El Arte de Tratar a Las Mujeres El Arte de Tratar a Las Mujeres

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  EL ARTE DE TRATAR A LAS MUJERES EL ARTE DE TRATAR A LAS MUJERES INTRODUCCIÓN Franco Volpi “Si el mundo nació por un capricho de Dios, entonces la mujer es el ser en el cual el Supremo Hacedor quiso manifestar a cabalidad el lado impredecible de su insoldable naturaleza”. Este postulado, que, de hecho, no dista mucho de las convicciones más arraigadas en el ánimo masculino, debería por sí solo persuadir a cualquier hombre o mujer de la utilidad de este pequeño ensayo. El tema es delicado, pero
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    EL ARTE DETRATAR ALASMUJERES EL ARTE DE TRATAR A LAS MUJERES  INTRODUCCIÓNFranco Volpi“Si el mundo nació por un capricho de Dios, entonces la mujer es el ser enel cual el Supremo Hacedor quiso manifestar a cabalidad el ladoimpredecible de su insoldable naturaleza”. Este postulado, que, de hecho,no dista mucho de las convicciones más arraigadas en el ánimo masculino,debería por sí solo persuadir a cualquier hombre o mujer de la utilidad deeste pequeño ensayo. El tema es delicado, pero no puede ser eludido.¿Qué pueden enseñarnos los filósofos –por definición depositarios de lasabiduría, pero en bancarrota en asuntos del amor- sobre como tratar mujeres?¿Qué nos aconsejan para manejar sus undívagoscomportamientos y frenar, así, este nuestro oscuro objeto del deseo?¿Quéestrategia sugieren para complacer al gentil sexo?FILÓSOFOS Y MUJERES: UN “DESENCUENTRO” SECULARDesde tiempos antiguos las relaciones entre los filósofos y las mujeres hansido marcadas por un desencuentro irremediable. Si repasamos la historiadel pensamiento filosófico desde esta perspectiva, a simple vista se puedetener la impresión de que la filosofía fue y será siempre un asuntomeramente masculino.Sin embargo, si miramos bien, veremos como no faltan, desde laAntigüedad, las figura de mujeres pensadoras. En el primer siglo a. C., elestoico Apolonio encontró material suficiente para redactar una historia de lafilosofía femenina, y Filócoro escribió todo un libro acerca de las filósofaspitagóricas, que fueron, en realidad, una multitud. Pero, nuestra mayor gratitud es con el escritor y erudito Pilles Ménage, asiduo visitante del Hotelde Rambouillet, muy admirado por Madame de la Fayette y Madame deSévigné, que pasó a la historia por la caricatura que de él hizo Molière en elpersonaje Vadius de Las mujeres sabias . Recorriendo pacientemente lossiglos, Ménage recopiló en 1690 una Historia mulierum philosopharum , queaún resulta provechosa y divertida de leer.Pero, cabe preguntarse: ¿cómo es que, de todas las venustas filósofas ahínombradas, no quedó un solo pensamiento, ningún fragmento se salvó de lafuria destructiva del tiempo? ¿Fue tal el caso o debemos pensar, con Hegel,que en este campo la historia universal (Weltgeschichte) emitió su veredictouniversal EL ARTE DE TRATAR A LAS MUJERES  (Weltgericht) ? Es decir, que tal vez, en el fondo, aquellos pensamientos noameritaron ser conservados.Sea como fuere, la tradición del pensamiento occidental, a pesar de ladiversidad de las posiciones, las tendencias y las escuelas que loconstituyen, muestra una inquebrantable capacidad de apartar, por principioo de hecho, al sexo femenino, de excluirlo de un papel activo en la filosofía.Si la comparación no suscitara hilaridad, y si alguien ya no lo propuso,podríamos aventurar la siguiente tesis: así como Heidegger afirmó que lafilosofía occidental se caracteriza por el “olvido del Ser”, nosotros podríamossostener que ella está signada por un olvido mucho más impactantementeescandaloso: “el olvido de la mujer”.Desde Tales, escarnecido por una sirvientilla de Tracia, hasta Wittgenstein,enredado con Marguerite, los filósofos han contribuido sistemáticamente aeste ostracismo, tanto en la teoría como en la práctica. Una prueba indirectade este desencuentro es, por ejemplo, el hecho de que ninguno de losfilósofos más antiguos, los presocráticos, se hubiera casado. El primero entraspasar ese umbral fue Sócrates, que se casó con Jantipa. Sin