Díaz-Peralta, Marina (2000) La expresión de futuro en el. Canaria: Ediciones del Cabildo de Gran Canaria

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Díaz-Peralta, Marina (2000) La expresión de futuro en el español de Las Palmas de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria: Ediciones del Cabildo de Gran Canaria Prólogo Lo que desde los años setenta se viene llamando variación sintáctica consiste, esencialmente, en un modo novedoso de estudiar el problema del significado en el nivel morfosintáctico del lenguaje y, paralelamente, la cuestión de la sinonimia en las lenguas. Desde esta nueva perspectiva, el estudio del significado es abordado a partir de las propuestas teóricas planteadas por la (Socio-) Lingüística variacionista de inspiración laboviana, además de los aportes de disciplinas clásicas como la Semántica y la Sintaxis y de los proporcionados por las nuevas corrientes que se están instalando en el terreno de los estudios del lenguaje: la Pragmática, el Análisis del Discurso, la (Socio-) Lingüística interaccional, la Etnografía del habla, etc. Como se comprueba con esta simple enumeración, el debate sobre el significado gana en complejidad, ya que se comienza a abrir hacia aspectos del lenguaje que hasta ahora no habían sido contemplados. La idea central del variacionismo propone que los hablantes de cualquier comunidad de habla poseen un repertorio lingüístico que les permite alternar entre distintas variantes lingüísticas (esto es, unidades del lenguaje que poseen un mismo significado en términos de lengua, como coche y automóvil, carne y cahne, lo llaman y le llaman, etc.) en distintos contextos de situación. La observación del uso de este tipo de variantes ha demostrado, en comunidades de estructura social, política o cultural muy diferentes, que con relativa frecuencia al significado lingüístico se le superpone toda una serie de valores sociales relacionados sobre todo con la identidad social: los hombres usan más un tipo de variantes lingüísticas y las mujeres otro, reflejando de ese modo la asimetría social y el distinto tipo de actividad económica en que se ven involucrados unos y otras; los grupos étnicos minoritarios hablan la lengua del grupo mayoritario, pero incorporando características de su lengua materna; las clases altas pueden potenciar la distancia social empleando ciertos rasgos lingüísticos considerados prestigiosos en una mayor proporción que la clase trabajadora, etc. La gran cantidad de investigaciones que se ha realizado partiendo de estas premisas parece avalar las líneas argumentales básicas del variacionismo en su dimensión social. No obstante, la teoría ha recibido reparos de todo tipo. De todos ellos, me interesa destacar el de Beatriz Lavandera, no sólo porque supone un modo diferente de abordar el problema de la sinonimia, sino, sobre todo, porque a partir de ese 3 procedimiento la autora está realmente planteando un nuevo modo de hacer Sociolingüística, esto es, un análisis social del lenguaje donde el nivel referencial no ocupe una posición tan dominante como en el modelo laboviano y donde, por tanto, se otorgue una mayor relevancia al papel central que ocupa la lengua en la construcción (y no sólo en la reproducción) de la realidad social. Para Lavandera, dado que no existe una teoría unificada del significado (lo cual viene dificultado por la posibilidad que tenemos de hablar del significado en varios niveles: referencial, lingüístico, pragmático, discursivo), lo importante será determinar si dos o más formas lingüísticas se están utilizando con los mismos propósitos comunicativos en una situación concreta. No basta, pues, sólo con describir que la forma x es más frecuente en un grupo social y la forma y en otro, y que el uso de ambas viene explicado por el lugar que ocupan en la estructura social los grupos que más las utilizan, o por algún tipo de cambio que se pueda estar produciendo en dicha estructura. Frente a esto, lo que propone Lavandera es que los grupos sociales se especializan en el uso de ciertos significados lingüísticos (o, en términos ideológicos, se apropian de tales significados) dependiendo de la imagen social que desean proyectar, algo que demuestra de modo contundente con su investigación sobre los usos de las formas verbales en oraciones hipotéticas en Buenos Aires. Esto implica establecer puentes entre lo social, lo cultural y lo cognitivo; entre lo cuantitativo y lo cualitativo; entre reproducción y producción; etc. A pesar de que la brevedad de la exposición que he hecho no permite captar completamente el alcance de la tesis de Lavandera, este es, a mi juicio, uno de los planteamientos más originales que se han llevado a cabo en el campo de la Sociolingüística en los últimos treinta años. Sin embargo, la popularidad (y hasta trivialización) que ha ido asociada al paradigma variacionista laboviano ha arrinconado, aunque no ha proscrito, las luminosas ideas de la lingüista argentina. Es cierto que en el mundo hispánico investigaciones como las de Carmen Silva- Corvalán y