Avni, pagina 295 - Campus Virtual ORT

Please download to get full document.

View again

All materials on our website are shared by users. If you have any questions about copyright issues, please report us to resolve them. We are always happy to assist you.
 9
 
  Historia de la Inmigración judía a la Argentina Las primeras cinco décadas Introducción 1. El período 1492-1880: “La presencia…
Share
Transcript
Historia de la Inmigración judía a la Argentina Las primeras cinco décadas Introducción 1. El período 1492-1880: “La presencia judía desde el período colonial hasta la Organización Nacional Argentina”    La república naciente y los “no católicos” En tiempos de la organización nacional Los inicios de la comunidad judía organizada en el país 2. El período 1880-1896: “La construcción de los cimientos del judaísmo argentino”      El antisemitismo en Rusia y la emigración Una invitación al inmigrante judío La llegada del “Wesser” y la inmigración judía a la Argentina Argentina, “Tierra Prometida” La colectividad judía a fines del siglo XIX 3. El período 1896- 1914: “El desarrollo de la comunidad judía en la Argentina”      Un pueblo en marcha Las primeras restricciones La Inmigración agrícola La inmigración urbana Reacciones en torno a la presencia judía 4. El período 1914-1932: “La última oportunidad”        Una comunidad en tierra neutral El fin de la Primera Guerra Mundial y la situación del judaísmo europeo La Semana Trágica Argentina, un faro de libertad condicionada Disposiciones especiales para la inmigración judía La actividad de Soprotimis La inmigración en años de crisis 1 5. El período 1933-1939: “Las puertas están cerradas”  El ascenso del nazismo al poder       El desarrollo del antisemitismo en la década del ‘30 El desarrollo de la inmigración judía en la década del ´30 La reacción del judaísmo argentino El desarrollo comunitario en la década del ´30 Un año decisivo: 1938 La posición argentina ante la inminencia del conflicto bélico mundial Historia de la Inmigración judía a la Argentina Las primeras cinco décadas Introducción El siglo XIX, más allá de las significativas creaciones culturales y religiosas que en él se desarrollaron, fue un período en el cual la crisis por la subsistencia física y económica condujo a que la inmigración se convirtiera en la opción fundamental para el pueblo judío de Europa Oriental y de vastas regiones del Imperio Otomano. Aunque el cambio resultó dificultoso, la necesidad de supervivencia superó la nostalgia familiar y cultural, motivos frecuentes del fracaso de muchas migraciones. Millones de personas se desarraigaron de su lugar de origen en búsqueda de nuevos horizontes, de seguridad o en su aspiración de liberarse de la opresión que padecían. No solo los judíos comenzaron a emigrar en este período, sino infinidad de hombres y mujeres procedentes del continente europeo y asiático se trasladaron hacia nuevas regiones donde las condiciones económicas y sociales les eran favorables. Países relativamente nuevos, la República Argentina entre ellos, cobraron en el transcurso de ese movimiento su configuración demográfica contemporánea. 1. El período 1492-1880: “La presencia judía desde el período colonial hasta la Organización Nacional Argentina” La república naciente y los “no católicos” La historia de los judíos en América del Sur se remonta a la época de la conquista española del continente. 2 Conversos, hijos de conversos, marranos y descendientes de convictos de la Inquisición, llegaron en diferentes expediciones y se asentaron en los nuevos territorios buscando una solución a los problemas que Europa les planteaba. Durante la primera mitad del siglo XVII, con la conquista holandesa de Recife en el nordeste del Brasil se constituyeron las primeras comunidades abiertamente judías, que gozaron de plena libertad religiosa y organizativa. Pero el intento holandés fue breve y al reconquistar la corona española el territorio, los judíos buscaron refugio en otras regiones y llegaron hasta el Río de la Plata, donde trataron de mantener una identidad borrosa y diluida y en número significativo de casos vivieron bajo la pantalla de la conversión. Esta situación implicó que “el extranjero no católico” fuera fuertemente combatido en el territorio del Virreinato del Río de la Plata. Valga como ejemplo, que durante las invasiones inglesas, la proclama no fue solo apoyar el poder español sino también luchar contra los infieles, contra la existencia no católica en la Argentina. A partir de los acontecimientos de Mayo, se permitió el ingreso de extranjeros, pero