Bazar Americano | Truth | Politics

Please download to get full document.

View again

All materials on our website are shared by users. If you have any questions about copyright issues, please report us to resolve them. We are always happy to assist you.
 8
 
  i
Related documents
Share
Transcript
  10/20/2016 BazarAmericanohttp://www.bazaramericano.com/resenas.php?cod=624&pdf=si 1/7 Editora Ana Porrúa Consejo editor Osvaldo Aguirre / Irina Garbatzky Matías Moscardi / Carlos Ríos Alfonso Mallo Columnistas Paulo Ricci/ Ezequiel AlemianNora Avaro/ Juan José BecerraGustavo Bombini/ Miguel DalmaroniYanko González / Alfonso MalloMarcelo Díaz/ Jorge WolffAníbal Cristobo/ Carlos RíosRafael Arce/ Ana PorrúaAntonio Carlos Santos/ Mario OrtizJosé Miccio/ Adriana AstuttiEsteban López Brusa/ Osvaldo AguirreFederico Leguizamón/ David WapnerJulio Schvartzman Colaboran en este número Diego Colomba/ Matías MoscardiPaula Tomassoni/ José MiccioSantiago Venturini/ María Celia VázquezUlises Cremonte/ Sara BosoerJoaquín Correa/ Sandra GaspariniCarlos Fonseca Suárez/ RodrigoMontenegroFranca Maccioni/ Daniela Alcívar BellolioSilvio Mattoni/ Valeria Sager Curador de Galerías Daniel García Diseño Marco Bernich << volver a reseñas anteriores << Analía GerbaudoEntender lo que nos pasó Los espantos. estética y posdictadura  , de Silvia Schwarzböck, Buenos Aires,Cuarenta Ríos (Las cuarenta y El río sin orillas), 2016. Este libro de Silvia Schwarzböck es el primero de una colección imaginada por DiegoCaramés y Gabriel D’Iorio para «pensar el derrotero de la cultura argentina de las últimasdécadas a partir de una mirada generacional o, al menos, de una mirada afectada por laépoca de un modo intelectual y afectivamente intenso», tal como anuncian en «La vidainterpelada. Prólogo a Los espantos  ». Una colección que se materializa gracias al «esfuerzocooperativo» de El río sin orillas y la editorial Las cuarenta reunidos bajo el poco ortodoxonombre de Cuarenta Ríos.Contrariamente al tipo de ensayos que Schwarzböck publicaba en la revista El río sin orillas   (pienso, por ejemplo, en «La fiesta y el gasto» incluido en el número 5 de octubrede 2011), en este no llega hasta el presente sino tangencialmente. Y allí radica parte de supotencia: el ensayo lleva el análisis de los materiales que toca a un arco temporal expandidoque comprende desde la Argentina del 30 hasta la del 2003 y deja que el lector, en base aese escudriñamiento, saque sus conclusiones. Quien esto escribe es, por lo tanto, uno deesos lectores que probablemente lleve sus tesis un poco más allá de lo que el texto ratifica(para empezar, por leer desde las formulaciones de Jacques Derrida una produccióninspirada fundamentalmente en Theodor Adorno). Quien esto escribe, además, conjeturarespecto de lo que el ensayo, fuera de la moral y de las prescripciones de todo orden, nomuestra pero sugiere, no menciona pero deja entrever en un gesto de absoluta confianza deSchwarzböck respecto de lo que pueden tanto su escritura como sus destinatarios.Digamos, para empezar, que por su carácter filoso, Los espantos hace serie con dostrabajos. O más bien, con dos conceptos inscriptos en diferentes artículos firmados porElizabeth Jelin y por Rossana Nofal entre los que destaco dos: Los trabajos de la memoria   deJelin (publicado en 2002 y reeditado en 2012 con un nuevo prólogo que actualiza el estadode la discusión sobre los problemas que aborda) y «La guardarropía revolucionaria en laescritura de Laura Alcoba» de Nofal (publicado en 2014 en la revista El taco en la brea  ,disponible on line). Si por un lado Jelin, desde la sociología, observa la dominante del«familismo» al momento de revisar quién se autoriza a hablar desde el espacio de losderechos humanos en Argentina, Nofal desde los estudios literarios compone el concepto«cuentos de guerra» para leer la literatura testimonial sobre la violencia política y la represiónestatal de los años sesenta y setenta posibilitando una interpretación