El Gran Merito de Teilhard de Chardin Segun Un Articulo de Mircea Eliade

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  EL GRAN MERITO DE TEILHARD DE CHARDIN La Significación Cultural de la Popularidad de Teilhard Ensayo de Mircea Eliade. Del libro: Culturales. Ocultismo Religiones y Modas Capitulo: Las modas culturales y la historia de las religiones. Tras haber analizado el éxito en cuanto a popularidad que ha tenido la revista Planéte como icono de la literatura propia de la New Age, debido a las necesidades del hombre moderno de Occidente… Mircea Eliade, analiza la popularidad de Teilhard de Chardin e
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  EL GRAN MERITO DE TEILHARD DE CHARDINLa Significación Cultural de la Popularidad de Teilhard Ensayo de Mircea Eliade.Del libro: Ocultismo Religiones y ModasCulturales.Capitulo: Las modas culturales y la historia de lasreligiones. Tras haber analizado el éxito en cuanto apopularidad que ha tenido la revista Planétecomo icono de la literatura propia de la New Age,debido a las necesidades del hombre moderno deOccidente… Mircea Eliade, analiza la popularidadde Teilhard de Chardin en base a el gran y realmerito de su pensamiento y obra como científico,religioso y filosofo. La significación cultural de la popularidadde Teilhard Debo detenerme aquí en mi rápido análisis delas razones del éxito de Planéte, porque entiendoque muchas de las cosas que he dicho sobre esarevista, salvando diferencias, se aplican casiidénticamente a la moda de Teilhard de Chardin.Creo innecesario decir que no estoy hablando delos incuestionables meritos científicos y filosóficos  de Teilhard, sino del éxito tremendo de sus libros,todos ellos como se sabe, publicados después desu muerte. Y constituye una extraña paradoja queel único pensador católico romano que conquistoun público masivo y responsable, las autoridadeseclesiásticas le prohibieron publicar esos mismoslibros que hoy son best-sellers tanto en el Viejocomo en el Nuevo Mundo. Más importante aún esel hecho de que por lo menos cien volúmenes ymuchos miles de artículos se publicaron en todoel mundo, en menos de diez años, examinando lamayoría de las veces con simpatía las ideas delautor. Si tomamos en consideración lacircunstancia de que ni siquiera el filosofo máspopular de esta generación Jean-Paul Sartre, pudolograr una respuesta tan masiva después de unaactividad de veinticinco años, debemos reconocerque el éxito de Teilhard es culturalmentesignificativo. No tenemos ningún libro, y solo unosartículos, acerca de las ideas de Louis Pauwels y Jaques Bergier (los dos artículos de Le Monde seocupan de la popularidad de su revista, Planéte );en cambio la mayoría de los libros y artículossobre Teilhard examinan su filosofía y susconcepciones religiosas. Aunque probablemente los lectores de los librosde autoayuda y de los textos y revistas de la NewAge, como es el caso de la popular revistaPlanéte y los de Teilhard de Chardin no sean losmismos; no obstante tiene cosas en común.Primero todos ellos están cansados delexistencialismo y el marxismo, de oír hablarcontinuamente de la historia, la condiciónhistórica, el momento histórico, el compromiso,etcétera. Los lectores tanto de Teilhard como de  revistas similares a Planéte, se interesan menospor la historia que por la naturaleza y la vida. Teilhard considera que la historia es un segmentomodesto de un proceso cósmico glorioso quecomenzó con la aparición de la vida y quecontinuara durante billones y billones de años,hasta que en la más lejana de las galaxias seproclame a Cristo como Logos. La ideología dePlanéte y la filosofía de Teilhard de Chardin sonfundamentalmente optimistas. En verdad, Teilhard es el primer filósofo que desde Bergsonse ha atrevido a expresar fe, esperanza yconfianza en la vida y en el hombre. Y cuando loscríticos tratan de probar que las concepcionesbásicas de Teilhard no son una parte legítima dela tradición cristiana, por lo común señalan comofallas su optimismo, su creencia en una evoluciónsignificativa e infinita, y el que no tome en cuentael pecado srcinal y el mal en general, a favor deun perdón infinito por parte de Dios.Pero por otro lado el fenómeno y merito mássignificativo e importante de su pensamiento,consiste en los muchos científicos agnósticos quehan leído a Teilhard, admiten que por primera vezhan comprendido lo que puede significar ser unhombre religioso, creer en Dios y aun en Jesucristo y los sacramentos. Es cierto, Teilhardha sido el primer autor cristiano que presento sufe en términos accesibles y significativos para elcientífico agnóstico y para los no pocos individuossin cultura religiosa en general. Por primera vezen este siglo (XX) las masas agnósticas y ateasde europeos científicamente educados sabenacerca de que habla un cristiano. Esto noobedece a que Teilhard sea un hombre deciencia. Antes de él muchos grandes científicos  no ocultaron su fe cristiana. Lo nuevo en Teilhardy lo que en parte explica su popularidad, es quebaso su fe cristiana una comprensión científicosde la naturaleza y de la vida. Él habla del «poderespiritual de la materia» y confiesa sin tapujos«una simpatía irresistible por todo cuanto se agitadentro de la masa oscura de la materia». Esteamor por la substancia y la vida cósmica pareceimpresionar mucho a los hombres de ciencia. Teilhard admite cándidamente que siempre fueun «panteísta» por temperamento y «menos unniño del cielo que un hijo de la tierra». Exaltahasta las más refinadas y complicadasherramientas científicas –la computadoraelectrónica, por ejemplo–, pues considera quesustentan y promueven la vida.Pero no se puede hablar simplemente del«vitalismo» de Teilhard, porque es un hombre deDios, un hombre religioso y la vida es para él sagrada ; por añadidura, la materia cósmicacomo tal es susceptible de ser santificada en sutotalidad. Por lo menos tal parece ser elsignificado de su hermoso texto titulado «La misaen la cima del mundo». Cuando habla de lapenetración de las galaxias por el Logos cósmico,aun la exaltación mística de los parece encomparación modesta y poco imaginativa. Porquepara Teilhard las galaxias donde se predicara aCristo cuando hayan transcurrido millones deaños son reales , son materia viviente. Noilusorias, y ni siquiera efímeras. En cierta ocasión,en un artículo de la revista Psyché admitió quesimplemente él no podía creer en un fincatastrófico del mundo –no ahora, ni tampocodespués de billones de años; ni tan siquiera podíacreer en la segunda ley de la termodinámica 1 –. El
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