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  La diplomacia cultural de México (ARI) Fabiola Rodríguez Barba ARI Nº 78/2008 - 10/07/2008 Tema: Este análisis trata sobre la importancia de la diplomacia cultural como instrumento de la política exterior del gobierno mexicano. Resumen: En este análisis se exponen y analizan a grandes rasgos las estrategias desarrolladas por los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón en el ámbito de la diplomacia cultural. A pesar de las acciones llevadas a cabo por el gobierno y de la infraestructura cre
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  La diplomacia cultural de México (ARI) Fabiola Rodríguez BarbaARI Nº 78/2008 - 10/07/2008 Tema: Este análisis trata sobre la importancia de la diplomacia cultural como instrumentode la política exterior del gobierno mexicano. Resumen: En este análisis se exponen y analizan a grandes rasgos las estrategiasdesarrolladas por los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón en el ámbito de ladiplomacia cultural. A pesar de las acciones llevadas a cabo por el gobierno y de lainfraestructura creada para la promoción y difusión internacional de la cultura mexicana, ladiplomacia cultural en México sigue careciendo de solidez debido en gran medida a la faltade continuidad de los programas institucionales en ese ámbito y a la subordinación de lacultura a la agenda política del Ejecutivo. Análisis: En la nueva agenda internacional creada por las transformaciones sociales,económicas y políticas operadas en el marco de la globalización, las relaciones culturaleshan venido a cobrar un nuevo protagonismo. El papel de la cultura ha empezado a ser valorado como factor determinante del desarrollo de los países, no sólo por el importantevalor económico de las denominadas industrias culturales, sino porque la cultura ha sidovista como un puente de comunicación entre las naciones que facilita el conocimientomutuo, al mismo tiempo que posibilita la cooperación económica y cultural.En México, la cultura ha sido históricamente un componente esencial del quehacer diplomático. El gobierno promueve en los foros internacionales el respeto a la diversidadcultural y ha establecido relaciones y alianzas con países de desarrollo comparable paragenerar respuestas comunes a los desafíos que la globalización plantea, en particular elreferido a la preservación de la identidad y el patrimonio cultural de las naciones.Asimismo, México está activamente implicado en la difusión de la cultura nacional más alláde sus fronteras, por medio de lo que se conoce como diplomacia cultural.En este análisis, llamaremos diplomacia cultural al conjunto de operaciones y obrasculturales o educativas orquestadas por el Estado con ayuda de diversos socios para asegurar una presencia cultural nacional en el extranjero, con< fines de política exterior. En efecto,los Estados se han servido tradicionalmente de la cultura para la difusión de una imagen positiva en el exterior. En primer lugar, debido a que buscan simpatías políticas en elextranjero así como mantener una imagen de prestigio; y en segundo lugar, con el fin deestablecer con ciertos socios un clima de cooperación propicio a los negocios e inversiones.A lo largo del siglo XX, la cultura dejó progresivamente de ser considerada únicamentecomo arma de propaganda política para convertirse en una herramienta de la imagenexterior y en un nuevo campo de la cooperación internacional. Uniendo promoción culturaly cooperación internacional, las potencias que aspiran a ejercer influencia de alcancemundial han recurrido en distintos momentos a estrategias de puesta en valor de su  soft  power  o “poder suave”, término acuñado por el profesor de Harvard Joseph Nye paradescribir la capacidad de un país para influir en otros por medios persuasivos.  En esta tendencia, México no ha constituido una excepción, como se verá en la primera parte del análisis. En los apartados siguientes, se analizará la trayectoria de la diplomaciacultural mexicana durante el período 2000–2007, para terminar en las conclusiones con un balance general de la diplomacia cultural mexicana y de sus perspectivas de futuro.  