Critica Al Concepto de Sociedad Anonima Deportiva. Calcagno

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  Sociedad Anonima Deportiva
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    Editorial Errepar TÍTULO: Crítica al concepto de sociedad anónima deportiva AUTOR/ES: Calcagno, Luis M. PUBLICACIÓN: Doctrina Societaria y Concursal ERREPAR (DSCE) TOMO/BOLETÍN: XVII PÁGINA: 901 MES: Julio AÑO: 2005 OTROS DATOS: - S_DS_212_RyDA_8   Crítica al concepto de sociedad anónima deportiva LUIS M. CALCAGNO Cabe preguntarse qué tienen en común las instituciones comprendidas en el concepto sin fines de lucro . En efecto, la extensa gama de objetivos abarcados lleva a cuestionar la existencia de elementos esenciales comunes. Así, clubes y gremios, mutuales y fundaciones, fomentistas y científicos, asistenciales y reivindicativas y un largo, etcétera. Cierto es que, por imperativo legal -art. 33, CC- estas entidades, para gozar de personería jurídica deben contar con objetivos reconocidos por el Estado como de bien común , concepto también controvertido pero, por lo demás, susceptible de comprender todas aquellas categorías. Entonces: la heterogeneidad anárquica del conjunto ¿es total o existe algún elemento de fondo que unifique objetivos tan disímiles? La única respuesta posible es la segunda, ya que caso contrario el conjunto sería imposible. En efecto, el concepto de no lucratividad comprende a todas las actividades no materiales, espirituales, que forman parte de la esencia humana. Así como las necesidades materiales se canalizan mediante actividades lucrativas (el trabajo en general, el comercio, la industria, etc.), y para ello existen personas jurídicas apropiadas al efecto (las sociedades comerciales), todo lo desinteresado, lo que se hace -aunque sea en parte- por gusto, por satisfacer una inquietud interna inmaterial, se canaliza mediante entidades sin fines de lucro. Y esto involucra desde las actividades lúdicas (clubes) a las políticas (partidos), entendido todo ello sanamente y sin intereses subalternos. En este sentido, el carácter no lucrativo de estas entidades tiende justamente a mantener sin distorsiones su naturaleza jurídica que, como no puede ser de otra manera, deriva directamente de su carácter esencial. Porque si se perdiera el concepto de no lucratividad, estas instituciones en nada se diferenciarían de las sociedades comerciales; más antes que después se convertirían en una nueva especie de éstas o se subsumirían en alguna de las formas ya conocidas, o funcionarían en una permanente corruptela tolerada por mezquinos intereses económicos y/o políticos. Adviértase la realidad existente en aquellos ámbitos en los que, directa o indirectamente, se ha aceptado el retiro de fondos por parte de sus directivos, como los sindicatos: la realidad nos muestra dirigentes atornillados a sus sillones por largos años, empeñados en mantener la carrera gremial a toda costa y ascender lo más posible en la escala, concentrando el manejo político y económico institucional y vedando la participación democrática de los afiliados. Lógicamente, aquél que vive de una actividad determinada se resistirá a la pérdida de su fuente de ingresos. Por el contrario, propenderá al incremento de los mismos. Ello desvirtúa completamente el carácter no lucrativo de una noble actividad que se inició con el aporte voluntario de los trabajadores a los compañeros que se jugaban para representarlos frente a los patrones y el Estado. En este sentido, Páez (1)  ha sostenido que lo que ...define la asociación es la ausencia de lucro de parte de los corporados. La asociación se distingue y caracteriza en cuanto ella se limita a una postura común de facultades, de inteligencia y de conocimientos, fuera de toda idea de provecho pecuniario a favor de los componentes. Es, dentro de la terminología conocida del derecho societario, una unión de personas. Tal cual lo hemos dicho, sin duda que en su acepción genérica, el término asociación designa a todo grupo de personas organizadas en vista de un fin común, lucrativo o no. Pero ése es el sentido amplio. La    Editorial Errepar asociación propiamente tal es de otra naturaleza: ella está impedida de mezclar un fin utilitario particular a los asociados. De otro modo se convertiría en sociedad, especie de aquel género de denominación general. La asociación puede tener variados objetos: sociales, económicos, morales, políticos, etc. Un fin es esencialmente el que debe caracterizarla. La frase interés social aparece en casi todas las legislaciones y se sustituye en la nuestra por la equivalente de bien común,  que encierra la misma idea. Cumplir ese interés social o