04 - Historia_ La tenencia de la tierra entre los antiguos mexicanos por Alfonso Caso.pdf

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  LA TENENCIA DE LA TIERRA E N T R E LOS ANTIGUOS MEXICANOS por Alfonso CASO Si se examinan con atención las informaciones que nos dan los antigxios cronistas y autores españoles e indios que tratan especialmente el asunto de la tenencia de la tierra entre los antiguos mexicanos, asom­ bra cómo ha podido llegarse a conclusiones tan falsas como las que, partiendo de los estudios de Morgan y Bandelier, estuvieron en boga en el primer cuarto de este siglo.^ A pesar de lo que generalmente se cree, la
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  LA TENENCIA DE LA TIERRA ENTRE LOS ANTIGUOS MEXICANOS por Alfonso CASO Si se examinan con atención las informaciones que nos dan los antigxios cronistas y autores españoles e indios que tratan especialmente el asunto de la tenencia de la tierra entre los antiguos mexicanos, asombra cómo ha podido llegarse a conclusiones tan falsas como las que, partiendo de los estudios de Morgan y Bandelier, estuvieron en boga en el primer cuarto de este siglo.^ A pesar de lo que generalmente se cree, las informaciones que proporcionan las fuentes son concordantes en la mayoría de los ca sos,  sobre todo en los aspectos fundamentales, aunque naturalmente hay también en los antiguos autores, faltas de información o de inteligencia de lo que les comunicaban los informantes indígenas. Pero cuando un error se repite, deja de ser puramente individual y debe haber causas objetivas que expliquen la coincidencia en la falsa apreciación. Creemos que en la materia que nos ocupa, esas causas son claras y pueden ser enumeradas, como ya lo hicimos desde que en 1930 nos ocupamos de esta materia, v en un trabajo anterior.' La primera causa de error es hablar de  mexicanos,  entendiendo por tales todos los indígenas que habitaban a principios del siglo xvi el territorio de lo que es actualmente la República Mexicana. 1 Morgan, L. 1878. Bandelier, 1880. - Caso, A. 1954. 29  30 MEMORIA DEL COLEGIO NACIONAL Ahora bien, ya los mismos habitantes de Tenochtitlan, Tezcoco, Tacuba y las otras ciudades del Valle de México, informaron a los españoles que había unos indios que llamaban  chich'míecas  que tem'an un genero de vida muy diferente al de las naciones indígenas establecidas en los Valles del Altiplano. En consecuencia, es un error fundamental confundir las noticias que se tienen sobre las naciones sedentarias del centro y sur de México y de otras partes de Mesoamérica, con lo que sabemos sobre la organización social y económica de las tribus nómadas y semi-nómadas que habitaban en la Meseta, fuera de los límites de iMesoamérica, y en el norte del país. El segundo error fundamental consiste en aplicar lo que sabemos de una nación indígena a todas, creyendo que se trata de una organización idéntica en todos los lugares de México, sin comprender que la situación política, social y económica era muy diferente entre los diferentes pueblos y que no podemos aplicar lo que se sabe de un pequeño poblado, en el que la diferenciación social casi no existía y en el que las diferencias eran más que nada de sexo, edad y rango, con una ciudad como Tenochtitlan, capital de un verdadero estado y cabeza de un imperio. El tercer error consiste en confundir lf)s datos que dan las fuentes y que se refieren a un momento de la historia del pueblo azteca, por ejemplo, a su pereorinación antes de fundar Tenochtitlan, con lo que sucedió después de la fundación y sobre todo, después que los aztecas derrotaron a los tcpanecas de Atzcapotzalco. Para que se comprenda la magnitud de este error, es como si se quisiera explicar la organización social y política de Atenas en la época de Pericles, utilizando como fuentes la Ilíada y la Odisea. El cuarto error, es la falta de profundidad histórica. Se piensa ingenuamente que los aztecas  inventctron  el tipo de organización social y política que tenían en el momento de la conquista española, sin considerar que en esta materia, como en tantas otras, los aztecas continuaban las tradiciones de sus predecesores y recibían las influencias culturales de pueblos más adelantados, que ya habían desaparecido en  LA TENENCIA DE LA IIERRA ENTRE LOS ANTIGUOS MEXICANOS 31 el siglo XVI, pero no