto con la consecuente dificultad en la comprensión, que contribuiría a una mayor complejidad del texto y que poco ayudaría a la tan necesaria igualdad entre hombres y mujeres.
  • 7. 4 2. CONTEXTO SOCIOHISTÓRICO: “Nuestros padres, no tenían ni idea ni conocimiento de lo que eran las drogas” Breve introducción sobre la evolución de los consumos de drogas en España. En la década de los sesenta del siglo pasado, crece en la opinión pública de los Estados Unidos la sensación de un aumento del consumo de drogas por parte de los jóvenes y, en general, con una década de diferencia, estas pautas llegarán también a Europa. Hasta entonces, el consumo de sustancias ilegales se asignaba a minorías étnicas, intelectuales, gente del espectáculo, soldados que regresaban de las guerras y grupos calificados como “desviados”. El caso español, respecto a la difusión de las drogas, presenta ciertas particularidades que están relacionadas con el aislamiento de nuestro país y, por consiguiente, de nuestros jóvenes respecto a los procesos culturales externos y el retraso en el proceso de <<modernización>>, ambos debidos al franquismo y sus políticas (Pallarés, 2011:16). Gamella y Jiménez (2001) y Gamella (2003) han planteado la existencia de, al menos, dos tipos de “ciclos” en el consumo y la percepción social del uso de drogas, para estudiar el caso español. Así, la difusión de las drogas y los problemas a ellas asociados, han aparecido en ciclos con ascensos y descensos, semejantes a la difusión de innovaciones y productos comerciales, como sucede con la expansión de enfermedades y otros fenómenos; distinguen entre los de tipo largo y lentos (mareas) que afectan a varias generaciones, tardan décadas en manifestar las consecuencias, no causan tanta alarma social, aunque a largo plazo puedan tener consecuencias más negativas; y los ciclos cortos (tormentas) o “crisis de drogas” que duran entre ocho y quince años, afectan sólo a ciertos grupos generacionales, crecen intensamente y bajan, pero generan “más alarma social y ejercen gran fascinación sobre los diversos agentes sociales que participan en la construcción de los problemas sociales” Gamella (2003:95). Entre las mareas tendríamos el caso del tabaco (creciendo su difusión desde los cincuenta); el alcohol desde los cincuenta hasta hoy, el del cannabis y el de la cocaína, desde los setenta hasta hoy. Entre las tormentas, encontramos la crisis de la heroína (1978-1994) y la difusión de las drogas de síntesis entre 1987 y principios del siglo XXI (Pallarés, 2011:16-17).
  • 8. ¿La experiencia es un grado? 5 El modelo español de consumo de drogas puede dividirse en distintas fases, desde los años sesenta hasta la actualidad 1 . Definiremos una primera fase que abarca hasta la crisis de la heroína, una segunda que comprende dicha crisis, y una tercera que viene enmarcada por el declive de la heroína y por la aparición y difusión de las drogas de síntesis y otros estimulantes y que se extendería hasta nuestros días. En la primera fase, durante los sesenta, hay una escasa presencia de drogas ilegales. Si exceptuamos los consumos de unas minorías muy poco visibles, la mayoría de los consumos están centrados en el alcohol, el tabaco y algunos fármacos como anfetaminas e hipnosedantes (ver Navarro, 2002). Aunque existen algunos problemas relacionados con el consumo de estas sustancias son banalizados por la sanidad pública (Gil Muñoz, 1970). No obstante, se empiezan a canalizar discursos alarmistas sobre las drogas ilegales a pesar de su escasa incidencia y a relacionarlas con los jóvenes. A finales de los sesenta España está en su proceso de <<modernización>> después de su etapa de autarquía. La apertura que este hecho supone, implicará un desarrollo del consumo y nuevos mercados, como el de la moda juvenil. Se nota la presencia creciente de jóvenes y se empieza un alargamiento de la etapa juvenil, que llegará hasta nuestros días, aunque no con la misma velocidad ni manifestándose igual en todas las clases sociales. Las drogas, especialmente las ilegales, aparecen como un <<marcador social>> del cambio, puesto que durante la etapa de la autarquía estábamos al margen del complejo cultural de las drogas ilegales implantado en otros países desarrollados desde finales del siglo XIX (Comas 1994, 2002). Coincidiendo con el alargamiento de la juventud van apareciendo espacios y tiempos de ocio juvenil especialmente nocturno (Pallarés y Feixa, 2000; Laespada y Pallarés, 2001; Pallarés y Cembranos, 2001), separados de los de los adultos, que incidirán en la aparición y recreación de culturas específicas y que contribuirán a dotar de sentido a los consumos de drogas. El cannabis será la primera droga ilegal que aparece en escena. Como ha señalado Romaní (1999) en el bienio 1967-68 se introduce el hachís por parte de los hippies que volvían de 1 Estamos siguiendo anteriores trabajos de Pallarés (2003, 2007 y 2011).
