Jacques Van Rillaer Las Ilusiones Del Psicoanalisis (1)

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  Jacques Van Rillaer LAS ILUSIONES DEL PSICOANÁLISIS No es extraño que un psicoanalista admita la no cientificidad de la teoría freudiana y la falta de eficacia de la cura analítica. No es excepcional que un psiquiatra o un psicólogo que han practicado el psicoanálisis acaben abandonando ese método en provecho de nuevas técnicas. Sin embargo, es muy poco frecuente que un ex psicoanalista se explique largo y tendido sobre las razones de su desconversión. Jacques Van Rillaer es Doctor en psicologí
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  Jacques Van Rillaer   LAS ILUSIONES DEL PSICOANÁLISIS   JACQUES VAN RILLAER    No es extraño que un psicoanalista ad-mita la no cientificidad de la teoría freudiana y la falta de eficacia de la cura analítica. No es excepcional que un psiquiatra o un psicólogo que han  practicado el psicoanálisis acaben abandonando ese método en provecho de nuevas técnicas. Sin embargo, es muy poco frecuente que un ex psicoa-nalista se explique largo y tendido so- bre las razones de su desconversión. Jacques Van Rillaer es Doctor en psi-cología, especializado en psicología clí-nica. En la actualidad es Profesor de la Facultad de Medicina de la Univer-sidad de Lovaina y Encargado de cur-so extraordinario en las Facultades universitarias St.-Louis (Bruselas). Conoce el psicoanálisis «por dentro»; se sometió a ios ritos de iniciación, estudió pacientemente la teoría psicoa-nalítica, practicó el método inventado  por Freud, y defendió su tesis de Doc-torado sobre «la agresividad en la experiencia freudiana». Miembro du-rante más de diez años de la «École Belge de Psychanalyse», sabe muy  bien cómo razonan los psicoanalistas cuando escuchan a un paciente sin de-cir palabra y cómo se expresan los psi-coanalistas entre colegas en los semi-narios especializados. Su crítica se diri-ge menos a los aspectos secundarios del mundo analítico (el esoterismo, el sectarismo, etc.) que a los fundamen-tos mismos del método freudiano: la técnica de las asociaciones libres, las reglas de la interpretación, las bases de la teoría y los mismos principios de la terapia. LAS ILUSIONES DEL PSICOANÁLISIS   EDITORIAL ARIEL, S. A.   BARCELONA    Titulo srcinal:  Les illusions de la psychanalyse   Traducción de A  NTÓN :   V ECENS   1'edición: marzo 1985 e 1980 by Pierre Mardaga, éditeur. Bruxelles-Liége   Derechos exclusivos de edición en castellano   reservados para lodo el mundo   y propiedad de la traducción:   c 1985: Editorial Ariel, S, A.   Córcega, 270 ■  08008 Barcelona   ISBN-. 84-344-8014-X   Depósito legal: B. 8.662 - 1985   Impreso en España   Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida. almacenada o   Transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, (mecánico, óptico, de grabación o de   fotocopia, sin permiso previo de) editor.   INTRODUCCIÓN    I   LAS LECCIONES DEL PASADO   Los psicoanalistas han adquirido hoy en ciertos medios una autori-dad impresionante, hasta tal punto que los que no son especialistas en  psicología no se atreven ya a volver a poner en cuestión las teorías  psicoanalíticas. Para desbloquear una situación tan esterilizador como ésta, uno de los medios de los que disponemos consiste en dar un ro-deo por la historia de las ciencias. Si estudiamos cómo se van sucedien-do los pasos que siguen los conocimientos científicos, veremos con qué facilidad desconcertante, no ya tan sólo el gran público, sino también las autoridades intelectuales, son víctimas de prejuicios, de engaños, de ilusiones.   El presente estudio hace que sea comprensible el carácter relativo   de las teorías; y convence además de la necesidad que tenemos de adop-tar unos criterios de cientificidad exigentes.   1. U  NA TEORÍA ASTROFÍSICA DEL SIGLO XVIII   En 1781, Charles Rabiqueau, que era ingeniero óptico del Rey,    publicó en París su obra  Le microscope moderne (El microscopio moderno). En ella describe un Universo rodeado de llamas infernales que  producen destilaciones, en el centro del cual se encuentra un Sol de apenas cinco leguas de diámetro. «La Luna no es un cuerpo, sino un simple reflejo solar en la bóveda aérea. Las estrellas son sólo el   chasquido de nuestros rayos visuales cuando van a romper sobre diferentes burbujas aéreas», dice Rabiqueau.   Después de haber examinado por orden del Canciller la nueva teo-ría, el padre de La Chapelle no duda ni un instante en darle la estam- pilla oficial. «Siempre se había pensado  —  escribe el sacerdote  —   que los   objetos venían por decirlo así a buscar los ojos; el Sr. Rabiqueau le da la vuelta a la perspectiva, y es la facultad de ver la que va al encuentro del objeto... La obra del Sr. Rabiqueau es el anuncio de una Meta-física corregida, de los prejuicios vencidos y de un mayor refinamiento en las costumbres, que vienen a culminar su trabajo...»     Hay que señalar que todo esto fue escrito medio siglo después de la muerte de Newton.   Gaston Bachelard, que presenta este ejemplo y otros de estilo se-    10   LAS ILUSIONES DEL PSICOANÁLISIS   INTRODUCCIÓN   11   semejante observa que hasta finales del siglo XVIII los físicos pseudocien- tíficos cosechaban tantos éxitos como los otros físicos, los que habían hecho verdaderos descubrimientos. «La cultura científica era víctima de algo así como un aplastamiento por parte de la masa y a causa de la variedad de los libros secundarios, que eran mucho más abundantes que los libros valiosos» (1947:24).'   