realizar ese bien común constituye la razón de ser de los grupos. Otro de los objetos puede ser la defensa de los intereses económicos de los miembros. Estos intereses pueden aparecer como perturbadores del concepto fin desinteresado o ausencia de lucro personal,  lo que es de la esencia de la asociación. Pero interés económico no quiere decir actividad susceptible de producir utilidades a favor de los asociados, porque puede tratarse de evitar una pérdida, lo que no podría constituir un beneficio en el sentido legal de esta palabra, que es acrecimiento de riqueza; ni fin desinteresado significa tampoco que el grupo esté impedido de obtener beneficios para la obra, aunque sí para los que la sostienen. Entre los objetos morales que como finalidad más común se proponen las asociaciones, y que por eso mismo más protección y estímulo merecen de la legislación positiva, esta idea de lucro es de difícil sino imposible percepción, de igual modo que en aquéllas de objetos políticos, como en las asociaciones que forma la opinión pública mediante los partidos cívicos. Ninguno de estos objetos exige que quienes los persigan aprovechen de ventajas materiales. La idea de lucro repugna así al derecho asociacional, y lo niega. Los hombres no están impedidos por las leyes de procurarse utilidades mediante la suma de esfuerzos combinados, pero en tal caso deberán adoptar tipos grupales de diferente caracterización jurídica: la sociedad es uno de ellos, y el principal. La asociación debe ser un conjunto armónico de esfuerzos individuales dirigidos hacia una noble finalidad,  en la que resalta el desinterés y en la que debe estar proscripto ese nefasto sentimiento que es el egoísmo.  Q uien no pueda sustraerse a él será un elemento perturbador y disociativo en la vida del grupo, que está en la obligación de repudiarlo . La asociación tiene un lema: solidaridad.  Es la esencia del espíritu asociativo y la fuente fecunda que hará loable la obra que el grupo realice. Las asociaciones debieran considerarse obligadas a educar al asociado, enseñándole que lo que hace digno el espíritu de cuerpo es principalmente la generosidad y el desinterés.    La situación patrimonial angustiosa de muchos clubes deportivos, deriva directamente de la violación de los conceptos vertidos precedentemente. Periodismo y opinión pública hablan de vaciamiento; la Inspección General de Justicia recibe permanentemente denuncias por manejos espurios de directivos en beneficio propio y en contra de los intereses sociales que debieran defender. Cabe preguntarse qué política será mejor para el saneamiento institucional de los mismos: sostener las banderas del bien común, el altruismo, la solidaridad, generosidad y desinterés persiguiendo los desvíos de fondos y objetivos; o legalizar las prácticas corruptas para que dejen de ser tales por imperio de la bonhomía legislativa, olvidando historia y tradición institucionales. Se ha pontificado hasta el hartazgo que, en caso de no transformarse los clubes en sociedades anónimas o aceptarse alguna forma de ingreso de capitales privados (gerenciamiento, fondos comunes de inversión, etc.), los clubes quiebran. Para rebatir esta argumentación, basta abrir cualquier diario de edictos judiciales, donde se advertirá sin lugar a dudas, la enormemente mayor cantidad de sociedades anónimas que quiebran, con relación a una proporción muy menor -casi nula- de asociaciones civiles. Podrá argumentarse que ello se debe a la existencia de muchas más sociedades anónimas que asociaciones civiles, lo que también es cierto. Pero jamás en tal desproporción.  Sin embargo, con ser categórico, éste no es ni el primer ni el único dato a considerar. Véase que siempre se nos trae el ejemplo europeo, omitiéndose prolijamente la circunstancia de la quiebra de muchos clubes a partir de su transformación en sociedades comerciales, mientras una de las entidades económicamente más poderosas, como lo es el Barcelona, sigue manteniendo la estructura asociacional y ni tan siquiera acepta vender la camiseta al mejor sponsor. Es decir, ni la asociación civil condena a la quiebra ni la sociedad anónima significa garantía alguna contra la ruina económica. Pero aún antes de todo esto, se considerarán los derechos adquiridos de los asociados, la imposibilidad legal de expropiar lo colectivo (social) en beneficio de unos pocos, la tradición e historia institucionales que pasarían a convertirse en patrimonio de un directorio, y un largo etcétera. Una suerte de despojo, según los términos del Dr. Facundo Biagosch. (2)  No sin razón, el doctor Guillermo Ragazzi (3)  denomina momento posmoralista del deporte refiriendo al contexto del que