  • 9. 6 Oriente o de Holanda, para los cuales formaba parte, junto a otros elementos, de un modo de vida. Posteriormente, en la etapa 1972-75 se da un crecimiento del uso del cannabis y del LSD, que pasará a ser como una moda para grupos underground y de una cierta radicalidad política. En la época de la reforma política (1976-78) los consumidores crecen, y el consumo de cannabis y de alcohol tiene fuerte presencia en las manifestaciones y fiestas en la calle, simbolizando una conquista al régimen, y particularmente el consumo de cannabis, como un símbolo de la identidad <<izquierdista>>. A partir de 1978 crece sosteniblemente su consumo, desvinculado de la visión contracultural del uso de drogas, y los nuevos consumidores ya no provienen de los núcleos anteriores sino del conjunto de la juventud que se acerca a la sustancia viéndola como una mercancía más. La difusión de la heroína sigue un proceso similar al del cannabis. Como ha analizado Comas (1989), los primeros consumidores de heroína (1973-77) son consumidores de núcleos sociales selectos y reducidos: nivel social y cultural alto, estudiantes universitarios, profesionales, académicos, insatisfechos con el tipo de sociedad y progresistas. Ven la heroína como una sustancia más, que canaliza su experiencia de ruptura social, y como no existe una oferta abierta, para consumir son núcleos cerrados, próximos a los de los contraculturales consumidores de cannabis. Entre 1977 y 1981, se incorporan al consumo de heroína miembros de las clases medias e hijos de trabajadores, la mayoría con militancia política (ver García Pardo, 2002). Es un período de fuerte incremento de la incidencia, y las razones de inicio tienen que ver, básicamente con la insatisfacción y el ajuste personal. A partir de entonces la incidencia disminuye aunque la prevalencia, todavía durante un tiempo, es más alta. Se incorporan al consumo grupos étnica o económicamente marginales. Ese momento es clave para la aparición de un discurso bastante monolítico sobre las drogas que, sin ambages, pasan a ser vistas como un gran problema, centrado en la heroína (denominada <<la droga>>) y en el <<drogadicto>>, que sólo puede ser un perverso delincuente. Hasta mitades de la década de los setenta no aparecen lugares de venta permanente de sustancias ilegales y, por tanto, no hay una oferta constante de ellas por lo que, para consumir, hay que pertenecer a redes sociales que han hecho una elaboración contracultural del consumo. Con la oferta constante, proveniente de redes vinculadas con el ámbito delictivo, se
  • 10. ¿La experiencia es un grado? 7 acercan otros grupos sociales al consumo que se va desvinculando de las ideas políticas y contraculturales. En esta época, crecen notablemente el consumo de alcohol y el de tabaco. Estas actividades que hasta entonces eran esencialmente masculinas y de adultos irán ganando presencia entre las mujeres y los jóvenes, con pautas de consumo nuevas en relación al tipo de bebidas, cantidades, lugares y ocasiones para beber, etc. En menor medida crece el consumo de ciertos fármacos como tranquilizantes y anfetaminas. La respuesta institucional es de intensidad baja. España no ratificó hasta 1967 el Convenio Único de Viena de 1961; hasta 1969 no se crea la Brigada Especial de Investigación de Estupefacientes de la Policía, y en 1973 la Guardia Civil creó un grupo especializado contra el tráfico de drogas. Los servicios socio-sanitarios sólo reciben demandas de tratamiento por