BIOGRAFIAS DE RELIGIOSOS.docx

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  Plinio el Joven Escritor latino, autor de una colección de epístolas de interés literario que proporciona una nítida imagen de la vida pública y privada durante la época de Trajano. Sobrino e hijo adoptivo del erudito Plinio el Viejo, estudió retórica y leyes en Roma con Quintiliano. A los dieciocho años inició su carrera de abogado, en la que ascendió rápidamente. Tras ejercer como pretor, en el año 100 obtuvo el consulado bajo Trajano, de quien recibi
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  Plinio el Joven Escritor latino, autor de una colección de epístolas de interés literario que proporciona una nítida imagen de la vida pública y privada durante la época de Trajano. Sobrino e hijo adoptivo del erudito Plinio el Viejo, estudió retórica y leyes en Roma con Quintiliano. A los dieciocho años inició su carrera de abogado, en la que ascendió rápidamente. Tras ejercer como pretor, en el año 100 obtuvo el consulado bajo Trajano, de quien recibió múltiples honores y a quien, en agradecimiento, escribió el Panegyricus, su única obra de oratoria conservada. Posteriormente desempeñó varios cargos oficiales y publicó sus Epístolas, agrupadas en nueve libros, al que se añadió un décimo libro que contiene la correspondencia con Trajano. Aunque la posteridad ha valorado sobre todo su valor documental, estas cartas personales contienen numerosos elementos retóricos y poéticos. Cada una trata de un tema concreto, y en conjunto constituyen un lúcido retablo de las costumbres públicas y privadas de la sociedad romana de la época. Hijo de una familia adinerada, su tío, el naturalista Plinio el Viejo, fue su primer maestro y lo nombró hijo adoptivo en su testamento. Se trasladó muy joven a Roma, donde recibió una refinada educación bajo la guía de Quintiliano y del rétor Nicetes de Esmirna. Ejerció la abogacía desde los dieciocho años y adquirió una pronta reputación que le valió el ser elegido para desempeñar los más altos cargos administrativos: cuestor, tribuno de la plebe y pretor. Tras la caída del emperador Domiciano fue nombrado cónsul por Trajano en el año 100. Diez años más tarde fue enviado a Bitinia para investigar la corrupción en la administración municipal, donde, al parecer, murió poco tiempo después. Plinio el Joven contrajo matrimonio tres veces, pero no tuvo hijos; de su última mujer, Calpurnia, conservamos una viva y amorosa descripción en algunas de sus cartas. Siempre animado por sus ideales políticos y literarios, de los que dan fe las Epístolas, fundó una biblioteca en Como, a sus expensas. Tales aspiraciones se encontraban vinculadas a una gran fe en su ideal de honradez y probidad cívica, en nombre de la cual, en su condición de abogado, se esforzó siempre, incluso en los momentos difíciles, en favorecer a los amigos necesitados de su ayuda, o en la defensa de las leyes del Estado. Poseyó una sensibilidad moderna en su trato con los esclavos, sensibilidad que también se refleja en el nuevo e insólito modo de admirar el paisaje y la belleza del campo.  El anciano Simeón El anciano Simeón en el templo fue un contemporáneo de Jesús de Nazaret. Aparece en el Evangelio según San Lucas (Lc 2, 25 - 35), cuando Jesús, recién nacido, es llevado al Templo de Jerusalén para ser presentado al Señor. Simeón de quien el citado evangelio señala que era «justo y piadoso y esperaba la consolación de Israel» (v. 25), señalándose además que poseía un espíritu profético ya que «le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor»(v. 26). Al entrar Jesús en brazos de sus padres, se acercó al niño y le dedicó su famoso cántico, llamado por la Iglesia Nunc dimittis: Ahora, Señor, tu promesa está cumplida: ya puedes dejar que tu siervo muera en paz. Porque he visto la salvación que has comenzado a realizar ante los ojos de todas las naciones, la luz que alumbrará a los paganos y que será la honra de tu pueblo Israel. También profetizó a María, la madre de Jesús: ¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma! La anterior frase es interpretada por la tradición católica como profecía de la pasión de Cristo presenciada por su madre.  