emerge el negocio deporte, el espectáculo deporte. Y recuérdese que el Código Civil define los actos jurídicos como aquellos actos voluntarios lícitos, que tengan por fin inmediato establecer entre las personas relaciones jurídicas, crear, modificar, transferir, conservar o aniquilar derechos (art. 944), fulminando luego de nulidad absoluto aquellos que tuvieren objeto inmoral. El objeto de los actos jurídicos deben ser cosas que estén en el comercio, o que por un motivo especial no se hubiese prohibido que sean objeto de algún acto jurídico, o hechos que no sean imposibles, ilícitos, contrarios a las buenas costumbres o  prohibidos por las leyes, o que se opongan a la libertad de las acciones o de la conciencia o que perjudiquen    Editorial Errepar los derechos de un tercero.  Los actos jurídicos que no sean conformes a esta disposición son nulos como si no tuvieran objeto (art. 953). Razones todas que no sólo desmienten la conveniencia de la transformación propuesta, sino incluso su viabilidad jurídica. Y que, por otra parte, explican el resurgir de asociaciones deportivas civiles quebradas, renacimiento impensable en cualquier sociedad comercial. En efecto, allí donde lo único comprometido es el interés económico, salvada la ropa y, con suerte, algunos acreedores, la persona jurídica dejará de existir con poca pena y ninguna gloria. La resurrección y/o permanencia de clubes como Racing, Deportivo Español, Atlanta, Témperley, Comunicaciones, sólo puede explicarse por tratarse de asociaciones civiles, cuyos objetivos inmateriales, espirituales, crean vínculos de identificación y pertenencia que ninguna sociedad lucrativa engendra. La epopeya de Témperley, una verdadera pueblada, emociona: la movilización abarcó no sólo a los asociados e hinchas. Los vecinos, los comerciantes, todos quisieron aportar su granito de arena, y entre todos lo hicieron posible. Es que, la comunión de voluntades en aras de aquellas satisfacciones espirituales a las que aludimos al inicio, crean un sentido de pertenencia que trasciende los propios límites institucionales y dimana hacia la comunidad a la cual la entidad está integrada, es parte y sirve. Se construye así un ida y vuelta que, en nuestro país, generó clubes centenarios, circunstancia sin parangón siquiera en los emprendimientos comerciales más prósperos. Antes bien, por la larga lista de bancos y empresas de los más variados rubros quebrados sólo se manifestaron sus empleados en aras de la defensa de la fuente de trabajo. Si todo esto igualmente se considerara insuficiente, las recientes experiencias de Quilmes y San Lorenzo nos están mostrando la verdadera cara de quienes se proponen como salvadores de clubes. En el primer caso, abandonando rápidamente el barco frente a números seguramente insatisfactorios para sus arcas. En el segundo, la empresa que venía a salvar al club (ISL) quebró en su país de srcen a menos de dos meses de frustrarse el contrato de gerenciamiento, dejando al descubierto que, en realidad, venía a salvarse con el club. Pero si aún lo hasta aquí expuesto fuera dejado de lado en interés de un mejor resultado deportivo, sirva de ejemplo el último mundial sub-21: dos selecciones nacionales sudamericanas y dos africanas en los cuatro primeros lugares demuestran que el poderío económico -que depende de la estructura productiva del país y no de la forma jurídica que adoptan las instituciones deportivas (sirva de ejemplo el ya nombrado Barcelona, institución poderosísima y múltiple compradora de cuanto valor joven destaca en el tercer mundo), termina resultando un obstáculo para la promoción del deporte en los estratos pre profesionales. En definitiva, la alternativa está planteada entre la asociación abierta a la comunidad, tradicional en nuestro medio, o la empresa de espectáculos sólo sensible al bolsillo de su propietario. Optamos claramente por la primera. Porque mientras el ser humano siga siendo tal, siempre tendrá necesidad de satisfacer aspiraciones espirituales. Como se dijo alguna vez, el hombre no sólo tiene que conquistar el pan sino también la poesía. Notas: S_DS_212_RyDA_8_q1   [1] Páez, Juan L.: Tratado teórico práctico de las asociaciones - Ed. Ediar - Bs. As. - 1964 - pág. 58 y ss. S_DS_212_RyDA_8_q2   [2] Biagosch, Facundo A.: Sociedades anónimas deportivas. Problemática que plantea la llamada transformación de asociaciones civiles en sociedades anónimas en el proyecto de ley sobre el deporte como actividad libre y voluntaria - LL - 3/9/1999 S_DS_212_RyDA_8_q3   [3] Ragazzi, Guillermo: El peligro de los fondos de inversión para el deporte - La Nación - 23/6/1996
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