Paola Bentivoglio habían supuesto un cierto avance con respecto a las propuestas labovianas. Aparte del salto que supone aplicar el análisis variacionista a casos de formas lingüísticas que no podían considerarse sinónimas porque ofrecían diferencias de tipo pragmático o discursivo, como ocurre en español con la presencia/ ausencia del pronombre sujeto, en el terreno del significado las autoras proponen aumentar el número de requisitos para otorgar a una forma lingüística la categoría de 4 variante. De ese modo, al criterio de identidad referencial o conceptual, propuestos desde los primeros trabajos variacionistas, las autoras añaden los de identidad pragmática y discursiva (lo cual, como expone Marina Díaz en su investigación, reduce extraordinariamente la posibilidad de variación no fonológica). Precisamente, el mayor interés que tiene a mi juicio la investigación de Marina Díaz sobre la expresión de futuro en el habla de Las Palmas de Gran Canaria es haber vuelto los ojos hacia la tesis de Lavandera acerca de las relaciones entre significado y variación. Sólo por esto la investigación que el lector tiene entre sus manos merece la atención de los estudiosos. La propuesta de Lavandera es capaz de llenar de contenido, con una gran coherencia, la definición de la Sociolingüística como estudio del significado social de los signos del lenguaje. Comprobar que las ideas de Lavandera para Buenos Aires podrían ser extrapolables a la ciudad de Las Palmas fue un reto que asumió la autora de esta investigación desde el momento en que se delimitó el tema de análisis. Y como todas las intuiciones sólidamente argumentadas, ésta se ha visto completamente corroborada por los resultados obtenidos. Ante tales resultados, uno se pregunta por qué la idea de hacer una Sociolingüística con una base pramática que propugnaba Lavandera en los años setenta ha tenido tan escaso éxito. Ahora bien, haber seleccionado la teoría de Lavandera no cubría todas las dimensiones de la investigación sobre Las Palmas. Qué ocurriría si en el análisis del futuro se encontraba que el sistema verbal se halla en un proceso de cambio? La lingüista argentina no porporciona una teoría para las situaciones de cambio, por lo que, hubo que buscar la solución en otro marco teórico. Tras analizar los distintos modelos sociolingüísticos sobre el cambio, Marina Díaz optó por uno que se ha mostrado altamente eficaz: el modelo variacionista formulado teóricamente por Weinreich, Labov y Herzog a finales de los 60 y desarrollado por Labov en sus clarificadores estudios sobre la isla de Martha s Vineyard o sobre las ciudades de Nueva York y Filadelfia. Sin duda, la teoría del cambio es uno de los aspectos más sólidos de la teoría laboviana (hasta el punto de que algunos detractores de las tesis de Labov están dispuestos a aceptar sus propuestas sobre el cambio). Pues bien, una vez comprobados los resultados obtenidos en la ciudad de Las Palmas, se confirma totalmente la eficacia del paradigma variacionista. Marina Díaz, pues, ha dado doblemente en la diana a la hora de elegir las referencias teóricas sobre las que iba a argumentar su discurso. 5 Pero hay más cosas que destacar en este libro. En el nivel metodológico, la investigación se ciñe a las directrices asumidas por muchos investigadores que analizan el papel social de la lengua hablada: selección de informantes según criterios estipulados en las Ciencias Sociales; uniformidad situacional (al menos en los rasgos más generales de lo que entendemos por contexto de situación) en el desarrollo de las grabaciones; utilización de tests fáciles de interpretar por los informantes, pero a su vez altamente informativos desde el punto de vista de los objetivos de la investigación; empleo de análisis estadísticos convencionales con el fin de evitar la subjetividad en la interpretación de los datos; selección de variables a partir de una exhaustiva recopilación bibliográfica de Gramática teórica y dialectal y de Sociolingüística, Pragmática y Análisis del discurso; contraste de los datos obtenidos entre dos muestras para verificar una de las hipótesis de la investigación; etc. Todo esto quiere decir que ha existido un trabajo previo de exploración, de reflexión y, finalmente, de selección que redunda en la transparencia con que están explicados en el texto los aspectos más técnicos de la investigación. Con un extraordinario bagaje de cultura sociolingüística, Marina Díaz ha construido un texto sólido en lo que se refiere al armazón teórico y metodológico, claro desde el punto de vista conceptual, ordenado en su estructura narrativa, profundo en lo que atañe a la discusión de las ideas, es decir, un texto ejemplar. No es extraño que haya obtenido el Premio de Investigación Viera y Clavijo y tampoco será extraño que en el futuro sea un libro de referencia para la investigación Sociolingüística. El trabajo realizado por la investigadora grancanaria bien merece ambas recompensas. Manuel Almeida Universidad de La Laguna 6 I INTRODUCCIÓN En el prefacio que escribe como presentación a