que acentúa el lugar delas autofiguraciones que desde el presente se sobreimprimen sobre los hechos del pasadoque se evocan y se reconfiguran desde la narración actual. Tan incómodo como estosconceptos es el de «postdictadura» que Schwarzböck aporta en Los espantos (y que escribocon el prefijo “post” para diferenciarlo del propio que ensayé en Políticas de exhumación  , unlibro recientemente publicado, también en coedición, entre la Universidad Nacional del Litoraly la Universidad Nacional de General Sarmiento). Una incomodidad generada, en los trescasos, por desacomodar modos expandidos de leer el pasado reciente y el presenterevelando, en el mismo movimiento, cristalizaciones de sentido común de género y de clase,entre otras. En esta presentación me detengo en las desarticulaciones provocadas por lasdecisiones que Schwarzböck toma al escribir este ensayo.La primera decisión que cabe subrayar transparenta la posición desde la que leemientras coloca a su texto en equivalencia con un clásico: en principio se podría decir que Nuestros años sesenta de Oscar Terán es a la década que va entre el 56 y el 66 lo que Los espantos es al período que va entre 1984 y, me atrevo a arriesgar, 2003 (vuelvo másadelante sobre este señalamiento y su porosa demarcación). Y si alerto «en principio» esporque el libro de Schwarzböck no solo comprende el período que de modo más o menosconvencional (y no sin controversias) delimitamos como posdictadura sino que va mucho másatrás (y deja abierta la expansión en un movimiento hacia adelante que llega hasta nuestrosdías): lo que intenta hacer ver es hasta qué punto somos herederos de decisiones políticas yeconómicas que ratifican las dictaduras pero que se pergeñan mucho antes de la última eincluso del onganiato al punto de que estas terminan siendo un pretexto para consolidar unsistema de dominación económica, cultural y simbólica que se sirve de la lucha contra la«subversión» a modo de excusa auto-legitimante para ocupar el Estado (y no solo durante elgobierno instaurado mediante el golpe). Para esto se vale además del análisis de textos jurídicos, filosóficos, periodísticos, etc., de films y de literatura. Una decisión que se apoya enla posibilidad de esta última de «poder decirlo todo», como aprendimos a leer junto a Derrida:una fantasía cuyo carácter excesivo no menoscaba el potencial trabajo con el “como si”, elincierto juego pragramatológico que el arte abre a la recepción cada vez que cruza bordesque ningún otro discurso osaría atravesar. Bordes de uso de la lengua y también de historiasque vía esos usos de la lengua se ponen en texto. Es a través de este cruce queSchwarzböck desliza una conjetura que me atrevo a expandir: «si nuestros años sesenta  –enla lectura de Terán- son la protohistoria de nuestros años setenta», la posdictadura es laprotohistoria de este presente cuya rotulación solo puedo imaginar a partir de la ironía septiembre-octubre 2016, AÑO XI, Nº 58 InicioColumnasLibreta/SarloReseñasReportajesEncuestasGaleríasRescatesRecomendadosCajasHipermedialesPunto de VistaBuscadorContacto  10/20/2016 BazarAmericanohttp://www.bazaramericano.com/resenas.php?cod=624&pdf=si 2/7 mordaz del narrador que Félix Bruzzone se inventa en Los topos  . Un tiempo «post-post»: A los años sesenta argentinos, según Oscar Terán, hay que introducirse por la filosofía  . Así lo pide el objeto: son años sartreanos, años de formación de una nuevaizquierda, años en los que el peronismo, proscripto, aparece como una clase, laclase trabajadora. El objeto mismo es filosófico, si nuestros años sesenta   –en lalectura de Terán- son la protohistoria de nuestros años setenta.El objeto de este ensayo, en cambio, pertenece al género de terror. Es un objetoestético, antes que filosófico-político. Los espantos   encarnan, en el modo de laficción pura, lo postdictatorial de la Argentina. Por eso, para introducirse a ellos, hayque hacerlo por la estética, la parte de la filosofía que, después de