sin dejar una fuerte huella en sus herederos en el dominio del Anáhuac. Antes de los aztecas existió en el Valle de México una cultura emparentada con la cultura Mixteca-Pucbla, y una ciudad:  Tula,  cuya influencia se extendía hasta lugares tan distantes como Sinaloa y Yucatán, los Altos de Guatemala y Guerrero. Pero claro es que no se podía tomar en cuenta a los toltecas a principios de este siglo, pues tanto Seler^ como Brinton'* los consideraban mas bien como antepasados míticos de los aztecas, que como un pueblo que realmente hubiera existido y lo que entonces se consideraban los restos miserables de Tula, en el Tintado de Hidalgo, no podían alegarse en favor de la existencia de esta gran metrópoh. Lo que resulta increíble es que la indudable existencia de las pirámides de Teotihuacán, no haya hecho pensar que en el Valle de México debió haber existido, antes de los aztecas, un pueblo con una organización social y política suficientemente compleja para poder emprender obras como la construcción de esas pirámides. Creer que los aztecas inventaron la organización social y política que tenían en el momento de la Conquista, es olvidarse de la historia de Mesoamérica antes de que los aztecas aparecieran en el \^alle de México. Por último, la gran autoridad de Morgan, a fines del siglo pasado, y la inmensa erudición de su amigo y discípulo Bandelier, impusieron a la organización azteca los mismos principios que a la confederación iroquesa y pocos quisieron tomarse el trabajo de volver a estudiar un punto que parecía ya esclarecido, y discutir una teoría que parecía apoyada sobre tan formidable conjunto de citas, que agotaban prácticamente las informaciones que se tenían entonces sobre este asunto. Sin embargo, los hechos estaban allí y hablaban por sí mismos. No podía existir igualdad social si los  tlacatecuhtUs  mexicanos derivaban su poder del dios  Qíictzcíícoatí;  si la sociedad se dividía en nobles y plebeyos; si las tierras del  calpiíííi  eran comunales y las tierras de los piíÜ  eran de propiedad individual. 3 Scler, E. 1912. * Brincon. D. 1890.  32 MEMORIA DEL COLEGIO NACIONAL Por eso cuando Moreno'^ publicó su estudio sobre la organización azteca, se pudo comprobar que existía otra forma de interpretar, sin violentarlas, las informaciones que nos daban las fuentes españolas e indííjenas. Pero la tesis de Aloreno, publicada en una corta edición y en español, a pesar de su importancia, tuvo muy poca influencia entre los investigadores europeos y norteamericanos. En el punto concreto de la organización social que ahora nos ocupa: la tenencia de la tierra, para evitar las causas de error que hemos mencionado, advertimos que sólo vamos a ocupamos de la tenencia de la tierra entre los  tenochcas  y  tlatelolcas,  aun cuando haciendo referencia a otros estados indígenas cuando tenían la misma organización. No tomaremos, por supuesto, en consideración, la organización tribal de los  chíchÍ7necas  ni de otros nómadas. En segundo lugar, no nos referiremos a los aztecas cuando salieron de Aztlán y emprendieron su peregrinación, ni cuando se establecieron en otros puntos del Valle o cuando fundaron Tenochtitlan. Tampoco describiremos otros momentos de su vida poh'tica, como cuando reciben al primer rey de ascendencia tolteca,  Accnnapichtli, que funda la dinastía, o a los momentos anteriores a la derrota de Atzcapotzalco. La organización que nos interesa describir, es la que encontraron los conquistadores españoles, consecuencia de las reformas internas realizadas por  Itzcoatl  y afirmadas por los reyes que siguieron a éste, hasta llegar al poder semidivino de  Motecíihzonra  //yak nobleza palaciega de este monarca. Veremos, por el análisis de la tenencia de la tierra, una sociedad nniv compleja en la que existían, además de los plebeyos y los nobles, una clase media ya bien constituida; siervos que trabajaban las tierras de los nobles; trabajadores libres que alquilaban las tierras de los señores o alquilaban su trabajo, y esclavos que se empleaban en los quehaceres domcsricos, en labrar la tierra y en trabajos industriales. F^  decir que la sociedad azteca que encontraron los españoles era muy diferente de una sociedad tribal, en la que no existiera una estratificación social. 5 Moreno, M. 1931.
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