la obra de Weinreich (1963), Martinet afirma que hubo un tiempo en que el progreso de la investigación lingüística requería que cada comunidad fuera considerada, desde el punto de vista de la lengua, homogénea. Esto significa que, si bien los lingüistas nunca han ignorado la existencia de variación, resultaba más conveniente asumir, por razones de índole práctica, que las comunidades y las lenguas por ellas empleadas eran homogéneas. Así las cosas, no es extraño que, para la lingüística moderna surgida a partir de la publicación del Cours de Linguistique Général, cualquier atisbo de variación detectado se considerara algo ajeno al sistema mismo, el resultado de una actualización asistemática y caprichosa de un sistema regulado e invariable (López Morales 1983b:13). El trabajo realizado por Weinreich, Labov y Herzog (1968) acerca del cambio lingüístico vino a cuestionar esta situación. A partir de ese momento comienza a abrirse camino la idea de que la condición normal de una comunidad de habla es, precisamente, la heterogeneidad, la diversidad de variedades, estilos, dialectos e, incluso, lenguas, que forma parte de la economía lingüística y que satisface las necesidades de la vida diaria. Por consiguiente, es la ausencia de permutaciones estilísticas y de sistemas de comunicación multiestratificados lo que no resulta funcional. Huelga decir que la heterogeneidad propugnada por la disciplina surgida al amparo de esta nueva concepción de la lengua no guarda relación alguna con esa variación libre, superficial y errática, de la lingüística tradicional. Según expone Labov (1982:18), se trata, en realidad, de una «heterogeneidad estructurada», de una variación correlacionada, de un 7 lado, con características del propio sistema y, de otro, con las peculiaridades externas del hablante. No obstante, esta concepción de la «variación organizada» ha conducido a algunos a afirmar que, en realidad, los planteamientos de la sociolingüística no consiguen deshacerse por completo de los postulados de la tradición anterior. De esta manera, se argumenta que la herencia estructuralista funcionalista de Labov se pone de manifiesto en el hecho de que sus propuestas no se han desprendido totalmente del deseo de descubrir la invariabilidad de la variabilidad. Asimismo, se aduce que dicha lingüística no tiene por finalidad analizar la variación, sino, más bien, reducirla a su sistematización funcional. Esto es, para la sociolingüística el estudio de la variación tiene justamente el interés de hacer aparecer las regularidades. De lo que no cabe duda es de que, para esta disciplina lingüística, el factor decisivo en la organización de la heterogeneidad existente en la lengua son los atributos sociales de los hablantes. La relevancia de que gozará el contexto social dentro de esta nueva corriente lingüística se infiere claramente de las palabras de Labov (1983:23) cuando dice: «Durante años me he resistido al término sociolingüística, puesto que implica que puede haber una teoría o práctica lingüística que no sea social». De esta importancia deriva, asimismo, una de las principales diferencias existentes entre los estudios lingüísticos precedentes y la sociolingüística encabezada por Labov. De este modo, los datos en los que se cimentan los primeros provienen, generalmente, de la introspección de los hablantes nativos o, como dice Hudson (1981:157), del juicio del propio lingüista sobre hipotéticas oraciones aisladas. En la sociolingüística, por el contrario, los datos han de proceder necesariamente de la observación del uso social de la lengua. En este sentido, Labov (1969) afirma rotundamente que no importa cuánta ayuda puedan 8 proporcionarle al investigador sus propias intuiciones para formular una hipótesis: resulta obvio que los derivados de la introspección son la única clase de datos que no son admisibles como evidencia, pues nadie es capaz de valorar el grado en que tales juicios están condicionados por el deseo -comprensible, por otra parte- de probar que se está en lo cierto. Además, afirma Labov que lo que ya se conoce acerca de la lengua en su contexto social contribuye a poner en evidencia lo inútil de los análisis introspectivos, puesto que la gramática de una comunidad de habla es más regular y sistemática que el comportamiento de un solo individuo. A tenor de lo dicho se comprenderá por qué el estudio que hace la sociolingüística de la variación consiste, fundamentalmente, en analizar las diferencias que se detectan en el uso que los distintos grupos sociales hacen de una lengua. En suma, lo que distingue esta disciplina de otras corrientes es precisamente su empeño en estudiar la estructura y la evolución de las lenguas no en abstracto, sino dentro del contexto social de una comunidad hablante. Sin embargo, algunos consideran que la visión que Labov tiene de la sociolingüística es tan limitada como la que poseía Saussure de la lingüística, pues su estudio de la variación se ve reducido al diagnóstico social en tanto que ignora consecuencias más profundas del papel de la lengua en la creación, mantenimiento y cambio de las instituciones sociales. En esta línea, Lavandera (1984:143) entiende que, a pesar del avance fundamental que supone para el estudio de la lengua, el análisis sociolingüístico descuida el hecho de que la variación lingüística no solo está condicionada por los contextos extralingüísticos, sino que además constituye un instrumento importante en la creación de dichos contextos, pues contribuye a «preservar, modificar o reemplazar parcial o totalmente, las condiciones sociales y situacionales que acompañan la actividad del habla». 