34. México 1923 - Primer Congreso Feminista Panamericano

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  307 Gabriela Cano memoria  308 memoria  309 Gabriela Cano México 1923: Primer CongresoFeminista Panamericano Selección e introducción: Gabriela Cano L os estudios históricos sobre el feminismo mexicano han pues-to de relieve, por una parte, al Congreso Feminista de Yucatán(1916), y por la otra, a las organizaciones de los años treinta, enespecial al Frente Unico Pro-Derechos de la Mujer. En cambio, es menosconocida la intensa actividad desarrollada por las feministas en losaños veinte.El Primer Congreso Feminista de la Liga Panamericana de Mujeres,celebrado en la ciudad de México en 1923, tiene especial significación entanto sintetiza buena parte de las concepciones y de los objetivos políti-cos que orientaron las acciones del feminismo en esa década.El antecedente inmediato de este Primer Congreso FeministaPanamericano fue la asistencia de una delegación mexicana —forma-da por Elena Torres, Eulalia Guzmán, Luz Vera, Aurora Herrera, MaríaRentería y Julia Nava de Ruizsánchez— al Congreso de Mujeres Vo-tantes celebrado en la ciudad de Baltimore, Estados Unidos, en 1922.Estuvieron presentes ahí también delegaciones de varios países lati-noamericanos y del Caribe, las cuales en ese momento integraron laLiga Panamericana de Mujeres. Como presidente honoraria de este orga-nismo se nombró a la sufragista norteamericana Carrie Chapman Catt ylos cargos de vicepresidencia los ocuparon, respectivamente, la pana-meña Ester Neira de Calvo, la brasileña Berta Lutz y la mexicana ElenaTorres. Al año siguiente, esta última promovió la organización, en laciudad de México, de nuestro Congreso.El panamericanismo, al plantear una supuesta igualdad y coinci-dencia de intereses entre todos los países del continente americano, his-tóricamente ha encubierto los afanes de dominio político de los EstadosUnidos sobre las naciones latinoamericanas. Sin embargo, el carácterpanamericano del congreso feminista de 1923 no quita que éste plantea-ra una serie de demandas de género significativas para importantes sec-  310 memoria tores de mujeres mexicanas ni que su realización haya impulsado eldesarrollo del feminismo en nuestro país.La asistencia a este congreso fue de más de cien personas, en sumayoría mexicanas, provenientes de por lo menos veinte estados de larepública. Entre muchas otras, podemos mencionar a Luz Vera, Margari-ta Robles de Mendoza y Elvia Carrillo Puerto, así como a las médicaspioneras Matilde Montoya y Columba Rivera. Hubo representantes deorganismos internacionales, entre otros, la Liga Internacional de Muje-res Votantes, la YWCA , el Consejo Latinoamericano de Mujeres Católicasy la Liga Norteamericana para el Control Natal.En su momento, la realización de este congreso mostró cómo, aunsin contar con el reconocimiento jurídico de sus derechos políticos ycontra el peso de la tradición, había mujeres en México que con los me-dios a su alcance —la organización y la divulgación de sus ideas—actuaban políticamente para tratar de influir en la construcción de lanación postrevolucionaria y, al mismo tiempo, para ampliar sus posibi-lidades de autodeterminación personal. En la práctica, las feministas seconvirtieron en un sujeto político, aun cuando en ese entonces no existie-ra para las mujeres la posibilidad de expresarse mediante el sufragio.Más allá de la trascendencia efectiva que pudieran tener las pro-puestas del Congreso, la experiencia de participar en él dejó huella en lasubjetividad de las asistentes: “Muchos buenos frutos pueden cosecharsede este Congreso, pero si otra cosa no pudiera encontrarse de positivovaler, bastaría con el espectáculo confortante de la energía y del valor delas mujeres aquí congregadas”, reflexionaba Luz Vera, al pronunciar eldiscurso de clausura.Las participantes en el Primer Congreso Feminista Panamericanotenían serias diferencias políticas entre sí. La meta común era “la eleva-ción de la mujer”, pero ésta podía entenderse de formas diversas, inclusocontrapuestas. Los debates fueron intensos. No obstante, las congresis-tas llegaron a acuerdos, ya que estaban convencidas de la necesidad dela acción colectiva para “el mejoramiento de la mujer en todos los aspec-tos de la vida personal”, según afirmó Luz Vera al hacer el balance finalde la reunión. Las diferencias se lograron salvar, al menos por el momen-to, y el Congreso llegó a una serie de resoluciones que constituyen unverdadero proyecto de acción política feminista.Según se desprende del documento resolutivo, la “elevación de lamujer”, era un proyecto político complejo que contemplaba reformas le-gales, creación de instituciones y cambios culturales tendientes tanto a
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