Adorno, sededica a pensar rigurosamente, con tanto rigor como la política, en términos de noverdad. La segunda decisión que toma es la que permite no solo entender lo que nos pasósino lo que nos pasa. Hablo de un «nosotros» del que participan no sólo los actores que sereconocerán, casi al final de este escrito, conscientemente afectados como tales por algomás que un conjunto desafortunado y eventual de acontecimientos locales (acepción queintenta referir, en este caso, al territorio nacional). Hablo de la sutil entrada, a partir decategorías de la estética, al análisis de las grietas que separan realidad de deseo, juicio deconocimiento de juicio de sentimiento. Hablo de cómo logra, a partir de estas mismascategorías, desmantelar las calibradas e inteligentes operaciones a partir de las cuales sehabilita que la derrota se presente como victoria mientras correlativamente, la victoria seexhibe deliberadamente como la derrota que no fue. Hablo de mucho más que una “batallacultural” (aunque también se libre una batalla cultural). Hablo de una pugna por el gobiernoentendida como posibilidad de desplegar un programa económico, educativo, científico ycomunicacional que logre por fin, para la clase que lo promueve, que sea el Pueblorepresentado el que lo lleve al triunfo. Ese Pueblo que contra sí mismo vota un modelo queexcede el que defiende un partido o una agrupación de partidos de un paisito del sur deAmérica Latina. Ese Pueblo que no supimos escuchar quienes hablábamos en su nombredesde las universidades públicas, los organismos de gestión estatales, el sistema científicocon sus aparatos de divulgación, la Biblioteca Nacional y un largo etcétera, figurándonos elPueblo irrepresentable, el que queríamos que fuera y que no fue (¿será?, ¿será como quiereque sea o quería que fuera Juan Gelman en su ya clásico poemario País que fue será, escrito entre 2001 y 2002?): No verdad es lo que significa la democracia, tanto en el círculo del arte como fuerade él: opinión, discurso, disenso, perspectivismo, economía cultural, producción delo nuevo como trasmutación de un valor vigente, no creencia en la srcinalidad,retorno a un lugar de comienzo.Lo contrario de la no verdad, cuando lo no verdadero no es lo falso, es el ordensocial justo que iba a fundar la revolución tras su victoria: la patria socialista. Entre laperspectiva de la verdad y la de la no verdad, en Argentina, media la dictadura.Todo revolucionario argentino, a comienzos de la década del setenta, habla ennombre de otra vida que la vida de derecha: la vida verdadera, la vida que leatribuye al Pueblo, al Pueblo irrepresentable, no al Pueblo representado.La relación entre el revolucionario y el Pueblo, en un contexto así, no está mediadapor un juicio de conocimiento (un juicio que podría ser falsado, si el Pueblo no sediera a la presencia), sino por un juicio estético en el que el Pueblo, como portadorde la vida verdadera, no necesita aparecerse como objeto, porque el objeto de ese juicio es un no objeto, el Pueblo irrepresentable, no el Puelo representado, el Pueblohecho número, el Pueblo que vota al FREJULI en 1973 y reelige a Menem en 1995.El juicio del revolucionario, para la filosofía política, es un error; para el psicoanálisis,una alucinación: lo piensan, en los dos casos, como un juicio de conocimiento, nocomo un juicio estético. Para la estética, la no verdad de ese juicio (cuya fórmulasería: ‘esto es sublime’) proviene de una práctica legítima, que se vuelve inevitablecuando un sujeto siente, en una situación concreta, que la experiencia que estáviviendo, por su intensidad, desborda sus sentidos, sin importar que el objeto estépresente.La no verdad, aplicada al juicio de quien cree cercana la vida verdadera, impidehablar de error o alucinación (…). En el lugar del conocimiento aparece el placer, elplacer ante una presencia suprasensible, la del Pueblo irrepresentable Junto a esta distinción y junto a la perturbación que supone, Schwarzböck inscribe