Antecedentes Se puede afirmar que, a partir de la revolución mexicana de 1910, el Estado fue fundamentalen el proceso de creación de la identidad y cultura nacionales, y que desempeñó un papelcentral en la difusión interna y externa de la producción artística y cultural de los creadoresmexicanos. En las primeras décadas del siglo XX, José Vasconcelos definió una estrategiaintegral de cultura y educación que se tradujo, en el ámbito exterior, en las “embajadasculturales” o programas de intercambio de estudiantes con otros países americanos y, en elinterior, en la creación de las primeras bibliotecas rurales y en el impulso a las “misionesculturales”. Del interés del gobierno mexicano de contar con una infraestructura culturalsólida dan cuenta las grandes instituciones culturales creadas en las décadas siguientes, entrelas que destacan el Fondo de Cultura Económica (1934), el Seminario de la CulturaMexicana (1942), el Colegio Nacional (1943) y el Instituto Nacional Indigenista (1948). Enlas décadas de 1940 y 1950, México impulsó una serie de grandes exposiciones en las quese dio una identificación con el pasado histórico y se puso de relieve lo prehispánico através del muralismo mexicano. La consolidación de la “época de oro” del cine mexicano sedio gracias a la emergencia de nuevas tecnologías y el surgimiento de medios decomunicación masiva que dieron srcen a la televisión mexicana. A finales de los años 50,se creó la Subsecretaría de Cultura, que sería el antecedente del Consejo Nacional para laCultura y las Artes (CONACULTA), y comenzó un período intenso de articulación deinstituciones culturales, entre ellas el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) que contribuirían para proyectar al mundo elacervo cultural y el patrimonio histórico mexicanos.En los años 60, la cultura se incorporó de manera formal como una instancia administrativade la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE); es así que en el gobierno de Adolfo LópezMateos se creó una Dirección encargada de los asuntos culturales. Igualmente, durante esaépoca se construyeron diversos museos como el Museo Nacional de Antropología y elMuseo de Arte Moderno. Una de las etapas de mayor activismo de la diplomacia culturalmexicana se dio en los años 1970–1976, durante el gobierno de Luis Echeverría, en la queMéxico participaría activamente en diversos foros internacionales de impronta cultural. Selogró una mayor diversificación de las relaciones exteriores y se fomentó la diplomaciacultural, especialmente en América Latina y el Caribe. La década siguiente fue de baja promoción cultural debido a la crisis de la deuda y los graves problemas del aparato productivo mexicano. No obstante, se impulsó la apertura de institutos y centros culturalesde México en el exterior, particularmente en EEUU, donde existía un mayor número decomunidades mexicanas en el extranjero. Los objetivos eran fomentar la cultura nacional,conocer las acciones de las comunidades mexicanas en el exterior, difundir la culturanacional contemporánea a la población de srcen mexicano y extenderla incluso al públicoestadounidense. De manera paralela, se dio la creación de centros culturales en Europa,   particularmente en Madrid y París.En los años 90, y en el marco de las negociaciones del TLCAN, el gobierno de CarlosSalinas de Gortari promovió una serie de actividades culturales mexicanas como parte de laestrategia de seducción de futuros socios comerciales. Es en este período que el gobiernomexicano enfatizó el valor de la cultura como instrumento de política exterior y se dieronlos primeros pasos hacia una diplomacia cultural en sentido estricto. Específicamente serealizó un amplió programa de “relaciones públicas” para atraer inversores extranjeros, asícomo actividades culturales, en particular con las comunidades mexicanas residentes en elextranjero, para mejorar la imagen del país en el exterior. Sin embargo, los problemaseconómicos internos, así como la crisis de legitimidad con que asumió el gobierno Salinasde Gortari, constituyeron factores decisivos en el diseño de su política exterior, impidiendoun salto cualitativo de la promoción cultural a una dinámica de diplomacia cultural. La búsqueda por ampliar los mercados para los productos mexicanos, reforzar los vínculos políticos con países desarrollados, así como negociar un tratado de libre comercio,constituyeron los ejes centrales de la acción exterior de su gobierno.Durante la administración de Ernesto Zedillo (1994–2000), los procesos de globalización yde cooperación internacional obligaron al presidente a fortalecer la presencia de México enel exterior. Se emprendió una reestructuración de la Secretaría de Relaciones Exteriores(SRE), destacando la creación del Instituto Mexicano de Cooperación Internacional(IMEXCI), cuya labor era la coordinación de las comisiones mixtas de cooperacióneducativa y cultural y el establecimiento de programas bilaterales en ese ámbito. El númeroy la profundidad de las intervenciones permiten afirmar que la política cultural mexicanaconsideró prioritaria durante este período la protección del patrimonio histórico, sin olvidar el estímulo a la creación libre y a la difusión cultural. Con este propósito se organizaronexposiciones importantes en el extranjero, como “Teotihuacan: una ciudad cosmopolita delMéxico antiguo” (Portugal y Colombia); “Grandes maestros del arte moderno mexicano”(Japón); “José Clemente Orozco” (EEUU); “Imaginarios Mexicanos” (Canadá); “MiradasCruzadas, Frida y Diego” (Francia); “Vida y muerte: arte funerario del occidente deMéxico” (España); “José Luis Cuevas” (El Salvador); “Pintura moderna en México”(Argentina y Brasil); y “Francisco Zuñiga” (Costa Rica). Esta amplia actividad cultural secorrespondía con un régimen político que comenzaba a dejar atrás su talante autoritario y seacercaba a un horizonte más plural y abierto. En este sentido, la alternancia política posibilitó la apertura internacional del país a temas vedados tradicionalmente como losderechos humanos y la democracia.  