tratando siempre de proteger el culto Católico Apostólico Romano de los habitantes ante la influencia de otros credos. A pesar de que la Asamblea del año 1813 abolió formalmente la Inquisición, años de predica antijudía dirigidos a una población atemorizada por el poder clerical surtieron su efecto y se enraizaron en la idiosincrasia de los habitantes. Si bien la Asamblea Constituyente aprobó además el derecho del no católico a ejercer su culto en forma privada, aún era improbable la abolición de la discriminación, la igualdad completa de todas las religiones ante la ley. Cuando el Libre Comercio en el puerto de Buenos Aires trajo consigo un número significativo de ingleses, se comenzaron a gestar cambios tendientes a una mayor libertad de culto y una mejor aceptación del no católico. En este sentido, en febrero de 1825 se concertó el “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación” entre Inglaterra y la Argentina, primer convenio internacional de importancia que firmaban las Provincias Unidas y que si bien contempló la libertad de culto a los súbditos protestantes, no significó una declaración de derecho a la libre existencia de todas las religiones en el país. De hecho, Buenos Aires fue la única provincia que adoptó la tolerancia como norma legal. Los elementos liberales de la provincia de Buenos Aires, en quienes se basaba la apertura comercial y colonizadora orientada hacia Europa y la tolerancia religiosa, eran los mismos que ambicionaban instituir en la Argentina un gobierno centralista con Buenos Aires a la cabeza. Sus rivales, que abogaban por una mayor independencia de las provincias y exigían más protección a los intereses de la producción y el comercio argentinos, luchaban también por la exclusividad de la religión católica. El fracaso de la política de Bernardino Rivadavia y los “unitarios”, que estuvieron en el gobierno en los años 18261827, y sus innovaciones liberales que no contaban con el apoyo popular en el interior, prepararon el terreno para la asunción del poder por sus opositores, encabezados por Don Juan Manuel Ortiz de Rosas, jefe de los “federales”. Paradójicamente, su régimen federal llevo a la consolidación de la unidad y la centralización del país, pues extendió su dominio desde Buenos Aires a la mayor parte de las provincias restantes. En materia de libertad de culto, su gobierno reflejó el dominio de la tradición reinante en las provincias del 3 interior, sintetizada en el lema “religión o muerte”. Con Rosas en el poder entre 1835 y 1852 y la Iglesia reconquistando su influencia desplazada se intentó retornar al pasado, pero ya la Argentina era vista desde Europa como un lugar propicio para el establecimiento gubernamental. de inmigrantes, aunque esta actividad no gozaba del apoyo En tiempos de la organización nacional El prolongado gobierno de Rosas provocó la fuga de un sector considerable de ilustrados liberales quienes desde el exilio conspiraban no solo para provocar la caída del régimen sino para echar las bases de la república liberal que entonces se gestaría. Los mas destacados entre ellos fueron Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi, quienes desde las páginas de sus textos “Facundo” y “Bases y puntos de partida para la organización política de la República” promovieron la inmigración como puntapié del triunfo de la “Civilización” contra la “Barbarie”, y reflejaron el ideario “Civilizar es poblar” pues atraer nuevos pobladores y en especial “centroeuropeos” equilibraría el gauchaje inculto al que consideraban que debían educar. El 1 de mayo de 1853 la “Asamblea Constituyente” sentó las bases de la organización nacional al sancionar la Constitución inspirada en la Carta Magna de los EEUU y en el proyecto de Alberdi. En su preámbulo se “invitaba a todos los hombres del mundo que quisieran habitar el suelo argentino” y se establecía la igualdad absoluta ante la ley y la justicia entre el extranjero, el habitante y el ciudadano, y el derecho de los no católicos de profesar su culto libremente. La constitución presentada fue aceptada y confirmada por todas las provincias de la Confederación Argentina; solo en 1859 y tras una lucha armada, Buenos Aires, la provincia mas grande y rica, se rindió y adoptó la constitución sancionada en todo el territorio de la República Argentina. Era la hora, entonces, de poner en práctica las resoluciones concernientes a la inmigración. En el año 1862 fue electo el primer presidente de la república unificada, el General Bartolomé Mitre, exponente de las fuerzas que promovían la inmigración “espontánea”. Durante