embargo,todos sabemos las consecuencias.El mismo Platón, que en todo lo demás consideraba a Sócrates como elmodelo, se abstuvo por completo de seguir su ejemplo en este sentido,pese a que en La República , reivindica la igualdad de derechos para lasmujeres, admitiéndolas realmente en el estudio de la filosofía. Lo malo esque en esta obra, el tan sólo presenta una utopía. En el Timeo , por elcontrario, cuando expone la doctrina de la metempsicosis, sostiene que lasalmas son, en srcen, masculinas: aquellas que viven de manera indignaestán destinadas a reencarnar en un cuerpo femenino; y si vuelven acomportarse mal, transmigrarán a un cuerpo de animal. De esta forma,termina por asignar a la mujer el estado de ser inferior, a mitad de caminoentre el hombre y el animal.Otro seguidor de Sócrates, Antístenes el cínico, afirmaba que el amor es unvicio natural y que si Afrodita se le acercaba lo siguiente, la aniquilaría conuna saeta (Clemente Alejandrino, S tromata , II, 20, 107, 2). A fin de evitar todas clase de problemas, su alumno Diógenes de Sinope, recomendaba lapráctica del autoerotismo (Diógenes Laercio, Vitae philosopharum , VI, 2).Para poder encontrar un gran filósofo capaz de mantener un matrimonionormal hay que llegar a Aristóteles, quien, de hecho, logró conciliar la vida EL ARTE DE TRATAR A LAS MUJERES  contemplativa con la conyugal: se casó con Pitia y con ella tuvo una hija.Además, luego de enviudar, recibió en su casa a otra mujer, Herpilis, que ledio un segundo hijo, Nicómaco. Por el cariño con que en su testamentohabla de las dos, podríamos deducir que ambas uniones fueron felices: elestagirita dispuso que los restos de su esposa fuesen colocados al lado delos suyos, y dejó parte de su herencia a Herpilis.Sin embargo, para corroborar cuán arriesgada estaba la idea de laincompatibilidad entre actividad filosófica y presencia femenina, basta ver cómo los siglos le achacaron al inocente “maestro de los que saben” unatradición denigratoria que difundiría una imagen poco edificante de susrelaciones con el otro sexo. Se trata del tema de Aristóteles y Fílida, delsabio y la bella cortesana, retomado, a través de la intermediación árabe, deuna veta oriental (Pañcatantra) presente en distintos cuentos medievales yrepresentaciones artísticas, entre ellas una célebre xilografía de HansBaldung Grien. La encantadora Fílida distrae con sus gracias al jovenAlejandro, cuya educación había sido confiada por su padre Filipo, rey deMacedonia, a Aristóteles. Éste se queja al rey, que le prohíbe al fogosoadolescente verse con la hermosa muchacha. En venganza, ésta le prometeal filósofo sus gracias, a condición de que él, andando a gatas, se dejecabalgar por ella. Seducido por sus encantos, Aristóteles acepta ignorantede que la astuta joven había informado al rey del espectáculo. Convertidoen el hazmerreír de la corte macedónica, el gran pensador, avergonzado seretira entonces a una isla, para escribir un tratado sobre la perfidiafemenina.No es que posteriormente las relaciones entre los filósofos y las mujereshayan mejorado, ni siquiera en la era moderna. Incluso el mismo Kant,exponente máximo del iluminismo, que eleva a principio el coraje de usar elpropio intelecto contra todo preconcepto y autoridad, parece perder con lasmujeres la luz de la razón. Es cierto que este filósofo emancipa a la mujer de la sumisión primitiva y bestial al hombre, concediéndole el derecho de la“galantería”, es decir la “libertad de tener varios amantes”. Pero, por otrolado, le niega el derecho al voto, acumulando, con gran prosopopeya, unaserie de prejuicios, ironías e impertinencias sobre el sexo femenino, quepresenta como el resultado científico de una “antropología pragmática”. ¿Unejemplo?: “Las cualidades de la mujer se denominan debilidades”. Otromás: “El hombre es fácil de descubrir; la mujer, por el contrario nuncadevela su secreto, pese a que (por su locuacidad) difícilmente puedeguardar el de otros”. O este: “Con el matrimonio la mujer se libera, elhombre pierde su libertad”. Y sobre la cultura EL ARTE DE TRATAR A LAS MUJERES
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