elconcepto de «postdictadura». Un concepto que, contrariamente a mis (si bien agujereadas)demarcaciones (aunque demarcaciones, de todos modos), lee la persistencia de un tiempoen otro a partir de los restos de un modelo económico pero también estético y cultural, másallá de la obvia y transitada apelación al fin del «terrorismo de Estado» como fin de ladictadura:   10/20/2016 BazarAmericanohttp://www.bazaramericano.com/resenas.php?cod=624&pdf=si 3/7 Los espantos, por pertenecer al género de terror, piden a la estética para ser leídos.Lo que en democracia no se pude concebir de la dictadura, por más que sepadezcan sus efectos, es aquello de ella que se vuelve representable, en lugar deirrepresentable, como postdictadura: la victoria de su proyecto económico / laderrota sin guerra de las organizaciones revolucionarias / la rehabilitación de la vidade derecha como la única vida posible.La postdictadura es lo que queda   de la dictadura, de 1984 hasta hoy , después de suvictoria disfrazada de derrota. Como bien observa Horacio González en El peronismo fuera de las fuentes  , presente,pasado y futuro se anudan «de un modo más opaco de lo que llegó a percibir el presidenteAlfonsín cuando, en una de sus alocuciones durante las asonadas militares que entrecortaronsu período, propuso: ‘por un momento una ráfaga del pasado nos ha rozado’». Son justamente estas convivencias las que insinúan el carácter simplificador de cualquier cortetemporal que pretendiera alisar bajo rótulos englobantes complejos momentos de nuestracultura que suponen «formas de vida» en conflicto. Porque la pregunta de González respectode si la democracia supone «una forma de vida» (7), trae consigo una impronta afirmativaque no aplaca la atención a lo incompleto, a lo que resta y a lo «por-venir». Es en esta líneaque en un texto reciente sobre las clases de los críticos en la universidad argentina de laposdictadura me atreví, no sin prevenciones, a esbozar una periodización respecto de susdiferentes momentos mientras resaltaba su muy relativo «fin» (hoy no solo subrayaría eltérmino «relativo» sino que lo complementaría con el ya citado rótulo robado al personaje deBruzzone). Momentos trazados junto al énfasis en el carácter superfluo de «toda hipótesis demarcha» identificada con un estado de las cosas conquistado «para siempre» y/o sin restos,sin vestigios residuales, sin emergencias «monstruosas», sin fisuras. Como bien observaGonzález, cuando se hablaba del pasaje de « la anomalía dictatorial a la democracia recobrada  » se trazaba «un arco que calcaba los modelos ejemplares de tránsito cultural, desde la oscuridad a la razón y desde la barbarie a las luces civilizatorias  ». Por efectomágico la historia «se repartía en dos y comprendía en el hemisferio recobrado todo lo queuniformemente pertenecía a la vida buena, plausible».Respecto de este punto, quisiera destacar que el libro de Schwarzböck va mucho más allá:es la categoría de estética de la «explicitud» la que emplea para detectar los puntos en losque se materializa la victoria de los esquemas económicos y culturales que se consolidarondurante la dictadura. Una victoria que se afianza en la década del noventa (y que, agrego, sereafirma en el estado «post-post» del presente): Lo que la dictadura depara con su victoria económica –los espantos: un plural sinsingular– no se hace explícito, como objeto estético, ni bien los represores dejan elgobierno: recién entra en el régimen de la apariencia pura, convirtiéndose en unobjeto explícito, en la década del noventa.(…) Para que los espantos espanten con seriedad justo en el momento histórico enel que ya no necesitan ocultarse, se tiene que abandonar, en la operación derepresentarlos, el lenguaje negativo, antiexplícito, que fue característico del arte postAuschwitz.