9 Por otra parte, la importancia de los condicionantes sociales y situacionales en la descripción y en el análisis de la variación no es una cuestión, contrariamente a lo que pudiera parecer, sobre la que exista acuerdo. El contraste más evidente con los planteamientos labovianos puede encontrase en la obra de Bickerton (1973; 1975), para quien, incluso si los datos están socialmente codificados, la gramática que los genera debe ser puramente lingüística en su naturaleza. Dejando a un lado cualquier polémica relacionada con el destacado papel concedido al contexto social y con las limitaciones que dicha importancia pudiera encerrar, es preciso hacer referencia a otra de las cuestiones fundamentales del paradigma laboviano: el instrumento analítico propuesto para estudiar esa variación estructurada descubierta en las lenguas es la variable lingüística (Labov 1983:36), una unidad constituida por dos o más realizaciones o expresiones de un mismo elemento subyacente. Como se infiere de la definición dada, esta noción de variable lingüística lleva implícito un requisito fundamental; es decir, el conjunto de realizaciones que originan una variable deben ser formas equivalentes de «decir lo mismo». Después de aducir la necesidad de restringir la noción de significado al concepto fundamental de igualdad referencial o representacional, Labov (1982:25) afirma que las formas alternantes que constituyen el carácter heterogéneo de una comunidad de habla deben ser igualdades referenciales, expresiones equivalentes desde una perspectiva referencial del significado. Con todo, a medida que los avances en la disciplina han ido impulsando a los sociolingüistas a abandonar el plano fonológico -en el que se había centrado Labov a partir de sus trabajos sobre la centralización de los diptongos (ay) y (aw) en el inglés hablado en Martha's Vineyard y la estratificación de (r) en el inglés neoyorkinopara intentar el análisis de otros niveles del sistema de la lengua, lo imprescindible de la equivalencia referencial o de la existencia de unos factores condicionantes de índole 10 extralingüística -y, por consiguiente, de esa distribución altamente estratificada apuntada por Labov (1983:36)- comenzó a ser cuestionado, como se verá más adelante. Ahora bien, en lo que al terreno de la significación se refiere, Labov hace una contribución decisiva a las teorías sobre la lengua: la postulación de otro tipo de portador formal de significación; es decir: la relación de frecuencia (Lavandera 1984:40). Dado lo inhabitual de la presencia o la ausencia categórica de una variante en el discurso de los individuos de una comunidad de habla, lo verdaderamente importante en el análisis sociolingüístico es la frecuencia con que una alternativa lingüística es elegida, pues es eso lo que se convierte en significativo cuando se establecen las correlaciones con los elementos extra o intralingüísticos que pudieran condicionar la variación. Todo esto, además, conlleva la necesidad de un análisis cuantitativo de los datos y la aplicación de las técnicas estadísticas apropiadas, lo que ha provocado el surgimiento de la tendencia cuantitativa correlacional que tantos éxitos -fundamentalmente en el plano fonológico- ha procurado a la investigación sociolingüística. Como asevera Sankoff (1992:174), lo que ha determinado la aparición del método cuantitativo no es otra cosa que un interés de tipo científico: cualquier intento de describir científicamente una muestra completa de habla pone de manifiesto numerosas y sorprendentes regularidades que se deben, realmente, a la frecuencia relativa de aparición o coaparición de diversas estructuras y no a su propia existencia o gramaticalidad. No obstante, muchos lingüistas se muestran reticentes ante esta forma de proceder, ya que, según creen, el método cuantitativo no posee el más mínimo interés teórico, puesto que las leyes probabilísticas derivadas del empleo de métodos estadísticos no ofrecen una explicación para los cambios reales que afectan a una lengua. Sankoff (1978), en un intento de determinar las causas de la clara oposición con que los gramáticos de las principales corrientes lingüísticas han reaccionado ante el uso de 11 conceptos probabilísticos en el estudio de la lengua, explica que un primer motivo podría residir en el claro dominio que la gramática generativa ha ejercido en la actividad lingüística de los últimos tiempos (como e
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