alcoholismo. A finales de los setenta, empiezan a aparecer Comunidades Terapéuticas para problemas relacionados con el consumo de heroína (ver Comas, 1988), aunque hay consultas privadas y clínicas que ofrecen tratamientos médico-psiquiátricos. La segunda etapa viene definida por la <<crisis de heroína>>. En los ochenta, crece la alarma y la preocupación social por las drogas ilegales, por el aumento de la inseguridad ciudadana y por el miedo al riesgo de <<caer en la droga>> asociado al consumo compulsivo y diario de heroína (Comas, 2002). Empieza a percibirse que el paro es un fenómeno estructural pues el período 1977-1985 es de fuerte recesión económica y de destrucción de ocupación (reconversión industrial), coincidiendo con la llegada al mercado de trabajo de las numerosas cohortes juveniles del efecto baby-boom y con una mayor incorporación de mujeres, lo que disparará las tasas de paro juvenil. Al perderse unos dos millones de puestos de trabajo fijos, aumentan los problemas y las tensiones sociales. Bajo la excusa de fomentar la contratación de jóvenes se introducen medidas de flexibilización en el mercado laboral, abriendo la etapa de creciente precarización del mismo y de desprotección social. La juventud, hasta entonces vista de forma positiva, se torna una carga para las familias y aparece un discurso negativo que asocia la situación de los jóvenes a su propia condición y aspectos culturales más que a los componentes sociales, políticos y económicos de la época.
  • 11. 8 Se produce en el imaginario social la relación entre juventud, delincuencia y drogas (Martí, 1998). A mitades de la década de los ochenta se alcanzan las tasas más altas de prevalencia del consumo de heroína, que se estabilizan a finales de la década y luego van descendiendo. Se difunde entre los consumidores la vía de administración endovenosa como alternativa a la adulteración y a los altos precios (ver Usó, 1996; Hidalgo, 2007). Dado que ni existen ni se fomentan medidas de reducción de daños, una parte importante de los consumidores llegan a compartir jeringuillas, favoreciendo la propagación del sida, que en la segunda mitad de la década empieza a producir una mortalidad muy significativa entre los consumidores que comparten jeringuillas. Los consumos de alcohol y tabaco continúan aumentando, aunque por el ruido de la heroína no se habla de ellos, ni se conciben como problemáticos. El consumo de alcohol en altas cantidades en las noches del fin de semana empieza a ser un modelo de ocio para muchos grupos de jóvenes, y aparecen formas de consumo en la calle, inicialmente designado con el calificativo de <<litronas>>. La cocaína, como sustancia asociada al prestigio y al éxito (ver Díaz et al., 1992) crece en ambientes con cierto poder adquisitivo, aunque se estaba difundiendo también entre los consumidores más marginales de heroína, sustancia con la cual solían combinarla, especialmente inyectada (Gamella, 1990; Hidalgo, 2007). No obstante, por diferentes motivos, se ha silenciado su extensa difusión entre el mundo más marginal o de la heroína, quizás para no perder su carácter elitista y de éxito. En 1985 se crea el Plan Nacional Sobre Drogas (PNSD) como mecanismo institucional para coordinar las políticas de las diferentes administraciones en el ámbito de la prevención, el tratamiento y la reinserción. Crea una red asistencial pública, que convive con la privada, y que hasta principios de la pri
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