La diplomacia cultural durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón Con el arribo de Vicente Fox a la presidencia de la república, que significó la alternancia política después de más de 70 años de gobiernos priístas, la política exterior tomó un nuevoimpulso, en particular con la promoción de una nueva imagen internacional de México. El presidente Fox anunció su propósito de dar a conocer al país en el mundo como una nacióndemocrática, con amplias libertades y con un amplio respeto por los derechos humanos. Enesta línea, el Plan Nacional de Desarrollo 2001–2006 enunciaba los objetivos estratégicos de  su política exterior: promover y fortalecer la democracia y los derechos humanos como bases fundamentales del sistema internacional; fortalecer la capacidad para proteger ydefender los derechos de los mexicanos en el extranjero; intensificar la participación einfluencias de México en los foros multilaterales con un papel activo en el diseño de lanueva arquitectura internacional; utilizar los esquemas de concertación regional paraequilibrar la agenda de política exterior mexicana mediante nuevos ejes de acción política; yapuntalar y encabezar los esfuerzos de promoción económica, comercial y cultural, y de laimagen de México en aras de un desarrollo nacional sustentable y de largo aliento.A esta tarea se abocó la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), que bajo la conducciónde Jorge Castañeda tuvo el firme propósito de proyectar al mundo una imagen de un Méxicodemocrático, libre y moderno. Esta visión reflejaría a una nación que había llevado a cabouna serie de importantes reformas económicas y políticas y que con el nuevo gobiernorefrendaba su vocación de apertura al exterior al participar en los principales forosmundiales y en la toma de decisiones que impulsaba la nueva arquitectura internacional.Ante este panorama, el dirigente de la diplomacia mexicana se comprometería a cambiar laimagen a través de una estrategia de reestructuración de diversas áreas de la Cancillería, conlo que se pretendía darle un nuevo perfil y enfoque a la diplomacia mexicana.Una de las primeras acciones concretas de la administración de Jorge Castañeda fue lareestructuración de la Dirección General para Asuntos Culturales, que dependería ahoradirectamente del canciller, a fin de que la cultura se convirtiera en piedra angular de la política de imagen de México. Otra acción fue reformar y reforzar la red de institutosculturales en el mundo mediante la creación del “Instituto México”, como órganodesconcentrado de la SRE, con el objetivo principal de promover y difundir la lengua, elarte, la educación, la ciencia y tecnología, el turismo, la industria cultural y, en general, la producción artística nacional. En una primera fase, se adaptaron a estos fines los centrosculturales mexicanos en países como EEUU, Francia, el Reino Unido y Brasil. El Institutose enmarcaba en la tradición de otros institutos nacionales que buscan la promoción exterior de la lengua y la cultura, como es el caso de la Alianza Francesa y el Instituto Francés deAmérica Latina, el British Council, la United States Information Agency, el InstitutoGoethe, el Instituto Dante Alighieri y el Instituto Cervantes. En ese sentido, la enseñanza deespañol en el extranjero es uno de los pilares de la promoción de la cultura en el exterior.En México, dicha promoción se realiza en coordinación con la Universidad NacionalAutónoma de México (UNAM), a través del Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE),que actualmente cuenta con varias sedes principalmente en EEUU (San Antonio, Chicago yLos Ángeles) y Canadá (Hull). Asimismo, existe un convenio con la Universidad deSalamanca y con el Instituto Cervantes en España para la acreditación de estudiantes yformación profesoral de la enseñanza de la lengua española en el extranjero. En síntesis, conla creación del Instituto de México se buscaría unificar la promoción de las labores de loscentros culturales mexicanos bajo un mismo marco jurídico.Otra acción relevante del Canciller Castañeda fue el incremento de la participación delsector privado en la promoción cultural en el extranjero. Con el fin de llevar a cabo dichas
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