su presidencia se exceptuó a los inmigrantes de impuesto aduanero a sus pertenencias, se ofrecieron tierras a bajos precios, entre otras medidas que no implicaban el compromiso del gobierno con convenios especiales. Ya en el gobierno del presidente Domingo Faustino Sarmiento, partidario de la inmigración “artificial” importada, se intentó promulgar una ley de inmigración pero sin éxito ya que la larga y sangrienta “Guerra con el Paraguay” y la presión de las fuerzas opositoras en el Congreso anularon los esfuerzos en ese sentido. Fue durante la presidencia de Nicolás Avellaneda que finalmente se sancionó el 19 de octubre de 1876 la ley Nº 817 “Ley de Inmigración y Colonización”, que permaneció en vigencia durante mas de setenta años, período en el cual se configuró la imagen del país. Básicamente la ley pretendía abarcar todo el camino del inmigrante desde el momento en que dejaba atrás su hogar en Europa hasta que se instalaba como agricultor independiente 4 en una de las regiones fronterizas del país. Contemplaba la creación de dos brazos ejecutores: el Departamento de Inmigración y la Oficina de Tierras y Colonias. El primero debía publicitar y organizar a los inmigrantes, instalar una red de agencias de inmigración en los países del viejo continente, constituir comisiones que se ocuparan de encauzar a los recién llegados, supervisar los barcos que transportaban inmigrantes, intervenir en su desembarco y ayudarlos en su absorción, entre otras funciones significativas. En definitiva, todo iba dirigido a lograr el objetivo de poblar el desierto estimulando la inmigración al amparo de la política gubernamental que la auspiciaba no solo por la vía legislativa sino también con recursos financieros y fundamentalmente con una actitud de puertas abiertas. Los inicios de la comunidad judía organizada en el país Los judíos, entre otros grupos, también se vieron atraídos al país por esta política y su número se incrementó paulatinamente. Por entonces no existía en la Argentina una comunidad judía organizada, aunque vivían en ella algunos judíos su número preciso se desconoce. Entre los mas destacados se encontraban Henry Hart, Alexander Bernheim y Ludwig Brie, oriundos de Europa occidental y central, quienes llegaron a la actividad comunitaria judía en una etapa tardía de sus vidas y en general se hallaban vinculados, dada su buena situación económica con marcos sociales no judíos como el Club de extranjeros o diferentes logias masónicas. Es indudable que el judaísmo argentino comenzó su existencia comunitaria solo cuando se estableció el marco de igualdad ante la ley en el país, hacia la segunda mitad del siglo XIX. Ya en 1860 se realizó, no sin inconvenientes, el primer casamiento judío, punto de partida para la existencia judía legal en el país y en 1862 la reunión del primer minian para las sagradas festividades de Rosh Hashana y Iom Kipur, la primera semilla para el surgimiento de un marco comunitario judío, la C.I.B.A., Congregación Israelita de Buenos Aires que mas tarde, en 1870, se convirtió en la C.I.R.A., “Congregación Israelita de la Republica Argentina”. En 1882, a pedido del presidente de la Congregación, el Gran Rabino del Consistorio Central de Francia designó a Henry Joseph como primer rabino de la República Argentina. La “Ley Avellaneda” fue pues promulgada en un momento de auge para los conceptos de libertad de conciencia y culto constituyendo el antecedente inmediato para el inicio de la consolidación del judaísmo argentino con la llegada de las corrientes migratorias provenientes de Europa. El período 1880-1896: “La construcción de los cimientos del judaísmo argentino” El antisemitismo en Rusia y la emigración 5 Los cuatro años que siguieron a la promulgación de la “Ley de Inmigración y Colonización” fueron decisivos para el país. La “Conquista del Desierto” que tuvo lugar en los años 1878 y 1879, colocó amplias extensiones de tierra a disposición del gobierno federal y elevó al estratega y ejecutor del operativo, el General Julio Argentino Roca a la Presidencia de la Nación en el año 1880. El gran momento para la ejecución de la política de población y colonización, delineada durante la presidencia de Avellaneda, había llegado. Era también el periodo en el cual se producían cambios significativos en la historia del pueblo judío. El 13 de marzo de 1881 era asesinado a manos de un grupo de revolucionarios el Zar Alejandro II de Rusia. Desviando a las masas de la verdadera causa del atentado, las terribles condiciones de explotación y opresión a las que estaban sometidas, el gobierno