La psicología y la psiquiatría se encuentran en la actualidad en una situación comparable a la que tenía la física del siglo XVIII. Esto   es, las más de las veces los verdaderos descubridores científicos son menos conocidos del hombre de la calle, o incluso por los estudiantes de la Universidad, que aquellos que se ocupan de la difusión de teorías no científicas. Hoy existen psicólogos que valen, mutaüs mutandis, por un  Newton o un Pasteur: se llaman Piaget, Skinner, Wolpe, Schachter... Pero sus obras son menos leídas que las de P. Daco, Neill, Lacan o   Dolto.   2. L A FRENOLOGÍA 2   La tradición morfopsicológica busca la manera de poder deducir al-gunos rasgos de personalidad a partir de unas particularidades somáti-cas. Su srcen se remonta a los comienzos de nuestra civilización y en nuestros días aún sobrevive. Uno de los más célebres autores de éste «arte de pronosticar» fue Franz Joseph Gall, el fundador de la freno- logia, es decir, la ciencia de las correspondencias que se pueden esta-blecer entre el carácter de las personas y la forma de su cráneo.   Gall, de srcen alemán, y que vivió entre 1758 y 1828, fue un hom-bre de mente brillante, que dominó todo el saber médico y  psicológico de su tiempo. Meticuloso anatomista, concibió nuevos métodos de di-sección del cerebro.   Según este famoso médico, las conductas de las  personas dependen del desarrollo relativo de sus facultades innatas, localizadas en diversas  partes del cerebro. Según esté un territorio cerebral hipertrofiado o poco desarrollado, ciertas «inclinaciones mentales» serán prevalentes o bien deficitarias. Está claro que en el individuo vivo no puede ser directa-mente explorada la configuración de las zonas corticales; pero eso no era objeción para Gall, pues él estaba convencido de que los huesos del   cráneo se ajustan con toda la fidelidad de un molde al córtex cerebral.   Bastará pues palpar los salientes y las partes planas de los huesos de la    bóveda craneal para trazar el mapa de las localizaciones cerebrales de   un individuo; y con ello conoceremos sus facultades mentales. El crá-   1.   La primera de las dos cifras que siguen a un nombre de autor o a una cita es ]a fecha de publicación del texto del que se trata, o también el número del volu men de una obra que cuenta con varios tomos. La segunda de las cifras indica la  pagina. Cuando el contexto precisa con claridad el texto en cuestión, sólo viene in dicada la página. 2.   Este párrafo está basado principalmente en la obra de Lantéri-Laura (1970). neo, para aquel que sabe descifrarlo, es revelador de las inclinaciones   ocultas...   Veamos dos ejemplos. La zona situada encima del pabellón de la oreja permite evaluar la tendencia al homicidio. En efecto, explica Gall, hemos de constatar un saliente típico en ese lugar tanto entre los ma-míferos carniceros como en las personas condenadas a la guillotina (desde luego ése es un argumento tajante...). La devoción religiosa, por su parte, está en dependencia con la región situada en la parte más elevada del cerebro (a nadie habrá de sorprenderle que la disposición a recibir la revelación esté situada en lo que el hombre tiene de más elevado...). Señalemos de pasada que cuando un neurofisiólogo de nues-tros días estimula eléctricamente esta región, observa contracciones en las piernas... De modo que Gall elaboró un sistema de 27 localizaciones específicas y de un número semejante de facultades fundamentales.   La frenología, tal y como saliera.,, del cerebro del Gall, ¿es una es-peculación sin ningún apoyo empírico? De ningún modo. Este hombre de ciencia coleccionó un conjunto de cráneos disecados y cuatrocientos moldes de yeso de otros tantos cráneos. Coleccionó también un gran número de biografías de individuos de cualidades típicas y comparó los datos psicológicos con las observaciones cranioscópicas. Fue a es-tudiarlos en los hospitales, en las cárceles, en los asilos. No se abstuvo de frecuentar las sociedades más sospechosas... para mayor gloria de   la frenología. Intentó sorprender la reserva natural de la gente hacién-doles hablar de su infancia, a propósito de la cual, en su opinión, se   disimula menos (¿sería Gall un precursor de Freud?...). A lo largo de   toda su vida siguió observando y anotando nuevos casos que, sin ex-   cepción, venían a confirmar el sistema a partir del momento en que éste fuera formulado... En una palabra, Gall era, indiscutiblemente, un gran «clínico».   Hoy se ha demostrado que ninguna de las localizaciones cerebrales que Gall registró resulta ser exacta Su sistema es pues totalmente fal   so, la cual cosa no le impidió conquistar el mundo intelectual durante   la primera mitad del siglo Xix. ,   AI principio, Gall encontró fuertes «resistencias». En 1807 tuvo que abandonar Viena por la razón de que su enseñanza era considerada pe-ligrosa para la religión y para las buenas costumbres. Emigró a París, donde obtuvo un éxito considerable. También es cierto que a lo largo de toda su vida Gall encontró detractores. (Así por ejemplo, el famoso Cuvier no escatimó demasiado sus críticas hacia la «falsa ciencia».) A pesar de todo y en resumidas cuentas, la frenología fue aceptada por el mundo de los científicos. Los psiquiatras, entre ellos el gran Esquirol, elogiaron la nueva ciencia, que en opinión de ellos demostraba el srcen cerebral de los trastornos mentales y permitía mejores diagnósticos. A partir de 1820, la frenología fue enseñada en las Facultades de Me-dicina de Europa entera y de los Estados Unidos, particularmente en la Universidad de Harvard. Se fundaron sociedades de frenología en mu-chos lugares; por ejemplo, en 1832 se contaban en Inglaterra 29 Socie-   dades frenológicas, y varias revistas especializadas. Algunos filósofos,  
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