(…) Cuando finalmente la tecnología, con internet, se adecua a los deseoshumanos, la estética explícita ya es, de manera ostensible, la estética hegemónicade la sociabilidad contemporánea. La lógica de la «explicitud» es la de la cámara: «si alguien poderoso no oculta su accionarclandestino a la mirada de la cámara es porque se considera a sí mismo, más allá de lascríticas que pueda recibir, como inmune a toda destitución. Si todo lo que pueda criticárseleno alcanza para que su poder merme, ese poder aumenta, por el solo hecho de que no hapodido mermar». Este incisivo análisis junto a su interpretación de ciertos hechos políticos delos setenta permiten leer los hechos políticos del presente con la lucidez aguda que noencontré en ningún trabajo académico de los últimos meses (su libro, cabe aclararlo, lleva unprólogo que Caramés y D’Iorio datan en diciembre de 2015, es decir, apenas había asumidoel gobierno de «Cambiemos»: en definitiva, antes de los Panamá papers   y del cinismodespreocupado con que se admite la participación en estos negociados, más todo lo que vinodespués y que ya aquí parece avizorarse). Su interpretación de la relación de «Montoneroscon el Pueblo irrepresentable», su interpretación de la relación «de la democracia con elPueblo representado» tramada en términos de «no verdad», es decir, de «juicio estético»(más acá y más allá de que esas relaciones se hayan fundado en la «voluntad de verdad»)permite entender la sorpresa de muchos, no solo por el triunfo de Mauricio Macri en lasúltimas elecciones presidenciales sino por la derrota de Daniel Scioli. Derrota porque era entérminos de victoria en primera vuelta como muchos habíamos imaginado el escenario. Sibien Schwarzböck no habla directa y específicamente de este corte del presente, su lecturade aquel escenario de los setenta lo ilumina: «si hay que introducirse a los espantos por laestética, no es para desocultarlos como algo que está oculto», aclara, «sino para detenerseen la apariencia, como haría una cámara, para ver qué hay cuando nadie mira».La metáfora inteligentemente robada al cine de Lucrecia Martel es el hilo que hilvanala escritura: es La mujer sin cabeza   el cuento que se cuenta para pensar la figura de «losespantos». Pero no es sólo este cuento que tiene como personaje a Verónica (la odontólogaque mientras atiende el celular atropella en la ruta a un niño o a un perro y sigue, sin  10/20/2016 BazarAmericanohttp://www.bazaramericano.com/resenas.php?cod=624&pdf=si 4/7 detenerse, sin volver atrás) el que se trae, si bien es el que sobresale. La referencia amujeres «sin cabeza» envía a la catequista de La niña santa y a Tali en La ciénaga. Estosenvíos, si bien ocupan un lugar marginal en el texto, tienen un sitio clave en la ácida lecturarespecto de nuestros andares cotidianos y respecto del lugar que en esos andares juegan laposición de clase y dentro de ella, la educación a la que se accede, tanto la formal como lano formal (esa que crea los habitus   más enquistados y contra la que la formal debe trabajarmuchísimo si lo que quiere es menguarlos). Como se verá en el pasaje que a continuacióntranscribo, Schwarzböck pasa de Martel a Proust y de ambos a la lectura de la relación entreclase y poder en la Argentina desde el 30 hasta un insinuado presente: La impunidad de Vero, no obstante, no necesita inteligencia: está garantizada por sufamilia, que tiene vínculos con los tres poderes del Estado. Esos vínculos –que no leagregan ninguna distinción a su persona- la hacen pertenecer, de suyo, a una claseacomodada.Al comienzo del segundo tomo de En busca del tiempo perdido  , la madre delnarrador no termina de entender por qué el Marques de Norpois ha aceptado uncargo en un gobierno que –según él mismo dice– representa a las clases popularesy no a la propia. Lo que ella no concibe –por ser de clase burguesa y creer en lameritocracia– es que un aristócrata, para mantener sus privilegios, se ensucie lasmanos con la política. El narrador, en cambio, sí lo entiende: lo que hace el Marquéses lo mismo que hicieron sus antepasados, de lo contrario, no tendrían privilegios.A partir del golpe de 1930, son las élites