orientó la ira de la población hacia los judíos. A partir de ese momento una ola de violencia se extendió por el sur del país que se complementó con nuevas leyes discriminatorias, los “reglamentos provisionales” que permanecieron en vigencia hasta la revolución de 1917. Los estallidos de violencia y la legislación restrictiva agravaron hasta lo imposible la situación de por si difícil de los judíos tanto en lo político como en lo social, económico y espiritual. La confusión y la frustración condujeron a parte de la comunidad al movimiento de resurrección nacional, el Sionismo, que por entonces se desarrollaba en el Imperio o hacia los movimientos revolucionarios rusos que sostenían que solo el cambio radical del régimen podía traer el cambio en la situación de los judíos. La mayoría, aterrorizada por la coyuntura, optó por la emigración que había comenzado en pequeña escala en la segunda mitad de la década del setenta y ahora cobraba un nuevo impulso. Una invitación al inmigrante judío Los acontecimientos ocurridos en el sur de Rusia se difundieron rápidamente y la República Argentina adoptó la iniciativa de promover la inmigración de judíos al país. Prueba de ello fue el decreto emitido el 6 de agosto de 1881 suscripto por el Presidente Roca nombrando al ciudadano argentino José María Bustos, “Agente honorario en Europa con especial encargo de dirigir hacia la Argentina la emigración israelita iniciada actualmente en el Imperio Ruso”. La oposición a la política gubernamental no se hizo esperar. El diario en francés “L´union francaise” que aparecía en Buenos Aires publicó un violento ataque antisemita que entre otros conceptos mencionaba…”el judío pertenece a ese tipo de seres dañinos, siempre por instinto, por tendencia de raza…”, mientras que el periódico “La Nación”, dirigido por el opositor Bartolomé Mitre se refería en su famoso editorial “La inmigración israelita” contrario a la inmigración artificial, ya que iba contra las “leyes naturales del hombre y la sociedad”. Más allá de estas y otras voces en contra, la Argentina abrió sus puertas a la inmigración judía. La necesidad de emigración reforzó la búsqueda de destinos para el viaje, pero en la primera mitad de la década del ochenta, los exiliados judíos no habían descubierto la Republica Argentina, y el movimiento de emigración, que abarcaba a decena de miles de personas, desvió hacia las playas argentinas solo a unos pocos casos individuales. A partir 6 del año 1885 y hasta el fin de la década comenzó a incrementarse el numero de inmigrantes rusos; entre ellos, personalidades como los hermanos Julio y Max Popper y Aaron Pavlovsky y otros no tan notables, tratantes de blancas y traficantes que veían en un país como la Argentina, donde la inmigración traía hombres solos y llevando una vida precaria, un campo propicio para sus actividades. A causa de la lucha emprendida contra ellos y de su exclusión de todas las asociaciones comunitarias, los rufianes judíos, los “tmeim” o “impuros”, formaron una entidad propia denominada a partir de 1906 “Varsovia” que comenzó a actuar ya a fines del siglo XIX. Un giro decisivo se produjo en 1889 y se relacionó con los cambios introducidos por el gobierno argentino en su política de inmigración y colonización. En noviembre de 1886, durante la Presidencia de Miguel Juárez Celman, se reorganizó la representación argentina para la inmigración de Europa, poniendo el acento en la propaganda con un gran número de agentes y en la asignación de una partida de dinero para la financiación de los pasajes de los potenciales inmigrantes. Con estas medidas, durante la misión del Director del Departamento de Inmigración, el Sr. Samuel Navarro, se dio un impulso formidable a la inmigración “artificial”. Los primeros colonos judíos vinieron al país por decisión propia, aconsejados, probablemente, por agentes de inmigración argentinos y asesorados por la Alliance. Estas ocho familias de agricultores de Besarabia, que arribaron en octubre de 1888 se establecieron en los terrenos del Banco Colonizad
Related Search
We Need Your Support
Thank you for visiting our website and your interest in our free products and services. We are nonprofit website to share and download documents. To the running of this website, we need your help to support us.

Thanks to everyone for your continued support.

No, Thanks
SAVE OUR EARTH

We need your sign to support Project to invent "SMART AND CONTROLLABLE REFLECTIVE BALLOONS" to cover the Sun and Save Our Earth.

More details...

Sign Now!

We are very appreciated for your Prompt Action!

x