Ignacio de Antioquía Bernabé, el apóstol, según la tradición, uno de los fundadores de la comunidad cristiana de Antioquía de la que Ignacio llegó a ser obispo. No se sabe en qué año nació Ignacio ni tampoco en qué lugar. Se desconoce todo sobre su familia y las circunstancias en las cuales conoció el cristianismo. Se ignora también cuál fue su trayectoria dentro de la Iglesia. Una leyenda del siglo X le supone discípulo de Jesucristo en la persona del niño que aparece como protagonista en el pasaje bíblico de Mateo 18.15 Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: Os aseguro que si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. La primera noticia de sólida apariencia es que fue obispo de la ciudad de Antioquía. Lo afirma el propio Ignacio en una de sus cartas (Ad Rom. 2, 2). Lo aseveran Eusebio (HE III, 22) y otros Padres de la Iglesia, y así se le considera actualmente. Es un dato relevante, pues el episcopado de Antioquía era uno de los más prestigiosos de la cristiandad. Antioquía de Siria, conocida también como Antioquía del Orontes, Antioquía «la Grande» o Antioquía «la Bella», era en aquella época una de las principales ciudades del Imperio romano y la tercera urbe más poblada, después de Roma y Alejandría. Su población se calcula en doscientos mil o incluso medio millón de habitantes. No tenía buena reputación pues gran parte de su economía estaba orientada al ocio y el disfrute. Su carácter libre y cosmopolita atraía a muchas gentes que emigraban de diversos lugares trayendo las costumbres y creencias de su lugar de srcen. Se sabe por Flavio Josefo (Bellum 7, 46) que había en la ciudad una sinagoga judía numerosa y antigua que gozaba de privilegios especiales. Poco después de la muerte de Jesucristo, y marginados de esa sinagoga, se fundó en Antioquía otra comunidad religiosa, integrada por judeocristianos helenistas expulsados de Jerusalén. Según la tradición Bernabé, el apóstol, se encontraba entre ellos. Años después, Bernabé habría atraído a la ciudad a Pablo de Tarso, que pasó allí una parte prolongada de su vida, dejando una profunda huella de la que Ignacio es deudor. Pablo y Bernabé promovieron en Antioquía un cristianismo cuya práctica no exigía el cumplimiento de los preceptos de la Ley judía para los gentiles. Este cristianismo de cuño paulino estaba dirigido a la población greco-pagana de la ciudad y, en la medida en que se incluyó a estos gentiles en el pueblo de Dios en plena igualdad y participación en el culto, la nueva comunidad se situó cada vez más al margen de la antigua sinagoga. Las tensiones entre la sinagoga judía y la iglesia cristiana por cuenta de la observancia de la Ley condujeron a una ruptura que quedó significada con el nombre dado a la nueva comunidad. Según los Hechos de los Apóstoles (Hch 11, 26), Antioquía fue el primer lugar donde «los discípulos fueron llamados  cristianos», es decir, el primer lugar donde dejaron de ser llamados secta del judaísmo. Con esa denominación, acuñada en el exterior de los círculos cristianos, se constató la aparición de una «tertium genus», un tercer género de gentes que no eran judíos pero tampoco paganos. Posteriormente, el modelo paganocristiano practicado en Antioquía fue exportado por Pablo a otras ciudades del imperio formando de esta manera comunidades de cristianos gentiles. Se puede decir por eso que Antioquía es «madre de las iglesias de la gentilidad». Condena a muerte Busto de Trajano, conservado en la Gliptoteca de Múnich. Ignacio era obispo de Antioquía cuando fue condenado a muerte en tiempos de Trajano acusado, es de suponer, de profesar el cristianismo. En sus cartas, Ignacio se describe a sí mismo utilizando el término griego «katakritos» (condenado a muerte), lo que no aclara las circunstancias de su detención. En otros lugares afirma llevar cadenas «por causa del Nombre» (Ad Eph. 1, 2), refiriéndose a Jesucristo. A finales del siglo XIX, Joseph Barber Lightfoot pensaba que Ignacio había sido detenido en el transcurso de una persecución en contra de los cristianos. Sin embargo, el hecho de que en la correspondencia de Ignacio no se encuentren referencias al respecto y que su principal preocupación parezca ser la organización de las iglesias a las que escribe ha llevado a postular asimismo que Ignacio pudo ser detenido a causa de un enfrentamiento habido dentro de la comunidad antioquena entre dos grupos o facciones cristianas representantes de órdenes eclesiales distintos: los así llamados «ministeriales» y los «carismáticos». Como obispo de Antioquía, Ignacio pertenecería a la clase ministerial y la tensión con esos elementos carismáticos pudo generar un conflicto de tal magnitud que las autoridades de la ciudad detuvieran a Ignacio para solucionarlo. Eso explicaría la insistencia con que aboga en sus cartas por mantener la unidad en torno a la jerarquía eclesiástica. ... corred a una con la voluntad del obispo. La falta de noticias fidedignas sobre su detención incentivó la fantasía del autor del Martirio colbertino, que ideó un diálogo ficticio entre Ignacio y el emperador Trajano. En ese diálogo, escenificado en la misma Antioquía, Trajano pregunta con arrogancia: ¿Quién eres tú, demonio miserable, que desobedeces mis mandatos...? La respuesta de Ignacio es la que cabría esperar de él. Nadie llama miserable al portador de Dios, al «Teoforo». Trajano, contrariado, le sentencia a muerte.
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