militares las que imponen la costumbre deocupar el Estado a través de la familia. Las familias oligárquicas ingresan a laadministración pública en el primer estrato, que es el más contingente, pero dejanlas capas familiares en la segunda línea, que es la que va a permanecer y hacercarrera. Así cuando el funcionario se va, los parientes nombrados quedan. Lo mismosucede en la justicia, en las fuerzas armadas y en las empresas estatales. Lo que Schwarzböck ataca es no solo la liviandad y la frialdad con que se consumenrelatos y archivos que suponen una «mirada posthumana» (las filmaciones de Guantánamo,las fotos de las torturas en la cárcel de Abu Ghraib durante la guerra de Irak, entre otros) sinoque también delata el atontamiento y la seducción generada por discursos que encarnan unaforma de vida. Una «vida de derecha». Una vida que en Argentina se promociona durante elmenemismo (y agrego, también en los discursos de campaña que llevaron al triunfo de«Cambiemos» durante las últimas elecciones). Schwarzböck precisa por qué en su momentoMenem lleva a sus opositores a enredos que impiden cuestionar radicalmente la políticaeconómica que conducirá a la crisis del 2001 (similares artilugios, coronados por unestratégico slogan de campaña, serán los que lleven a Macri a la presidencia: similituddefinida por una exhortación que supo tocar los puntos de condensación del deseo delPueblo representado mientras se con-fundía arteramente el destino del gobierno del Estadocon un concurso de «Bailando por un sueño», incluida en esa fantasía la banalidad con laque se prometía la solución casi automática –y por lo tanto, mágica– de los conflictosentonces existentes): Los opositores, si aspiraban a ser gobierno, debían prometer más Convertibilidadmientras criticaban lo que el propio ismo les ofrecía, a modo de imágenes explícitas,como su fiesta y su gasto (el consumo en cuotas de artículos importados como lacontracara de la desindustrialización; los canales de TV recién privatizados, llenosde ‘pechos como globos aerostáticos’, como la contracara del Nuevo CineArgentino; los indultos a los comandantes de las juntas militares como la contracarade la autocrítica del papel de las fuerzas armadas en la dictadura hecha por sucomandante en jefe, Martín Balza). «En cuanto al pacto de gobernabilidad con los poderes establecidos, el menemismo (queduró 12 años: de 1989 a 2001) es una continuación acelerada del alfonsinismo»: estaafirmación se repite algunas páginas más adelante. Solo una mirada apresurada podría verallí un fallido. Schwarzböck incluye al breve gobierno de la Alianza dentro del mismo «ismo»y con idéntico énfasis señala, como vimos en la cita anterior, los puntos en que ni siquiera enla campaña este modelo se volvía objeto de cuestionamiento. Importa consignar losfundamentos que le permiten constatar una continuidad entre los años de Alfonsín y los deMenem (prácticamente los mismos fundamentos que llevaron, en mi caso, a hablar deposdictadura para estos períodos): No sólo por los indultos a los Comandantes, que completan las leyes de Punto Finaly Obediencia Debida, sino por consumar el proceso de desindustrialización iniciadoen la dictadura (y no revertido por el gobierno radical) y el desmantelamiento delEstado (con la privatización de las empresas públicas y el traspaso de las escuelasnacionales a las provincias y los municipios) sin alterar su funcionamiento mafiosoen las áreas de Seguridad y Defensa (aunque, en este punto, Menem es más sutilque Alfonsín, porque le quita poder territorial a las tres Fuerzas, al eliminar elservicio militar obligatorio, mientras les habilita pingües negocios, como el tráfico dearmas).
Related Search
We Need Your Support
Thank you for visiting our website and your interest in our free products and services. We are nonprofit website to share and download documents. To the running of this website, we need your help to support us.

Thanks to everyone for your continued support.

No, Thanks